La degradación de los ecosistemas afecta al 40 % de la población mundial; la pérdida de la naturaleza conlleva impactos de gran magnitud, ya que los ecosistemas dañados aumentan el cambio climático, debilitan la seguridad alimentaria y ponen en riesgo a las personas y comunidades. A su vez, el 25 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero se generan por la deforestación, la producción agrícola y la fertilización. Estas causas están poniendo a los animales y a los humanos más cerca, lo que aumenta el riesgo de propagación de enfermedades.
Colapso de la biodiversidad
Los ecosistemas no pueden satisfacer la demanda de los seres humanos, ya que se está utilizando aproximadamente el equivalente a 1,6 planetas Tierra para mantener los estilos de vida actuales. Además, en el mundo existen ocho millones de especies de plantas y animales y actualmente, aproximadamente un millón de ellas se encuentran en peligro de extinción.
Por su parte, la superficie terrestre del planeta ha sido ferozmente alterada en un 75 % por la actividad humana. Asimismo, el 85 % de las zonas húmedas presentan la misma situación; el 66 % de la superficie oceánica y cerca del 90 % de las poblaciones marinas, como peces, en todo el mundo están fuertemente explotadas, sobreexplotadas o agotadas.
Es por ello que el sistema alimentario mundial es el principal factor de la pérdida de la biodiversidad, puesto que solo la agricultura representa una gran amenaza para las especies en riesgo de extinción. A su vez, se estima que la expansión agrícola es la responsable del 70 % de la pérdida proyectada de biodiversidad terrestre.
Medidas preventivas
En vista de las cifras alarmantes que se presentan en cuanto a la pérdida de la biodiversidad, es posible realizar un cambio transformador positivo si se inicia tanto mundialmente como en cada localidad. En la conferencia de las Naciones Unidas, los gobiernos de todo el mundo se reunieron para acordar Objetivos de Desarrollo Sostenible dentro de la agenda de la acción global para el 2030, creando estrategias y objetivos claros para detener y revertir la pérdida de la biodiversidad.
Las inversiones aprobadas para solucionar los problemas de la naturaleza deberán triplicarse para el año 2030, si se quieren alcanzar los objetivos para el cambio climático, la biodiversidad y la degradación de la tierra. Se requiere una conservación eficaz de las mayores extensiones de tierras, aguas oceánicas y continentales. El mundo debe cumplir con el compromiso de restaurar al menos mil millones de hectáreas de tierra degradada en la próxima década y de esta manera se evita el colapso acelerado de la naturaleza.
Políticas de gobierno para fortalecer los ecosistemas
A nivel global, los gobiernos deben asignar un valor monetario a los servicios que brinda la naturaleza a las personas, ya que lastimosamente los seres humanos no le dan la importancia que esta requiere. El informe de la IPBES demuestra cómo es la designación de valores a la naturaleza y cómo puede ayudar para abordar la pérdida de la biodiversidad.
Siendo necesario e importante que los gobiernos reestablezcan las estructuras tributarias y los subsidios crediticios para incentivar la producción sostenible; de esta forma se demuestra que la degradación ambiental ya no será rentable para la población.
En definitiva, se deben satisfacer las necesidades de la sociedad, sin perjudicar el ambiente; las empresas pueden priorizar la sostenibilidad en la toma de decisiones y visualizar otros modelos de negocio de menor impacto ambiental.
Por último, las estrategias comerciales deben estar alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible nacionales y globales para impulsar acciones hacia economías más sustentables e inclusivas. Detener este deterioro requiere un cambio urgente y colectivo, y la restauración de los ecosistemas y la conservación de la biodiversidad deben ser prioritarias dentro de las políticas a nivel mundial.
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