Mientras todos se quejan del alto precio de la gasolina, hay un problema serio que pasa desapercibido debajo del agua.
Hay más de 1500 buques detenidos en las cálidas aguas del estrecho de Ormuz desde hace semanas.
Como no se mueven, la parte de los barcos que está debajo del agua se ha llenado de muchas plantas y animales del mar.
¿Qué pasará con la naturaleza cuando estos barcos vuelvan a navegar y transporten estas especies a otros mares?
El mayor atasco marítimo puede estar creciendo por debajo del agua
Cuando un barco navega a velocidad constante, el agua y las pinturas especiales de su casco evitan que la vida marina se establezca.
Pero cuando el barco se detiene durante semanas o meses, la situación es muy diferente.
En el estrecho de Ormuz, los barcos que transportan gas y petróleo, y también los que llevan mercancías en contenedores, están siendo afectados por el embotellamiento marítimo.
Sin moverse, las partes metálicas bajo el agua comienzan a cubrirse rápidamente de organismos marinos.
Al principio, se forma una capa de bacterias que no se ve, pero pronto atrae a algas, percebes, mejillones y otros animales marinos sin esqueleto.
Los barcos que permanecen quietos en aguas cálidas se están convirtiendo, sin querer, en un hábitat ideal para comunidades enteras de vida marina que podrían viajar a nuevos lugares cuando las embarcaciones vuelvan a navegar.
Permanecer meses detenido cambia completamente lo que puede adherirse a un buque
El proceso de colonización se llama biofoulingo incrustación biológica.
Normalmente, cuando un barco está en puerto solo unos pocos días, los organismos no tienen tiempo de adherirse antes de que la embarcación vuelva a salir.
Pero cuando el barco permanece detenido durante meses, la situación cambia por completo.
Un estudio internacional dirigido por científicos de la Universidad de Maryland y publicado en la revista Springer Nature muestra que, cuando hay muchos barcos detenidos durante un período muy largo, sucede algo nuevo.
Se desarrollan comunidades maduras de organismos. Estos no solo se adhieren al casco, sino que también completan su ciclo de vida y se reproducen directamente sobre él.
Hay mayor resistencia al viaje, ya que las colonias forman capas gruesas y consolidadas que resisten mejor la fuerza del agua cuando el buque vuelve a navegar.
Además, miles de especies que viven en aguas cálidas podrían ser liberadas al mismo tiempo en varios puertos de destino.
El riesgo global comenzará cuando los barcos vuelvan a moverse
El verdadero peligro para la naturaleza surge cuando los barcos se ponen en marcha de nuevo y viajan a lugares como Asia, Europa o América.
En ese momento, estos barcos pueden dejar larvas o restos de colonias marinas en el agua cuando llegan a su destino.
Esto es un problema porque, en algunos casos, esas larvas pueden llegar a ecosistemas donde tienen pocos depredadores o controles naturales.
Los científicos están hablando de una amenaza muy grande que debemos tomar en serio.
No dicen que ya esté sucediendo, pero sí que es algo que puede pasar si no hacemos nada.
Para evitar que esto cause problemas graves en la pesca y la acuicultura, los puertos deben actuar rápido.
Pueden usar robots submarinos para inspeccionar los barcos, hacer que limpien los cascos y vigilar las áreas de mayor riesgo.
Lo que pasó en el estrecho de Ormuz muestra que los conflictos geopolíticos pueden tener efectos más allá de la economía.
Mientras los mercados financieros esperan que se reactive el comercio, el océano se enfrenta a un desafío ambiental muy grande.
La manera en que las autoridades internacionales revisen los más de 1500 barcos será clave para reducir el riesgo de que este parón pase de ser un problema comercial a convertirse en una posible crisis ecológica que afecte la vida marina durante décadas.
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