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Economía

El PNUD y la FAO promueven soluciones conjuntas para consolidar la sostenibilidad agrícola y la seguridad alimentaria

Por Luz Vaquero · 16 octubre, 2026 · 1:05 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El PNUD y la FAO promueven soluciones conjuntas para consolidar la sostenibilidad agrícola y la seguridad alimentaria
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Lo cierto es que a la gran mayoría de las personas, cuando se les habla de innovación, la imagen mental que se desencadena inmediatamente es el desarrollo de una nueva tecnología o de alguna herramienta digital puntera. En el contexto del Día Mundial de la Alimentación, bajo el lema de «Innovar hoy, nutrir el mañana», las Naciones Unidas apuntan que las innovaciones más importantes no son aquellas relacionadas con tecnología, sino con la forma en que colaboramos. En este sentido, el programa SCALA, impulsado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se ha puesto en marcha en más de 20 países desde 2020 para abordar la implementación de soluciones transformativas de biodiversidad que fortalezcan la agricultura.

La fragilidad de las conquistas y las crecientes amenazas del cambio climático

El último estudio relativo a la situación de la seguridad alimentaria pone algunos motivos de esperanza en la mesa, pues en 2025, por tercer año consecutivo, la hambruna en el mundo se redujo, cifra que se refiere a hasta 43 millones de personas que sufren de hambre en comparación con la cifra histórica del año 2022. No obstante, este progreso es muy frágil y reducido y no satisface las demandas reales.

En la actualidad, al día de hoy, 645 millones de personas viven en el día a día de la lucha por su alimentación mientras que 2700 millones de personas no pueden financiar de forma sostenida una alimentación saludable para mantener su pleno desarrollo humano. La actual crisis de hambre va muy ligada al cambio climático y al incremento del proceso de desertificación de los suelos. El 2026 refleja un fuerte ciclo del fenómeno El Niño, con señales de alarma como las mortales sequías en el Cuerno de África o las graves inundaciones en Nepal.

Alianzas estratégicas y empoderar a los productores

Para construir una capacidad de adaptación a largo plazo, el programa SCALA une las amplias redes de ambas agencias de la ONU para poner en común los compromisos climáticos con las políticas más adecuadas para asegurar la inversión necesaria. Como la propia experiencia ha demostrado con toda rotundidad, los cambios estructurales profundos en la mayoría de las ocasiones no ocurren únicamente desde un único nivel institucional, por lo que los esfuerzos se orientan a establecer conexiones y a empoderar a los actores significativos a lo largo de todo el proceso, reuniéndolos en torno a una misma mesa, tanto a las administraciones públicas como las comunidades rurales organizadas, técnicos e investigadores de África, Asia y América Latina.

Un ejemplo exitoso de esta manera de intervenir en las cadenas agroalimentarias tiene lugar en Costa de Marfil, donde SCALA impulsa un seminario agroforestal con el objetivo de ayudar a los agricultores a llevar a cabo las técnicas necesarias para producir y generar ingresos sostenibles. En dicho país, donde las mujeres sólo poseen menos del 15 % de las tierras agrícolas, las productoras de yuca empezaron a cultivar árboles maderables al lado de sus cultivos tradicionales.

El rescate del saber ancestral tradicional 

En Colombia, la innovación se presentó en la adopción de una fuerte recuperación del conocimiento tradicional con el objetivo de dar vida a las políticas públicas. Cuando el gobierno nacional trató de introducir el Plan de Gestión del Cambio para el Sector Agropecuario en las instalaciones locales, SCALA estableció cuatro comunidades laboratorio de la acción climática, que hicieron posible la conversación con las localidades indígenas y los grupos comunitarios que dieron la posibilidad de recuperar e integrar 15 prácticas agrícolas tradicionales.

Un gran caso es la recuperación del cultivo de frijol guajiro por las comunidades Wayúu, que mantienen y utilizan técnicas de retención de humedad tradicionales, soportando una alta aridez de las zonas.

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