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De un vistazo y muchas aristas: Sigue la insensibilidad y la negación ante el caos climático

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“Reiteramos con este Vistazo nuestra postura ante los nuevos desarrollos, de cara a la COP25 en diciembre de 2019, pero sobre todo, en el perpetuo plazo de las luchas de los pueblos”.

En el número 62 de Biodiversidad, sustento y culturas, en octubre de 2009, hace justo diez años, decíamos para presentar otro Vistazo muchas aristas titulado Crisis climática y remiendos engañosos, que “ni los funcionarios de las agencias internacionales multilaterales ni de los gobiernos particulares, y mucho menos las empresas privadas, están enfrentando la crisis climática que vive el planeta.

No la enfrentan en toda su magnitud ni en sus orígenes. No tocan los intereses que la promueven. No fomentan las respuestas reales que podrían, si no remediarla (porque su complejidad es muy extrema), por lo menos aminorarla o frenar su posible y pronto estallido para tal vez entonces encarrilar el mundo en otra dirección más posible, justa y respetuosa”.

Agregábamos que el extremo desequilibrio planetario no podría remontarse siguiendo remiendos industriales y seudocientíficos que privilegian la geoingeniería o las soluciones financieras —que en realidad promueven más deforestación, desertificación y alteraciones.

Éstas no van a terminar si no reconocemos que no todas ni todos sufren las crisis en lo inmediato, y por tal motivo, las grandes corporaciones siguen buscando cómo seguir haciendo negocio mientras se lavan la carita y se disponen a decir que escuchan a quienes les increpen, mientras el espectáculo de sus ganancias siga levantando el telón. Reiteramos con este Vistazo nuestra postura ante los nuevos desarrollos, de cara a la COP25 en diciembre de 2019, pero sobre todo, en el perpetuo plazo de las luchas de los pueblos.


La casa de todos se está incendiando”, repite Greta Thunberg en sus discursos, y que si no se hace algo contra el cambio climático, el futuro será una gran desolación. Pero lo cierto, dicen comunidades indígenas, negras y de migrantes organizadas en el colectivo Wretched of The Earth, es que “la desolación no es algo del futuro. Para los que somos indígenas, obreros, negros, queer, trans o discapacitados, la violencia estructural es la única herencia que recibimos al nacer. Nuestra casa está en llamas hace largo tiempo: cuando sube la marea de la violencia ecológica, nuestras comunidades, especialmente en el Sur Global, son las primeras damnificadas. Somos los primeros que enfrentamos la pésima calidad del aire, las hambrunas, las crisis de salud pública, la sequía, inundaciones y desplazamientos.

La organización Rebelión contra la Extinción dice “la ciencia es clara: se entiende que enfrentamos una emergencia global sin precedentes. Estamos en una situación de vida o muerte que nosotros nos hemos ocasionado. Debemos actuar ya”. Tal vez no se percatan de que cuando se enfocan en la ciencia, ya dejaron de ver el fuego y de vernos a nosotros: ignoran nuestras historias de lucha, dignidad, victoria y resiliencia.

Dejan de ver el vasto saber intergeneracional y nuestra unidad con la naturaleza que tenemos los pueblos. Las comunidades originaria recuerdan que no somos aparte de la naturaleza y que proteger el ambiente es protegernos a nosotros. Para sobrevivir, comunidades del Sur Global insistimos en imaginar y construir un futuro de nuevos mundos libres de la violencia del capitalismo.

Debemos poner esas experiencias en el centro y reconocer esos saberes ya. Nuestras comunidades han estado en llamas hace mucho tiempo y esas flamas se avivan cuando nos excluyen y nos silencian. Si no se incorporan nuestras experiencias, ninguna respuesta al desastre podrá cambiar las complejidades sociales, económicas y políticas que configuran nuestras vidas.

