Una planta en Tennessee comenzó a transformar residuos de la producción de whisky en gas natural renovable.
La idea era aprovechar un material que ya existía y convertirlo en una nueva fuente de energía.
Pero cuando la planta comenzó a ponerse en funcionamiento, algunos vecinos de Lynchburg empezaron a notar algo bastante difícil de ignorar.
Un fuerte olor llegó hasta diferentes zonas de la comunidad.
Las quejas aumentaron y la propia empresa terminó explicando qué creía que estaba ocurriendo y qué había hecho para intentar solucionarlo.
Pero ¿de dónde salía ese olor?
Qué pretendía hacer la planta con los residuos del whisky
Todo comenzó cuando la compañía 3 Rivers Energy Partners propuso aprovechar subproductos líquidos de la producción de whisky de Jack Daniel’s.
El plan era tratarlos en una planta mediante un proceso de digestión anaerobia para producir biogás.
Luego, ese biogás se acondicionaría hasta obtener gas natural renovable que pudiera enviarse a la red local.
La idea también era producir un material que pudiera destinarse a usos agrícolas.
Además, disponer de una fuente local de gas ayudaría a reducir los problemas cuando el suministro convencional estuviera limitado.
El condado también recibiría ingresos por impuestos.
Se generaría energía y se aprovecharía un material que ya salía de la producción de whisky, entonces ¿qué podía fallar?
El problema apareció mientras la planta comenzaba a ponerse en funcionamiento.
En diciembre de 2025, algunos residentes empezaron a denunciar un olor intenso en diferentes zonas de Lynchburg.
Y cuando las quejas llegaron hasta la comisión local, representantes de la empresa tuvieron que explicar qué creían que estaba ocurriendo.
De dónde salía el mal olor en la planta y qué hicieron para arreglarlo
Según explicó la empresa, el problema no venía de los tanques principales donde se genera el biogás.
Venía de un depósito que utilizaban para recibir y almacenar temporalmente el material antes de procesarlo.
Había un detalle importante.
Era el único tanque de la instalación que estaba abierto a la atmósfera.
Como la planta recién estaba comenzando a funcionar con el aval del USDA, el material permaneció allí más tiempo de lo previsto.
Ese tiempo adicional permitió que comenzara un proceso de descomposición que, según la compañía, produjo los fuertes olores.
Para solucionar el problema, la empresa vació completamente el tanque y comenzó nuevamente con material fresco.
También redujo la cantidad de líquido almacenado y el tiempo que permanecía allí.
Pero esas no fueron las únicas medidas.
Había que encontrar una manera de controlar también los vapores que podían salir del tanque.
Lo que cambió la empresa después de las quejas
3 Rivers Energy Partners explicó que añadió un producto diseñado para inmovilizar compuestos de azufre.
También instaló un soplador conectado a un sistema de carbón activado para capturar y tratar los vapores procedentes del tanque.
La empresa aseguró además que la instalación estaba cumpliendo con su permiso estatal de aire.
Sin embargo, hay un detalle importante.
La explicación sobre la causa concreta del olor y las medidas tomadas para solucionarlo proviene de la propia compañía.
La información disponible no equivale a una evaluación independiente de la calidad del aire durante el episodio.
Y la preocupación de algunos residentes tampoco apareció de la nada
En septiembre de 2024, durante una prueba realizada antes de que la planta comenzara a operar normalmente, uno de los tanques de la instalación colapsó.
En su interior había aproximadamente 2,2 millones de galones de agua de lago.
El agua salió hacia Goodbranch Road y dejó barro y restos del tanque, lo que obligó a cerrar la carretera mientras se realizaban las tareas de limpieza.
No se trataba de residuos de la destilería ni se demostró que aquel episodio provocara daños ambientales persistentes.
Pero el accidente dejó una pregunta bastante lógica entre algunos residentes y funcionarios.
¿Qué ocurriría si algo parecido sucediera cuando la planta estuviera funcionando con otros materiales?
Ahora la situación es diferente.
La empresa dice haber identificado de dónde procedían los olores y modificó la forma de operar el tanque para intentar evitar que vuelvan a aparecer.
También añadió equipos para controlar los vapores.
Lo que queda por comprobar es cómo funcionan esas medidas con la planta operando normalmente y si son suficientes para evitar que el problema vuelva a sentirse fuera de sus instalaciones.
Puedes revisar la investigación completa en: Bloomer, C. C., Adams, S. B., Barnett, Z. C., Graham, Z. A., Delekta, E. M., Hayes, D. M., Loughman, Z. J., MacIntosh, H., Pugh, M. W., Reed, K., Shoobs, N. F., Taylor, C. A., & Larson, E. R. (2026). North American crayfish: A quest for the biggest catch. Ecology, 107(9), Article e70471. https://doi.org/10.1002/ecy.70471
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