La utilización de los recursos de agua dulce representa un valor económico de aproximadamente US$58 billones anuales, lo que se traduce en cerca del 60 % del PIB mundial. Al respecto, y aún siendo una cifra a tener en cuenta, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nos advierte que el recurso fundamental del agua dulce continua de hecho muy bajo en el mercado y en las administraciones, pasando como si se tratara de un bien que es «libre e infinito» donde la concepción errónea de este recurso pone en jaque no solo el equilibrio de los ecosistemas en el mundo, sino también la estabilidad económica y la estabilidad del planeta en términos generales.
La importancia estratégica del recurso hídrico y su papel propio ante las amenazas climáticas
El agua dulce no es solo el motor oculto de las cadenas de producción mundiales, sino que es el recurso insustituible sobre el que se fundamenta el desarrollo agropecuario e industrial contemporáneo. Para alcanzar este objetivo, es imperativo gestionar estos caudales para irrigar millones de acres de campos agrícolas intensamente productivos y abastecer grandes concentraciones de la producción manufacturera. La gestión sin un sentido de lo que un límite físico representa sobrepasa claramente las regiones expuestas a la irreductible sequía debido a su clima extremo, cuya temporada seca suele incluir temperaturas ambientales superiores a los 100 °F, secando los afluentes y arrasando las cosechas a gran escala.
Por otro lado, existe una ruptura de los ciclos del agua a causa de la crisis del clima que trastoca los regímenes hidrológicos a escala mundial, alternando situaciones de sequía extrema con climas adversos. En realidad, las tormentas repentinas descargan varias pulgadas de lluvia fuertemente acumulada en pocas horas sobre los terrenos erosionados por el uso intensivo, provocando terribles inundaciones en cuencas que se extienden a través de decenas de millas cuadradas.
La etapa final para la implementación de la Agenda 2030
Llegar a cumplir (en forma completa) el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (ODS 6), orientado a garantizar la disponibilidad de agua y la sostenibilidad de los recursos hídricos, es un fin esencial en sí mismo, pero también es una condición necesaria para avanzar y alcanzar el resto de la Agenda 2030.
Al entrar en los últimos cinco años para el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible, la ONU avisa de que el mundo se encuentra en un momento de inflexión a partir del cual es necesaria la multiplicación masiva de la inversión, la innovación tecnológica y la movilización de la voluntad política. La rápida implementación del ODS 6 tiene que hacerse bajo el genuino espíritu de solidaridad global y cooperación interinstitucional sin precedentes. Esta movilización de recursos es urgente para cerrar la brecha de financiación que actualmente impide extender acueductos y sistemas de saneamiento.
La Conferencia del Agua 2026 en Abu Dabi
A fin de poder transformar estas orientaciones teóricas en políticas concretas, se celebrará la Conferencia del Agua de las Naciones Unidas 2026, entre el 8 y el 10 de diciembre, en el Centro Nacional de Exposiciones de Abu Dabi (ADNEC), en los Emiratos Árabes Unidos. La cumbre, que es copresidida de forma conjunta por los gobiernos de los Emiratos Árabes Unidos y de Senegal, tiene como objetivo empoderar ese compromiso de solidaridad internacional y coordinar intentos multilaterales para construir un entorno seguro y equitativo de acceso al recurso hídrico.
El evento tiene como destinatarios a los delegados de los Estados miembros, expertos del sector privado y organizaciones de la sociedad civil acreditadas. En estricta conformidad con lo establecido por la Resolución A/RES/78/327 de la Asamblea General de la ONU, la estructura central del encuentro contendrá seis «diálogos interactivos», que habrán de sesionar en paralelo a las reuniones plenarias centrales.
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