El 2025 fue un año complicado para los recursos hídricos globales, marcado por extensas sequías, olas de calor extremas y muchos otros fenómenos que cambiaron de manera profunda el ciclo del agua. De acuerdo con un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), si la crisis climática mantiene en declive los sistemas de agua dulce, habrá graves consecuencias en el futuro, tanto para el medio ambiente como para los seres humanos.
Los sistemas de agua dulce en peligro
La crisis hídrica se convirtió en una de las problemáticas más preocupantes para las autoridades internacionales. Es que el retroceso en las acciones climáticas por parte de los países transformó algo que parecía ser propio de un destino distópico en una realidad alarmante. En este marco, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) pone el foco en los sistemas de agua dulce, que sufren una presión sin precedentes.
Durante los últimos años, los lagos, ríos, humedales, turbinas y manglares sufrieron una notable degradación a raíz del avance del calentamiento global y del descuido humano. Esto puso en jaque a una pieza clave de la cadena biológica universal, la cual alberga prácticamente el 10 % del total de las especies conocidas y brinda agua y abastece de agua potable a millones de personas.
Las autoridades internacionales consideran que la amenaza contra los sistemas de agua dulce también pone presión sobre miles de comunidades que dependen de estos ecosistemas para su subsistencia, por lo que instan a los países a tomar acción urgente. Sin embargo, destacaron que solo podrá haber un cambio con una agenda que ponga como prioridad a la crisis hídrica y deje de considerarla como un problema secundario.
Datos alarmantes sobre los recursos hídricos globales
Un reciente informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) brinda datos alarmantes sobre el estado de los recursos hídricos globales, poniendo el foco en los fenómenos extremos ocurridos durante los últimos 5 años. Según destacan los analistas, el 2025 fue el año más complicado para los ecosistemas fluviales, con cambios drásticos en su actividad e infraestructura a raíz de la crisis climática.
Las sequías, las olas de calor extremas y las inundaciones modificaron de manera profunda el ciclo del agua, volviéndolo más errático e impredecible, con fluctuaciones que van entre niveles de agua demasiado bajos y demasiado altos. En este marco, los ríos fueron los más afectados, ya que sufrieron en 2025 el año más seco en cuanto a caudal de los últimos 35 años.
También se registró la continuación del declive a largo plazo de las reservas de agua dulce de la Tierra y del retroceso de glaciares, lo que representa un riesgo para el futuro del planeta, la seguridad alimentaria de las personas y su desarrollo económico. Teniendo en cuenta estos datos, la preocupación principal está puesta en las reservas de agua terrestre, que han mostrado una tendencia a la baja desde 2014 y nunca más volvieron a la normalidad.
La OMM en su informe destaca que estas reservas siempre han funcionado como un banco de ahorros del planeta, un respaldo que permitía amortiguar los años de escasez hídrica. Gracias a ello, una sequía o dos durante una temporada seca no representaba un verdadero peligro para el mundo, pero este nuevo escenario crea un panorama más preocupante.
Alerta por la llegada de El Niño
La llegada de El Niño representa para los recursos hídricos globales otra grave amenaza, según los expertos. Es que este fenómeno trae aparejados notables cambios en los patrones climáticos de todo el planeta, con sequías mucho más extensas, olas de calor extremas e inundaciones más grandes. Frente a ello, el PMA recomienda inversiones preventivas y estrategias conjuntas para mitigar las consecuencias de este evento, que promete ser el más fuerte en años.
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