La FAO celebra las estrategias y las tecnologías innovadoras implementadas en distintos países para abordar una de las problemáticas más preocupantes de la actualidad: el desperdicio de los alimentos. En los últimos años, se registraron millones y millones de toneladas de insumos comestibles que no llegaron a consumirse, lo que representa un desafío económico y ambiental para los países, sobre todo aquellos en vías de desarrollo.
Un desafío global
Recientes informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirman que aproximadamente 1300 millones de toneladas de alimentos no llegan a consumirse, lo que representa cerca de un tercio de la totalidad de la producción anual. Esto no solo refleja un desafío para las economías locales, sino también para el medio ambiente.
Los expertos señalan que la mala gestión de estos alimentos contribuye de forma significativa a las emisiones de gases de efecto invernadero, la degradación de los ecosistemas naturales, la contaminación y la pérdida de biodiversidad. Es por eso que señalan la urgencia de adoptar estrategias y herramientas para abordar este desafío, que se convirtió en una problemática global durante los últimos años.
Según la FAO, reducir estos desperdicios también permitirá mejorar los sistemas agroalimentarios y garantizar su resiliencia en un contexto complejo, marcado por las altas temperaturas y la escasez hídrica. Países como República Dominicana y Argentina mostraron importantes avances en la gestión de los alimentos, implementando tecnología innovadora que podría replicarse en todo el mundo para erradicar esta problemática y reforzar la seguridad alimentaria global.
La iniciativa OptiWaste
La iniciativa OptiWaste de República Dominicana es una solución innovadora que permite organizar de una mejor manera los recursos y reorientarlos hacia metas específicas. Hasta ahora, este país se ubicaba en el primer lugar del ranking de naciones con más desperdicios alimentarios en América Latina y el Caribe, incluso por encima de lugares con mayor densidad poblacional, como Brasil o México.
Según los datos oficiales, los desperdicios alcanzaban unos 160 kilos por persona al año. Esta situación se debe principalmente a una mala planificación alimentaria, algo en lo que la iniciativa OptiWaste pone el foco. Con la utilización de tecnología y mayor información, República Dominicana da un paso importante en esta lucha.
Dicha iniciativa consta de una aplicación digital diseñada para registrar, analizar y reducir el desperdicio de los alimentos en los centros educativos, donde ya comenzaron a implementarse a modo de prueba. A través de esta tecnología, el personal de cocina y los administradores escolares pueden monitorear diariamente los alimentos servidos, la cantidad sobrante y las principales causas de desperdicio para crear estrategias específicas.
«La reducción del desperdicio de alimentos comienza con educación, conciencia y acción desde edades tempranas», expresó Rodrigo Castañeda, representante de la FAO en República Dominicana. En esa línea, resalta que el uso de la aplicación, además de mejorar la gestión de recursos, creará conciencia sobre la importancia de tener sistemas agroalimentarios sostenibles. «Cada alimento que se aprovecha es una oportunidad para cuidar nuestros recursos y avanzar hacia un futuro con mayor seguridad alimentaria», sentenció.
Tablero de Mercas y Sostenibilidad de Alimentos
En Argentina, la solución para los desperdicios de alimentos llegó de la mano de una mejor organización de los datos. Asimismo, la Red de Banco de Alimentos junto al Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos crearon el Tablero de Mermas y Sostenibilidad de Alimentos. A través de esta herramienta, se podrá medir, visibilizar y transformar los datos en acción concreta.
Según informa la FAO, esta tecnología mostró resultados alentadores. Desde su implementación, varios mercados del país disminuyeron de manera notable la pérdida de frutas y verduras y permitieron gestionar de mejor manera la redistribución de los excedentes. Se trata de un paso enorme en el abordaje de este desafío global y brinda una experiencia con grandes posibilidades de ser replicada en otros países que atraviesan por la misma situación.
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