La seguridad en el abastecimiento de los minerales críticos es una de las prioridades geopolíticas, aunque el efecto directo que tiene el consumidor acaba siendo sorprendentemente bajo. Así lo evidenció la Agencia Internacional de la Energía (AIE), dado que esos insumos básicos apenas representan una proporción ínfima de los precios de los productos acabados. Este aspecto hay que dominarlo para producir respuestas en situaciones de emergencia y políticas públicas que diversifiquen las cadenas internacionales de suministro, asegurando así la seguridad en la industria sin mermar en exceso el poder adquisitivo de los compradores de automóviles.
El impacto verdaderamente significativo que los materiales tienen en los precios finales de consumo
Estos factores estratégicos son clave en la porción que se corresponde con los elementos intermedios, pero los porcentajes de su peso económico se reducen en el paso a la fase de ensamblaje. Se estima que representan en torno a un 25 % del costo en las celdas de baterías, pero no más de un 3 % del valor medio de un automóvil. Igualmente, la proporción de tierras raras que en su contexto corresponden al 40 % del costo de un imán permanente solo llegaría a representar menos de un 1 % del valor de un vehículo en la ecuación del precio final.
Esta anulación de toda significancia quiere decir que las grandes oscilaciones de los mercados extractivos tendrían escasas consecuencias. El informe calcula que triplicar los precios mundiales de las tierras raras incrementaría el precio final de un coche en solo un 0,1 %. Triplicar, por el contrario, los insumos para baterías lo elevaría en un 5 %.
Los altos costos de la diversificación de la cadena de suministro mundial
Aunque el efecto sobre el precio final es escaso, la construcción de cadenas diversificadas requiere en gran medida del vencimiento de importantes barreras monetarias. Incluso en los nuevos proyectos locales fuera de los países productores dominantes, la dedicación presupuestaria es mucho más alta. En los nuevos proyectos locales, cuando se sitúan en las regiones productivas alternativas, los costos de capital se mueven entre un 20 % y un 150 % más altos y los gastos operativos pueden ser hasta un 50 % más altos que en la situación en la que se encuentran las instalaciones de mayor peso en la cadena de suministro mundial.
Estos grandes costos son el reflejo directo del alarmante hecho de la carencia de preexistencias industriales en las naciones occidentales. Los elevados costos de procesamiento son pruebas de las menores economías de escala y el escaso nivel de eficiencia productiva, además de la falta de transparencia tarifaria en algunos mercados y la falta de seguridad sobre la demanda futura. Todo esto es un complejo entramado que incrementa de forma notable los riesgos comerciales, haciendo que emerjan profundas dificultades para obtener la financiación bancaria necesaria para poner en marcha nuevas obras mineras.
Soluciones políticas y cuellos de botella tecnológicos actuales
La AIE sugiere afrontar esas limitaciones pasando simultáneamente a aplicar medidas de apoyo a la oferta y la demanda. Los gobiernos deberían tratar de reducir los riesgos de inversión, en particular a través de créditos fiscales, subsidios en efectivo e inversiones directas que aumenten la rentabilidad. La creación de mercados previsibles a través de requisitos de abastecimiento estandarizados y compras agregadas es esencial. Así, estas políticas asegurarían totalmente ingresos de largo plazo y atraerían capital privado en el desarrollo de rutas comerciales sostenibles e independientes.
El desarrollo de infraestructuras alternativas también tendrá que afrontar cuellos de botella tecnológicos profundos. Hoy en día hay una gran escasez de proveedores de maquinaria especial fuera de las zonas dominantes. Esto encarece las operaciones. Insumos químicos clave, tales como el ácido sulfúrico, dependen de controles de exportación recientes desde China. Además, tecnologías clave, tales como la manufactura avanzada, están estrictamente patentadas, y esto está restringiendo fuertemente la oportunidad competitiva de las nuevas empresas.
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