Uno de los escenarios que más escandalizan a la población es el repentino fallo de los sistemas digitales de los que dependemos para las tareas que realizamos en el día con día; sea un desastre natural, fallos en las infraestructuras principales e incluso una interdependencia sistémica, un escenario plausible para el que los gobiernos actuales no están preparados para afrontar. Es por ello que la UNDRR y la UIT han desarrollado un informe que advierte del enorme riesgo que tendría una tormenta solar y sus temibles consecuencias.
La dependencia en la nueva era
A diferencia de los desastres naturales como las inundaciones, terremotos o explosiones volcánicas, un fallo digital masivo puede suceder en cualquier momento sin ningún tipo de aviso; simplemente los equipos y sistemas dejan de funcionar. Es poco probable que estos fallos queden aislados, dado que «el 89 % de las interrupciones digitales causadas por amenazas naturales se deben a efectos secundarios en cascada y no al daño físico inicial».
Dando como resultado un aumento hasta diez veces mayor al número de afectados que los expuestos al evento original, y esto es causado por la dependencia ingresada por la sociedad moderna hacia los sistemas digitales que abarcan las finanzas, los sistemas de salud, de emergencia, de transporte y energía, que se encuentran interconectados.
Por ello, la pérdida de las capacidades analógicas y manuales que en la actualidad han desaparecido o simplemente ya no se llevan a la práctica sería un gran problema si ocurre un fallo masivo de los sistemas, ya que los protocolos manuales no podrían ser llevados a cabo con eficiencia.
Los daños que podría ocasionar una tormenta solar
Entre los escenarios hipotéticos hay varios escenarios posibles que intervienen en la caída de las redes eléctricas como una tormenta solar: una eyección masiva de masa coronal podría inutilizar los sistemas de navegación por satélite (GNSS) e inducir corrientes que podrían dañar transformadores de alta tensión; desincronizaría los satélites cortando la conexión o una ola de calor masiva podría afectar la refrigeración de los sistemas, interrumpiendo el acceso a los servidores.
Como estos ejemplos tan extremistas, también se puede contar con la misma fragilidad y limitación de las interconexiones, tal como los cables submarinos que transmiten más del 99 % del tráfico internacional de internet.
Es decir, la ruptura de cables clave por eventos de actividad marina, sísmicos o volcánicos dejaría a regiones enteras aisladas y las reparaciones pueden demorarse semanas o meses debido a la escasez de buques especializados, paralizando el comercio, la banca y el acceso a datos en la nube.
Un paso hacia el fortalecimiento global
Los imprevistos y las emergencias en algunas ocasiones simplemente no se pueden evitar, pero se pueden afrontar; es por ello que se recomienda evaluar dependencias intersectoriales y modelar reacciones en cadena, transformando la comprensión de riesgo y la coordinación internacional, estableciendo normas internacionales de resiliencia e incentivando capacidades de respaldo analógico, actualizando los marcos de gestión para incluir los fallos digitales no intencionales dentro de los planes de desastre.
Por otra parte, se hace énfasis en realizar conjuntos de planificación de escenarios y en proteger infraestructuras clave como el clima espacial, satélites, cables submarinos y centros de datos, garantizando las capacidades de respaldo y limitando la propagación del impacto frente a eventos imprevistos.
Dicha estrategia está centrada en incrementar la resiliencia social y generar confianza y gobernanza colectiva, ensayando y preservando periódicamente las habilidades manuales para que la población e instituciones se mantengan operativas cuando lo digital falle. De la misma forma, se debe fomentar la concientización y colaboración entre sectores públicos, ya que así, en medio de una alerta, se pueden tomar acciones tempranas y eficientes.
Los sistemas digitales son muy importantes en la actualidad, puesto que son indispensables, de una forma en la que se olvida que en cualquier momento puede ocurrir una eventualidad que logre convertir los escenarios hipotéticos en una realidad, y es ahí cuando surge la duda de si realmente la humanidad está preparada para una contingencia de esta magnitud.
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