El debate mundial acerca de la explotación y conservación de los recursos del mar está en proceso de cambiar el paradigma y pasar a hablar de la economía azul regenerativa, concepto que va más allá de las metas de la sostenibilidad convencional y estándar. Hasta hace un tiempo, los esfuerzos estaban centrados en disminuir los efectos y la velocidad del deterioro del medio ambiente, pero las nuevas guías exigen que las industrias en el océano pasen a actuar restaurando ecosistemas, recuperando poblaciones de peces y restituyendo a las poblaciones litorales.
Fuerzas geopolíticas y marcos regulatorios transfronterizos
La inclusión del espacio oceánico en las agendas priorizadas de los ministerios de la energía, de la defensa y de las relaciones exteriores es uno de los factores que propician el lugar en el que la transición regenerativa se pone el acelerador automático.
En Europa y Asia, las preocupaciones urgentes sobre la seguridad energética están proyectando la construcción masiva de infraestructuras renovables de forma acelerada, mucho más que lo que las políticas climáticas aisladas habrían conseguido. Por otra parte, el deshielo acelerado del Ártico está reconfigurando las rutas del comercio marítimo y sus nuevos escenarios de competencia estratégica de las grandes potencias.
En el ámbito institucional internacional, la gobernanza biológica se sostiene al ratificarse el acuerdo bajo la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en áreas más allá de la jurisdicción territorial. Del mismo modo, el tratado de la Organización Mundial del Comercio sobre subsidios a la pesca establece jurisprudencia vinculante cuando prohíbe de forma tajante cualquier incentivo económico vinculado con la pesca ilegal y la explotación de poblaciones.
Democratización tecnológica y el auge del financiamiento combinado
La drástica bajada de los costos de las tecnologías de observación y vigilancia de costas cambia las posibilidades de fiscalización de las comunidades vulnerables. Herramientas avanzadas que antaño estaban muy limitadas a las grandes corporaciones industriales (tales como la vigilancia por satélite de embarcaciones, la vigilancia con drones, los análisis de ADN ambiental y el análisis de las pesquerías con inteligencia artificial) están siendo de ahora en adelante utilizadas por operadores locales.
Esta facilitación técnica permite a los vigilantes comunitarios aislados de los archipiélagos documentar la pesca ilegal con una precisión similar a la ofrecida por las guardias nacionales de las costas, y la inclusión de cadenas de frío solares, de barcos eléctricos, hace más rentables a las aldeas pesqueras.
Al mismo tiempo, el marco financiero va empezando a diversificar los instrumentos con los que canalizar fondos a destinos de restauración que no han podido dar resultados económicamente satisfactorios hasta ahora. El mercado de los bonos azules va caminando por un proceso de maduración técnica, los intercambios de deudas por naturaleza permiten a los estados costeros redirigir flujos económicos hacia la conservación de la costa y las estructuras de financiamiento combinado logran atraer capital privado al poner a disposición de la inversión ecológica un menor riesgo.
Tensiones multilaterales y resistencia a la descarbonización naviera
Los vientos en contra que sufre la economía azul regenerativa son fuertes: se encuentran ante una evidente disminución del grado de cooperación internacional en un momento ecológico muy crítico. El descontento político que existe entre algunas potencias del mundo occidental respecto a las regulaciones medioambientales significa que los marcos de normas en cuya base está la transición quedarán debilitados, además de generar presiones activas a lo largo de la Organización Marítima Internacional que generan la posibilidad de descarrilar los trabajos de descarbonización de la industria marítima.
Las medidas unilaterales para la explotación minera del fondo del mar pueden romper, al mismo tiempo, a las coaliciones multilaterales que están destinadas a proteger las comunidades de los ecosistemas de las profundidades.
