El avance hacia el suministro de energías limpias, combustibles y materiales de origen renovable se está produciendo de una forma extraordinariamente rápida, aunque con todo tipo de alteraciones en las políticas, condiciones económicas y progresos tecnológicos que generan mucha incertidumbre respecto a sus proyecciones futuras. A pesar de este entorno de crecimiento acelerado, existen vulnerabilidades realmente severas en los mercados de tecnologías energéticas. Según el rumbo que marquen las políticas gubernamentales con sus respectivas características de liberalización, el valor de ese mercado podría crecer a paralelismos alrededor de los US$2 billones en 2035 o incluso llevar la cifra hasta casi los US$3 billones.
1. La notable concentración y los eslabones débiles de la cadena
El éxito meteórico de las tecnologías limpias, sin embargo, ha estado basado en el abaratamiento masivo de estas (por ejemplo, el precio de las baterías de iones de litio ha caído un 75 % en la última década, lo cual ha estimulado enormemente las ventas de automóviles eléctricos). Pero un nuevo análisis pone de manifiesto que la concentración en las cadenas de abastecimiento de la electricidad limpia sigue siendo una fuente enorme de vulnerabilidad.
Cada una de las cadenas de abastecimiento claves que fueron analizadas contiene al menos un paso donde menos de una cuarta parte de la demanda fuera de China podría ser satisfecha con abastecimiento proveniente fuera de China. Este hecho plantea unos riesgos estructurales muy serios para la resiliencia de la cadena de suministro entera. Las enormes fortalezas de fabricación de China significan que el país representa actualmente entre un 60 % y un 85 % de la capacidad de producción para las cadenas de suministro clave. Aún más alarmante es el hecho de que, para ciertos pasos de la producción, la capacidad china supera el 95 % de la capacidad global.
2. El catastrófico costo monetario de una interrupción comercial
El impacto monetario de una interrupción productiva sería diferenciado a lo largo de toda la cadena de suministro y tecnología, pero las cifras son numéricamente sobrecogedoras. Según las proyecciones, cada mes de interrupción en las exportaciones de la cadena de suministro de baterías procedentes de China provocaría una pérdida estimada en la producción de US$17 000 millones para las fábricas de automóviles eléctricos ubicadas en otros lugares del mundo. En este sentido, si esto es así, las instalaciones automotrices de la Unión Europea representarían una parte cuantitativamente muy importante, más de la mitad de la pérdida económica total.
Por su parte, el mercado de la energía solar se enfrenta también a un peligro similar. Cada mes de interrupción de las exportaciones chinas de componentes de la cadena de suministro solar significaría que las instalaciones de producción de módulos fotovoltaicos ubicados fuera de China perderían una producción de unos US$1000 millones. Más de un 40 % de esta producción afectada se encontraría en el sudeste asiático y en la India.
3. Las tarifas y una forzada reconfiguración del mercado
Frente a estas vulnerabilidades, muchos gobiernos han ido adoptando una posición cada vez más defensiva respecto al comercio de tecnologías limpias, escudándose a su vez de la competencia de las industrias locales y de prácticas desleales que supuestamente puedan darse. A pesar del aumento de tarifas arancelarias muy altas en 2025, estas únicamente incidieron en el 15 % de las importaciones brutas mundiales de tecnologías limpias.
Las políticas comerciales e industriales de oposición a China han hecho que el país de las mil maravillas redireccione sus exportaciones de coches eléctricos hacia nuevos mercados emergentes. Concretamente, en los países de América Central y del Sur se estima que para 2035 los coches eléctricos procedentes de China puedan alcanzar un porcentaje medio de las ventas en el orden del 50 %. A la vez, las políticas industriales de India están fomentando su producción; de hecho, el país pasará de representar un 3 % de la producción global en 2024 a más del 10 % en 2035.
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