En la actualidad, el hecho de que la esperanza de vida se esté alargando de los parámetros normales es un logro que se celebra en todo el mundo, así como la misión de un mundo ecológico habitable en un futuro; pero un problema a largo plazo es la baja tasa de natalidad hoy en día, que en el futuro será un duro golpe para las generaciones actuales. Por ello, la OCDE destaca que esta situación podría incrementar los costes de protección social a nivel mundial.
De un retiro pacífico a convertirse en un lastre
Debido a la baja tasa de natalidad, en pocos años el mundo tendrá más adultos a punto de jubilarse que personas jóvenes estudiando y relevando a los más experimentados.
En el informe Financing of Social Protection, presentado por la OCDE, se señala que, entre más incremente el número de personas jubiladas, el Estado deberá asumir el pago de muchas pensiones, subiendo el PBI (que es todo el dinero que produce un país en un año) 1,1 puntos porcentuales, lo que se traduce en dirigir la mayor parte de la economía nacional solo a las personas pensionadas. Incluyendo los gastos y atenciones médicas requeridas para las personas mayores, puede aumentar el gasto público en el área de la salud un 1,5 p. p. del PIB en la OCDE y 0,7 p. p. en la UE.
Al mismo tiempo, el combate contra el cambio climático demanda a las economías que abandonen el uso de combustibles fósiles y dejen de apoyar activamente a las industrias contaminantes, generando costes para reubicar y capacitar trabajadores, proteger a los hogares ante el aumento de los costes de energía y la inversión en las ciudades para que sean eficientes energéticamente, lo que genera un gasto aún mayor, pero necesario para lograr un verdadero cambio.
La pirámide invertida
Debido al envejecimiento demográfico, se estima una caída del 9 % en las horas trabajadas en la OCDE y de casi un 20 % en la UE hacia el 2060, reduciendo los costes salariales. Al estar basadas prácticamente solo en los ingresos laborales, la reducción de la población joven pone en riesgo la sostenibilidad del modelo sin recortes significativos, esto en base a que las cotizaciones sociales (SSCs) financian el 43 % del gasto social público en la OCDE y el 50 % en la UE.
Esto se traduce en que, en la actualidad, el modelo para la cotización de pensiones en un futuro depende del impuesto que se le cobra en sus años de trabajo. Si en un futuro no tan lejano el número de pensionados supera con creces a los trabajadores que aportan activamente a la bolsa y sin una fuente de ingreso alterna, la única manera que se tendrá para mantener el sistema en un futuro será bajando las pensiones o realizando recortes en los sistemas de ayuda social.
El problema de la autonomía transformadora
Hoy en día, la cantidad de trabajadores autónomos va en aumento; por ejemplo, en la Unión Europea, el 14 % de los trabajadores son autónomos, pero sus aportaciones solo representan el 4 % del total de las cotizaciones sociales. Una de las consecuencias es la doble cotización e ingresos bajos. También ante las contingencias no tienen ningún tipo de respaldo, puesto que «de los 38 países de la OCDE, tan solo 9 garantizan acceso al seguro de desempleo a los trabajadores independientes en las mismas condiciones que los asalariados».
Finalmente, la alternativa de una cotización voluntaria, cuando se toma la iniciativa de ofrecer esquemas opcionales a los trabajadores autónomos ofreciéndoles protección, siempre tiende a declinar la oferta. La encuesta de la OCDE demuestra una baja disposición a pagar cuotas extra, ya sea por falta de liquidez inmediata o porque perciben el beneficio muy lejano o insuficiente.
Sin duda, la pirámide invertida es un futuro no muy lejano que expone el informe de la OCDE, que solo logrará prevenirse con las decisiones que se tomen hoy. De lo contrario, será inevitable el incremento de los costes de la protección social a nivel mundial.
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