El organismo internacional dio a conocer recientemente su estrategia para garantizar que los países con menores recursos cuenten con respaldo financiero para iniciar su proceso de descarbonización y renovación de las redes de transmisión eléctrica. Desde un enfoque equitativo, la ONU apostó por el esfuerzo conjunto para lograr una transición energética ordenada y que no excluya a ninguna nación.
La urgencia de consolidar un sistema energético seguro y libre de contaminación
El acelerado progreso tecnológico impulsa la demanda de consumo eléctrico en grandes y pequeñas ciudades de todo el mundo, que atraviesan un proceso de electrificación. Sin embargo, las condiciones antiguas y la reducida capacidad de la infraestructura actual propician la sobrecarga de un sistema que no está listo para amoldarse a la nueva era tech.
A esta situación se suma otro factor: el carácter contaminante de las centrales tradicionales, que continúan operando a base de carbón y gas para producir el suministro, lo que genera gases tóxicos que agravan el daño ambiental. En estas circunstancias, las energías renovables cobraron relevancia por su capacidad para generar electricidad a partir de fuentes limpias, como el viento o los rayos solares.
Aunque se trata de un sector que resiste, desde hace décadas, a la hegemonía de los combustibles fósiles, de cara a las nuevas demandas, estas alternativas son clave para abastecer a un sistema electrodependiente a un bajo costo ambiental. Sin embargo, la falta de infraestructura de transmisión también pone en riesgo su aprovechamiento. Consciente de este desafío, la ONU impulsa una nueva iniciativa: el Acelerador Global de Redes.
Se trata de un programa pensado para facilitar el encuentro entre inversionistas y líderes gubernamentales interesados en modernizar el sistema eléctrico para incluir fuentes renovables que multipliquen la capacidad de generación, a la vez que disminuyan las emisiones contaminantes. «Las energías limpias están en auge, pero las redes que transportan energía limpia no están a la altura, y son la clave para la transición», explicó el secretario general António Guterres.
De esta manera, el organismo espera prevenir cuellos de botella que desaceleren el avance de las renovables, sobre todo en los países que se encuentran en vías de desarrollo, cuyo presupuesto no alcanza para afrontar estos proyectos. «Una barrera clave a superar es la de convertir los planes energéticos a largo plazo en proyectos de inversión y conectarlos con financiación asequible y capacidad de ejecución», afirmaron desde SEforALL.
La propuesta de la ONU
En concreto, el Acelerador Global de Redes tiene como objetivo conseguir inversiones para dos regiones que necesitan acelerar la incorporación de alternativas limpias: África y el Sudeste Asiático. Según explicaron, no se trata de un fondo ni de un programa de créditos, sino que es una plataforma de reunión que busca conectar a los países con los socios adecuados para conseguir financiamiento.
Teniendo en cuenta que «más de 2500 GW de energía limpia se encuentran paralizados» y que, según la AIE, para 2040 «será necesario añadir o modernizar más de 80 millones de km en redes», la ONU espera reducir la brecha entre el potencial de las renovables y la infraestructura con la interconexión de mercados regionales de energía en África y el desarrollo de redes de transmisión en Asia, para integrar parques solares y eólicos a las redes nacionales y subcontinentales.
La participación de la ASEAN
Cabe destacar que el proyecto también involucrará a la ASEAN para llevar a cabo el trabajo en el Sudeste Asiático. Al respecto, el gobierno de Singapur, próximo líder de la entidad a partir de 2027, remarcó su compromiso de cooperar con los demás integrantes para conducir a la región hacia un futuro de bajas emisiones y facilitar el comercio transfronterizo de electricidad.
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