Ante la crisis ambiental a la que se somete el planeta, la acción climática es el mecanismo capaz de contrarrestar los efectos y riesgos globales. Según relata el PNUMA, las emisiones de gases de efecto invernadero deben reducirse de manera drástica, pero unido a ello, aspectos como las energías renovables, inversión climática y estrategias sostenibles deben reinar en las políticas gubernamentales.
La acción climática como fuente de reducción de riesgo
Reducir los riesgos que se viven en la actualidad por efectos del cambio climático puede lograrse si se actúa con la suficiente rapidez. De acuerdo con el PNUMA, el mundo necesita una transformación total si se quiere alcanzar el objetivo de reducción de temperatura. El convenio global es disminuir el incremento de temperatura, pero las previsiones científicas no son muy esperanzadoras.
Según las previsiones, se requiere una reducción drástica de la contaminación y las emisiones, puesto que es posible que el calentamiento supere los 37,22 ºF (2,9 ºC) durante este siglo. Cabe recordar que la meta era un calentamiento de 34,7 ºF (1,5 ºC) según el Acuerdo de París, por lo que este incremento podría ser devastador con implicación de mayores riesgos.
A menos que la acción climática prime en las políticas gubernamentales, el calentamiento global seguirá multiplicando sus riesgos y efectos sobre el planeta. Por tanto, el PNUMA aborda la crisis climática a través de diferentes perspectivas que permitan mitigar las consecuencias, salvar ecosistemas, biodiversidad y mejorar la calidad de vida de millones de personas.
Mayor acceso a la energía limpia y descontaminación del aire
Se puede apreciar cómo los desastres naturales son cada vez más frecuentes; esto es parte de las consecuencias de la crisis ambiental que se vive en la actualidad. A mayor contaminación, mayores son los efectos climáticos y, como resultado, más personas se encuentran bajo una situación de riesgo que amenaza con su calidad de vida.
La acción climática se basa en estrategias urgentes, rápidas y resilientes que protejan a las poblaciones y ecosistemas de las alteraciones climáticas. Estas medidas son necesarias para alcanzar una transformación en cuanto a las energías y la descontaminación del aire. La calidad del aire es vital para la salud de las personas y va de la mano con la electrificación.
Mientras los combustibles fósiles sigan presionando y generando contaminación en el aire, el cambio climático continuará influyendo en los riesgos. Pero, por medio de la electrificación, pueden mitigar estos riesgos, ya que funcionan con cero emisiones y facilitan el acceso a capacidad energética estable, así como movilidad por medio de vehículos eléctricos.
El PNUMA insta a investigaciones de vanguardia que fomenten las energías renovables, así como la descontaminación del aire para respaldar la toma de decisiones con base científica sobre los cambios climáticos. De igual forma, se valora el apoyo a una transición resiliente con cero emisiones en sectores productivos, pero sin implicar efectos negativos en la producción.
Mecanismos resilientes para el futuro del planeta
Garantizar una transición justa que mejore la calidad de vida de las comunidades no significa dejar de lado el crecimiento y desarrollo económico. Lo que sí destaca el PNUMA es que la acción climática debe primar sobre las inversiones y la descarbonización en diversos sectores como las energías, industria, movilidad e incluso urbanidad.
Según el PNUMA, la acción climática debe ir acompañada de mecanismos sostenibles a fin de movilizar las inversiones y el financiamiento para ayudar a reducir los efectos del cambio climático, por en especial, para crear formas de adaptación ante el calentamiento global y todos los elementos que se relacionan con esta situación. De acuerdo con el WWF, la biodiversidad se ha perdido, pero todavía existe una esperanza de cambio.
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