Las cámaras nos continúan observando.
Cada día, miles de cámaras toman nota de las matrículas y los caminos que siguen los conductores en las carreteras.
La empresa Flock Safety creó esta tecnología para ayudar a las autoridades a encontrar coches robados o vehículos relacionados con delitos.
Pero ahora que hay tantas cámaras, también se ha creado un registro muy detallado de cómo se mueven los vehículos en la vida diaria.
La diferencia entre mantener la seguridad pública y vigilar los movimientos de las personas se vuelve más difícil de establecer cuando estos datos pueden ser consultados por diferentes organismos.
Esto plantea preguntas sobre el uso real que se le da a esta red de vigilancia.
¿Qué tipo de información queda registrada sobre las personas que nunca han sido sospechosas de ningún delito?
Qué está ocurriendo con el sistema Flock
Las cámaras de Flock no solo toman una foto rápida de la placa cuando un carro pasa por enfrente.
También registran datos como el lugar, la hora y determinadas características del vehículo. Así, cuando un mismo auto aparece frente a diferentes cámaras, es posible reconstruir parte de sus movimientos.
Lo delicado es que el sistema no hace distinciones al momento de registrar los vehículos.
Puede captar por igual el coche de un sospechoso de robo que el de un vecino que solo salió a comprar pan.
De esta manera, también quedan almacenados datos de vehículos cuyos propietarios nunca han cometido una falta ni están bajo ningún tipo de investigación.
Con el tiempo, quien tenga acceso autorizado al sistema puede consultar dónde apareció determinado vehículo frente a las cámaras de la red y revisar registros anteriores.
Muchas organizaciones de defensa de las libertades civiles advierten que esto plantea riesgos para la privacidad.
A partir de los lugares y horarios registrados, señalan, podrían llegar a inferirse determinados hábitos o visitas a lugares sensibles, como centros médicos, oficinas de abogados, protestas o reuniones políticas.
Al final, algo tan cotidiano como conducir por una ciudad puede dejar un historial mucho más detallado de lo que muchos conductores imaginan.
Los registros públicos revelaron accesos que no debían haberse realizado
Las auditorías y solicitudes de información pública también han permitido conocer casos en los que el acceso a estas bases de datos no funcionó como estaba previsto.
Uno de los ejemplos ocurrió en San Francisco.
Una auditoría descubrió que la red de lectores de matrículas de la policía había sido consultada casi 300 veces durante aproximadamente un año por analistas que realizaban búsquedas para agencias externas.
El problema era que las leyes de California restringen el intercambio de estos datos con agencias federales o de otros estados en determinadas circunstancias.
El acceso se produjo de manera indirecta.
La policía de San Francisco había permitido que un centro regional de inteligencia de California utilizara el sistema. Después se descubrió que ese acceso había servido para realizar búsquedas solicitadas por otros organismos.
Cuando la policía detectó lo ocurrido, revocó ese acceso e inició una revisión.
De acuerdo con informes de la Electronic Frontier Fundation, el caso mostró un problema difícil de resolver: aunque una agencia establezca reglas sobre quién puede consultar la información, compartir el sistema con otros organismos puede complicar el control sobre dónde terminan esos datos.
Algunos registros policiales tampoco explicaban cuándo se había utilizado Flock
La preocupación por la transparencia no se limita a quién puede entrar en la base de datos.
En el condado de Wapello, Iowa, una política de la oficina del sheriff indicaba a los agentes que no mencionaran el uso de lectores automáticos de matrículas a los ocupantes de los vehículos.
También recomendaba no incluir esa información en determinados informes policiales salvo que fuera absolutamente necesario.
Cuando tenían que explicar cómo habían localizado un vehículo, podían referirse de manera más general a «recursos del condado».
Las autoridades defendieron esta política argumentando que revelar determinados métodos de investigación podría ayudar a los delincuentes a entenderlos y encontrar formas de evitarlos.
Sin embargo, limitar los detalles que aparecen en los informes también abre otra pregunta.
Si después alguien necesita revisar cómo se localizó un vehículo o quién utilizó determinada información, contar con registros suficientemente claros resulta fundamental para reconstruir lo ocurrido.
La situación con Flock muestra precisamente esa tensión.
Las cámaras pueden ayudar a encontrar rápidamente un vehículo relacionado con un delito, pero al mismo tiempo registran los movimientos de muchos otros que nunca estuvieron bajo investigación.
Por eso, el debate ya no gira únicamente alrededor de si estas cámaras funcionan.
También se trata de saber quién puede consultar la información, con quién puede compartirla y qué registros deben quedar disponibles para comprobar después cómo fue utilizada.
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