Un terreno abandonado y cubierto de escombros terminó transformándose en un lugar lleno de vida.
Una mina en el norte de Portugal dejó un terreno lleno de cráteres y caminos.
Cuando cerró, nadie imaginó que ese espacio pudiera recuperarse.
Pero un equipo vio una oportunidad y decidió ayudar a la naturaleza a hacer su trabajo, utilizando el agua que ya se acumulaba en el terreno y mucha paciencia.
¿Qué encontraron los científicos en ese lugar años después?
Cómo una mina se convirtió en un caso de estudio
Al norte de Portugal, en el corazón del valle de Côa, existió una mina que durante décadas fue utilizada para la extracción de estaño, arena y volframio.
La actividad continuó hasta el año 2010.
Lo que quedó no fue muy alentador: 300 hectáreas de terreno completamente transformadas por la maquinaria pesada.
Había pozos profundos, pendientes y canales artificiales de drenaje que atravesaban distintos puntos del lugar.
A pesar de todo eso, el agua empezó a acumularse de forma natural en las zonas más bajas.
Fue entonces cuando un equipo decidió intervenir, convencido de que el lugar todavía podía recuperarse.
El trabajo que transformó el paisaje de la mina
El equipo comenzó a trabajar directamente sobre el terreno dañado.
Suavizaron algunos bordes y modificaron canales que hacían que el agua abandonara rápidamente la zona.
También retiraron árboles no nativos que crecían alrededor, dejando espacio para que la vegetación original pudiera recuperarse con menos competencia.
Gracias a estas intervenciones, el agua comenzó a permanecer durante más tiempo en el terreno.
Poco a poco tomó forma una extensa red de lagos, estanques y humedales dentro de las 300 hectáreas.
Según documentó Rewilding Europe, la organización detrás del proyecto, la recuperación del agua y la vegetación empezó a crear mejores condiciones para el regreso de la fauna.
Con el paso del tiempo, esta red de humedales se convirtió en un refugio para distintas especies nativas.
Lo que había quedado como un suelo lleno de cicatrices por la explotación minera empezó a cambiar poco a poco.
Y los estudios realizados después mostraron hasta dónde había llegado esa transformación.
La revelación de los estudios sobre el nuevo ecosistema
Los especialistas comenzaron a estudiar con detalle la vida vegetal y animal que había aparecido en el lugar.
Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.
Solo en el análisis de plantas acuáticas, los expertos identificaron 94 especies diferentes repartidas entre orillas arenosas y zonas inundadas.
Entre ellas apareció una planta carnívora especialmente sensible a la calidad del agua y poco habitual en el interior de Portugal.
Las pruebas de ADN ambiental también confirmaron la presencia de más de 200 especies en el lugar, entre distintos grupos de animales y plantas.
Los investigadores consideran que estos resultados son apenas un punto de partida para poder comparar cómo cambia el ecosistema con el paso de los años.
Además, distintas aves comenzaron a utilizar estos nuevos humedales, entre ellas cigüeñas negras, aguiluchos laguneros y espátulas.
La recuperación del lugar también despertó interés por conocer de cerca el proceso y observar la fauna que fue regresando
El caso de esta antigua mina muestra que incluso un paisaje muy alterado puede empezar a recuperarse cuando vuelven a existir las condiciones adecuadas.
No ocurrió de un día para otro ni fue cuestión de dejar el terreno abandonado y esperar.
Hubo que trabajar para que el agua permaneciera allí y darle espacio a la vegetación para regresar.
El proceso todavía continúa.
Pero donde antes había una mina llena de pozos y caminos, hoy hay humedales donde nuevamente crecen plantas y aparecen animales.
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