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El PNUMA alerta sobre la creciente huella ambiental de la actividad espacial ante la saturación de las órbitas terrestres

Por Luz Vaquero · 8 octubre, 2026 · 4:23 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El PNUMA alerta sobre la creciente huella ambiental de la actividad espacial ante la saturación de las órbitas terrestres
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Con la conmemoración de la Semana Mundial del Espacio a la vista, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha querido hacer un fuerte llamamiento ante las cada vez más intensas consecuencias del acelerado ritmo de exploración del espacio. En el anuncio que ha hecho conjuntamente con la Oficina de la ONU para los Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA), explica que el crecimiento de la huella terrestre a través de la estratosfera se traduce en nuevas cuestiones ambientales.

Contaminación química y el riesgo de los desechos

La huella de carbono y la contaminación generadas por la industria de la aeronáutica se producen desde el mismo instante de la ascensión. El informe de Naciones Unidas señala que cada cohete (propulsor de lanzamiento a la órbita) libera grandes volúmenes de hollín, de polvo de aluminio, de componentes químicos y de gases nocivos directamente en las capas más elevadas de la estratósfera.

Estas emisiones industriales agresivas modifican la química de la atmósfera a gran altitud, incrementan la polución del aire y debilitan muy significativamente la vital capa de ozono. Pero el efecto no se agota en el lanzador, cuando las naves o satélites buscan regresar a la Tierra, la gran fricción entre el aire y los dispositivos remite un cóctel químico de óxidos y metales que, según las investigaciones, podrían alterar la cantidad de luz solar que la Tierra refleja de vuelta a la estratósfera.

A la toxicidad de esas emisiones de la aeronáutica industrial se suma el riesgo inmediato que supone la enorme nube de basura espacial que rodea el globo. La ONU considera que existen en la actualidad 130 millones de fragmentos de basura espacial, la mayor parte de viejos satélites inactivos y piezas desprendidas de colisiones previas.

Sostenibilidad orbital y su influencia en la astronomía

Sumado a los riesgos químicos y físicos, la proliferación sin control de megaconstelaciones de satélites comerciales y de desechos orbitales está amenazando seriamente la visibilidad del cielo nocturno. Este importante tráfico artificial está provocando una contaminación lumínica y de radiofrecuencia que interfiere de forma directa con el estudio de la astronomía y provoca una incapacidad de los científicos para estudiar el universo y para monitorizar asteroides cercanos.

Ante esta situación, el concepto de sostenibilidad espacial de las agencias internacionales propone tratar las órbitas como un medioambiente común que debe mantenerse en un estado seguro al minimizar la producción de nuevos residuos, reducir las emisiones tóxicas y preservar el derecho inalienable a tener cielos oscuros y despejados para las generaciones futuras.

Para reducir drásticamente esta creciente huella ambiental, el PNUMA pone énfasis en que los fabricantes y las empresas corporativas deben rediseñar en su totalidad su ciclo de vida para sus misiones. Las naves espaciales deben ser construidas con nuevas capacidades tecnológicas para evitar colisiones de forma autónoma, utilizar combustibles mucho más limpios y tener sistemas seguros de liberación controlada una vez que finalice su vida útil.

Responsabilidad compartida y gobernanza internacional

La crisis ambiental en el espacio exterior se presenta como un problema de responsabilidad compartida que no cuenta con ningún marco ecológico general para su resolución. A pesar de que acuerdos históricos como el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre ofrecen amplios principios para evitar contaminación perjudicial y la Unión Internacional de Telecomunicaciones regula frecuencias, el vertiginoso desarrollo comercial ha superado la normativa.

Las corporaciones privadas y las administraciones nacionales, encargadas de licenciar y regular los lanzamientos en sus territorios, deben asumir el liderazgo técnico versado en diseñar tecnologías viables que prevengan activamente el daño ecosistémico, antes de que las órbitas bajas sean completamente intransitables. Para construir un puente que supere este profundo vacío regulatorio, las Naciones Unidas han decidido entrar de una manera mucho más firme en la gobernanza orbital. 

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