A primera vista, la mayoría de las tierras abiertas parecen ser espacios vacíos. Durante décadas, esos paisajes fueron considerados paisajes marginales, esperando ser transformados, y, sin embargo, ocupan más de un 50 % de la superficie terrestre y constituyen, junto con otros, algunos de los ecosistemas vivos más activos del planeta. Los ecosistemas abiertos contienen una notable biodiversidad, almacenan el 30 % del carbono global y cumplen funciones de amortiguamiento. A su vez, alimentan el modelo de un número elevado de comunidades más allá de sus límites geográficos naturales.
La profunda relación comunitaria y ambiental
Para 500 millones de pastores que pueblan esos ecosistemas, las superficies que constituyen estos ambientes nunca han sido estériles. Representan territorios en movimiento, con prácticas comunitarias, conocimientos ancestrales y modos de adaptación. Las mismas poblaciones han ido tras las lluvias temporales durante generaciones, ellas han desarrollado realmente buenos modos de conseguir convivir adecuadamente con la variabilidad. Este tipo de saber hacer aumenta la resiliencia estructural de estos ambientes, y ha sido probado incluso en los climas más severos del mundo.
Casi 2000 millones de personas dependen hoy de estas tierras para la alimentación y para mantener la cultura. A pesar de la importancia de estas históricas interacciones, los mismos paisajes comunitarios están siendo sometidos a crecientes niveles de presión por el cambio climático, las pérdidas biológicas y la competencia sobre el espacio. Ante tales amenazas, es clave reforzar las estrategias hacia una gestión sostenible que garantice la protección ecosistémica y salvaguarde los recursos naturales, de tal forma que puedan ser viables y solamente disponibles allí donde están.
Propuestas para una adecuada gestión territorial
El pastoreo es uno de los sistemas humanos adaptativos más antiguos del mundo. Diversos proyectos están ayudando a las comunidades a proteger hábitats y así evitar su degradación. En algunos lugares del mundo, las cooperativas ganaderas son capaces de modificar tradiciones a partir de introducir nuevas gamas de cría selectiva, logrando reducir la presión a la que se ve sometida la vegetación nativa, mejorando los ingresos y agilizando la resiliencia frente a los bruscos cambios que la crisis climática está provocando.
Por otro lado, en el Cerrado brasileño se impulsan sistemas tradicionales para ofrecer un manejo del pastoreo común, que solidifican la gobernanza local y apoyan el reconocimiento de territorios, reduciendo, de este modo, los conflictos por los recursos que las comunidades dirimen. Estas medidas constituyen una salvaguarda indispensable ante las dinámicas naturales, logran conservar diferentes especies, optimizar el carbono y regular el ciclo del agua para toda la región implicada.
Desarrollo del crecimiento económico vinculado a la conservación ecológica
Las prósperas llanuras y las florecientes comunidades marchan entrelazadas de forma inextricable. Economías vinculadas a la naturaleza generan incentivos directos, encauzando esfuerzos en favor de la conservación, y a la vez los ambientes saludables constituyen un cimiento para hacer crecer vidas y rescatar vidas seguras. En regiones montañosas de la India, diversas aldeas supieron vincular de manera exitosa la conservación de especies de fauna amenazadas con ingresos sustentables: el ecoturismo y las cadenas de plantas medicinales dieron paso a nuevas fuentes de ingresos y, a la vez, suscitaban el esencial apoyo comunitario para la conservación de los ecosistemas montañosos.
Las regiones con alta aridez, como Sudán, han tenido éxito en el suministro de servicios innovadores de microseguros para pequeños campesinos y distintas herramientas financieras para gestionar el riesgo generado por la creciente sequía extrema. Al contribuir a incrementar la capacidad del capital social para hacer frente a choques sorpresivos, estos enfoques colaboran en aliviar presiones sobre sistemas debilitados, y aplicar capital en manejos sostenibles genera beneficios ambientales y socioeconómicos simultáneamente para todos los actores de un sistema de mayoría rural. Por eso, es fundamental proteger los recursos hídricos y los espacios abiertos.
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