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El Instituto de Recursos Mundiales advierte que el Acuerdo de París no puede frenar el cambio climático por sí solo

Por Luz Vaquero · 28 septiembre, 2026 · 6:58 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El Instituto de Recursos Mundiales advierte que el Acuerdo de París no puede frenar el cambio climático por sí solo
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El Instituto de Recursos Mundiales (WRI) ha llevado a cabo un profundo estudio sobre la situación actual de la diplomacia climática e indica que el emblemático Acuerdo de París no fue establecido para resolver el problema del cambio climático por sí solo. Pasados más de diez años desde la adopción del mismo, el tratado se presenta hoy en día en el marco del entorno geopolítico más complicado de su historia, obstaculizado por una creciente concurrencia de conflictos armados, tensiones comerciales profundas y la falta de un compromiso perdurable de las grandes potencias del mundo. No obstante, y a pesar de las barreras de carácter estructural, la organización sostiene que el marco internacional continúa siendo una herramienta absolutamente esencial para establecer las metas de ambición a escala mundial.

La función del tratado a la luz de la implementación en el ámbito nacional

Para captar el verdadero significado de lo que nos pueda ofrecer el tratado se hace imprescindible poder desmitificar sus pretendidas limitaciones. El acuerdo internacional es, en la práctica, muy en especial, un empuje de la acción diplomática y técnica, pero carece de mecanismos capaces de imponer coercitivamente políticas climáticas, movilizar financiación por sí solo o forzar a las naciones a cumplir sus objetivos ecológicos.

A juicio de los analistas del organismo, las emisiones de gases de efecto invernadero (que son miles de toneladas cortas cada día) no van a descender porque haya un proceso burocrático de la ONU. El descenso efectivo de la contaminación tan solo se producirá cuando los mismos gobiernos, las empresas y las entidades financieras asuman la responsabilidad de transformar los amplios objetivos globales en marcos normativos y acciones visibles sobre el terreno.

Dicha responsabilidad nacional adquiere forma en planes climáticos que se hacen visibles a través de lo que son Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional. Cuando cada país ha de explicitar la fórmula de cómo generará en su economía la ejecución de lo que ya es este tratado.

La relevancia de una plataforma diplomática centralizada

Pese a sus evidentes deficiencias coercitivas, las cumbres climáticas anuales de las Naciones Unidas, denominadas Conferencias de las Partes, han llegado a ser la plataforma política global más poderosa para coordinar la acción climática intergubernamental. Durante más de treinta años, estas cumbres climáticas han garantizado que absolutamente todos los países tengan una silla formal en la mesa de negociaciones, sin tener en cuenta su tamaño económico, su poderío militar o la superficie en acres de su territorio nacional.

Para muchas naciones pequeñas o con limitadas capacidades, que paradójicamente suelen ser, como consecuencia de la crisis de la que no son responsables, las más afectadas por ella, este proceso multilateral sigue siendo uno de los escasísimos espacios en el plano internacional en los que sus voces tienen un peso institucional real y vinculante.

Estas cumbres climáticas han superado con creces los límites de la diplomacia convencional para llegar a convertirse en megacumbres que concentran a decenas de miles de personas, ministros, científicos y jefes de las corporaciones más valiosas del mundo.

La construcción de una visión compartida del clima

El resultado de estas negociaciones formales es que cerca de dos centenares de países se alinean en la misma visión. En cumbres anteriores llegaron a discutirse e incluso a acordarse metas de acción: la de triplicar la capacidad mundial de generación de energía renovable, la de duplicar la tasa de mejora de la eficiencia energética con respecto a la actual y la de emprender la titánica tarea de eliminar bajo una planificación a escala global la dependencia de los combustibles fósiles. Ciertamente, el proceso de consenso puede ser bastante fatigoso y a menudo los países invierten energías en dirimir si proteger cuántas millas marítimas o cuál debería ser la distribución de la riqueza.

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