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Clima

La FAO subraya que el arbolado urbano actúa como regulador térmico al enfriar el aire y reducir el efecto de isla de calor en las ciudades

Por Luz Vaquero · 5 octubre, 2026 · 10:13 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La FAO subraya que el arbolado urbano actúa como regulador térmico al enfriar el aire y reducir el efecto de isla de calor en las ciudades
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En el contexto de las festividades correspondientes al Día Mundial del Hábitat, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha publicado un consistente aviso en torno al valor inconmensurable de los árboles para nuestros barrios para la supervivencia y el bienestar en nuestras ciudades. A través de sus canales oficiales de comunicación, la organización internacional ha puesto de relieve que un arbolado urbano representa un potente regulador de las temperaturas: enfría el aire y reduce la fatal y amenazante isla de calor que asfixia a nuestros grandes núcleos de población.

La regulación térmica y la resistencia al efecto isla de calor

Las grandes ciudades, en su inexorable expansión, se inundan de construcciones de hormigón y asfalto, lo que ha originado el conocido como «efecto isla de calor urbano» por parte de los climatólogos, el cual no es otra cosa que un fenómeno físico que atrapa la radiación solar e intensifica notablemente las temperaturas de ciertas zonas.

Como consecuencia de ello, en esta atmósfera, los árboles urbanos se convierten en aires acondicionados naturales, pues las sombras que proyectan de manera constante sobre el pavimento y el proceso biológico complejo que entraña la evapotranspiración pueden llegar a descender las temperaturas ambientales hasta los 15 °F durante las agobiantes y mareantes días de verano.

Esa capacidad de enfriamiento resulta esencial para ayudar a proteger a los vecinos y reducir la demanda de aires acondicionados artificiales que hacen colapsar la red eléctrica. Con la finalidad de maximizar este efecto termorregulador, los urbanistas deben incluir miles de acres de parques, plazas y corredores verdes.

Purificación del aire y secuestro de gases de efecto invernadero

La FAO, además de la necesaria función de refrigeración, incide en el papel de los árboles urbanos como filtros purificadores masivos y como mejoradores sustantivos de las cualidades del aire respirable. Las copas de los árboles y su denso follaje atrapan físicamente las peligrosas partículas finas que flotan en la atmósfera y absorben gases perjudiciales como el óxido de nitrógeno y el ozono troposférico que emanan de los tubos de escape.

Al limpiar activamente el medioambiente inmediato de estos contaminantes peligrosos, los espacios verdes contribuyen muy directamente a la disminución de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, sobre todo en la población que vive a pocos metros de zonas industriales o de carreteras con grandes volúmenes de tráfico.

Cuando se inscribe en el marco de la lucha contra el cambio climático por excelencia, el arbolado urbano es también un inmenso sumidero de carbono que queda mezclado capilarmente con el tejido urbano. A lo largo del proceso fotosintético diario, los árboles absorben CO2 y lo secuestran (lo almacenan en sus gruesos troncos, ramas y en el sistema de raíces a través de toda su vida útil).

Fomento de la biodiversidad y de los efectos socioeconómicos

La organización internacional también afirma que la introducción de árboles en un entorno muy urbanizado es fundamental para aumentar y mantener la biodiversidad urbana a largo plazo. Estos pequeños fragmentos de naturaleza entrelazados proporcionan un hábitat esencial y una fuente de alimento continua para grandes cantidades de aves endémicas, para los insectos polinizadores y para pequeños mamíferos que pronto serían desplazados por el avance cementado de la ciudad.

La experiencia cotidiana de interaccionar con esta magnífica red de vida silvestre tiene un efecto profundamente positivo en la salud integral de la gente. Muchos estudios documentan que vivir en las proximidades de los árboles tiende a reducir el estrés, aumentar la actividad cotidiana al aire libre y enriquecer de forma importantísima el bienestar mental de la población. Además, la FAO ha llegado a documentar que la existencia de un arbolado maduro, cuidado y bien mantenido puede incrementar considerablemente el valor de las propiedades (ya sean residenciales o comerciales).

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