Las fuentes renovables se consolidan como una herramienta clave para la seguridad energética global en medio del complicado contexto geopolítico actual, marcado por la crisis del petróleo. En este último tiempo, hubo un notable cambio en el consumo de electricidad en los hogares y en el mundo en general, lo que será clave para alcanzar la tan ansiada transición energética, según el Foro Económico Mundial (FEM).
Las consecuencias de la guerra en Oriente Medio
La guerra en Oriente Medio entre Estados Unidos e Irán provocó una crisis energética sin precedentes a nivel global, lo que derivó en un indiscriminado aumento del petróleo y del gas. Se trata de un escenario similar al que se vivió 4 años antes con la invasión rusa en Ucrania, por lo que podríamos decir que el mundo viene de dos crisis que cambiaron por completo el consumo energético global.
El aumento desorbitado de la energía a raíz de estos factores convirtió actividades cotidianas, como cocinar o climatizar el hogar, en un dilema para la economía familiar. Lo mismo ocurrió con la movilidad vehicular, llevando a muchas personas a dejar los automóviles en sus hogares y tomar el transporte público. Incluso muchos de ellos decidieron ir más allá y optaron por los coches eléctricos, que se convirtieron en una gran opción frente a la crisis.
En este marco, las fuentes renovables ganaron gran protagonismo, consolidándose como una alternativa más económica y segura para los consumidores. Según el Foro Económico Mundial, la integración de estos sistemas a la vida diaria de las personas funcionará como el puntapié inicial para lograr la transición energética, que a su vez permitirá alcanzar los objetivos climáticos establecidos para el 2030.
Cambio de paradigma
El FEM destaca que la electrificación del transporte, los edificios y la industria crea una nueva demanda de energía limpia, lo que impulsará también una mayor inversión en generación renovable. Esto, sumado a la integración de tecnologías avanzadas, como las baterías y sistemas de gestión flexible, permite también una mayor capacidad de uso, permitiendo más consumo al menor precio.
Para el Foro, este cambio de paradigma es la base de la siguiente fase de transición energética, donde el protagonista son los consumidores. La instalación de paneles solares, los sistemas de climatización eléctricos, electrodomésticos de menor consumo y la integración de las baterías en los hogares aumentará la demanda de energía limpia y, por ende, las inversiones para la expansión de su infraestructura.
En esa línea, consideran que los consumidores hoy en día ya son considerados inversores en la transición hacia energías limpias. Los datos publicados por el FEM demuestran que en 2024, los hogares invirtieron US$332 mil millones en vehículos eléctricos, bombas de calor, electrodomésticos eficientes, paneles solares y muchas otras tecnologías domésticas bajas en carbono.
Otro dato clave del informe es que los hogares dejaron de ser lugares donde se consume energía y se convirtieron en fuentes de electricidad gracias a las fuentes solares. La generación particular es una pieza clave para garantizar la estabilidad de la red eléctrica general, lo que se traduce en tarifas más flexibles y más seguridad energética. Incluso, en algunos mercados se puede vender esa electricidad generada.
El próximo paso
Desde el FEM advirtieron que el próximo paso para alcanzar la transición energética es modernizar y digitalizar las redes eléctricas, además de adaptar la normativa vigente. Si la política energética se centrara en la electrificación y en el consumidor, habría una adopción mucho más masiva de los sistemas limpios. De esta forma, la transición energética no solo sería ofrecida a los consumidores, sino que sería impulsada por ellos, acelerando la reducción de emisiones y el cumplimiento de los objetivos climáticos para el 2030.
¿Te ha servido este artículo?
Recibe cada semana lo que de verdad importa
Análisis de energía, clima y naturaleza en tu correo. Gratis y sin spam.