Algunos pasarán a una vida mejor y otros seguiremos pagando el costo. Imaginar un futuro donde quedemos libres de las causas que son raíz de la crisis climática —el capitalismo, el extractivismo, el racismo, el sexismo, el clasismo y otros muchos sistemas de opresión— el movimiento climático debe reflejar las complejas realidades de la vida de todos, todas y cada una, uno, de nosotros en su narrativa. Carta abierta de The Wretched of the Earth a Rebelión contra la Extinción, publicada en Red Pepper, 3 de mayo de 2019. https://www.redpepper.org.uk/an-open-letter-to-extinction-rebellion/

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El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) filtró un adelanto de un estudio sobre la relación entre suelos, agricultura y cambio climático. Es un poderoso llamado de atención sobre las fuerzas que amenazan con desfigurar la biósfera y destruir la especie humana. El análisis hace hincapié en el uso de suelo, la producción de alimentos y las emisiones de gases con efecto de invernadero (GEI).

La advertencia del IPCC señala que la agricultura, la ganadería y la silvicultura generan 23% del total de emisiones GEI cada año. Por otra parte, el IPCC recuerda que los suelos del planeta son responsables de absorber un 30% del bióxido de carbono emitido cada año por la industria y el sector energético. En la medida en que los suelos se degradan, se reduce su capacidad de absorción del bióxido de carbono (CO2) y su capacidad productiva se ve limitada. Esto aumenta la concentración de GEI en la atmósfera y agrava el cambio climático, lo que genera nuevamente mayor degradación de suelos. El riesgo de desencadenar un ciclo acumulativo vicioso es hoy día muy alto.



El informe del IPCC es importante, pero, como siempre ocurre con estas evaluaciones sobre la destrucción ambiental en el mundo, adolece de una grave omisión: no contiene ninguna referencia sustantiva a las fuerzas económicas que están promoviendo esta degradación ambiental. Alejandro Nadal, “Capitalismo, agricultura y cambio climático, La Jornada, 20 de agosto, 2019

Entendemos que en el corazón de la crisis que amenaza el planeta hay conductas, posturas y estructuras de poder que son la raíz para violaciones a los derechos humanos, discriminación e inequidades. Tenemos que dejar de asumir los ecosistemas como mercancías de exportación si queremos proteger los derechos humanos, conservar nuestro planeta y su clima —y comprender que la dignidad humana y los derechos dependen del tejido de la vida.

Para lograr justicia climática, debemos reconocer la emergencia climática que amenaza la supervivencia humana, el ambiente y el disfrute de todos los derechos humanos, para las actuales y futuras generaciones. Debemos reconocer también que aunque la crisis climática es un problema global que nos afecta a todas las personas, afecta desproporcionadamente a personas, grupos y pueblos en situación de vulnerabilidad, a quienes se violan sus derechos y a quienes se somete a múltiples y cruzadas formas de la discriminación. La crisis climática también impacta de un modo desigual a los países. Tiene por resultado el incremento de los conflictos y la inestabilidad política, mayor inseguridad alimentaria, desplazamiento y la migración. Urge desafiar a los Estados y a los grupos contrarios a los derechos que utilizan este colapso climático y la protección ambiental, como excusas para negar derechos humanos.

Condenamos el hecho de que los Estados no tomen las medidas adecuadas para mitigar el cambio climático, en particular aquellos Estados que son los más responsables de la crisis y que controlan la mayoría de los recursos. Este fracaso representa una violación estatal de sus obligaciones hacia los derechos humanos. Así también, el no tomar las medidas suficientes y efectivas para aumentar las posibilidades de enfrentar los daños del cambio climático, dentro y fuera, perpetúa estas violaciones —sobre todo para quienes son los más marginados y con menos posibilidades de lidiar con la crisis.

[…] Los Estados han sido cómplices de la perpetuación corporativa del cambio climático y no han regulado las acciones de las corporaciones ni han garantizado la rendición de cuentas para los abusos a los derechos cometidos, ni para el daño ambiental, pese a que tiene la obligación legal para hacerlo.

De hecho, muchos Estados respaldan políticas, incluidos tratados de comercio e inversión, que promueven y conceden privilegios corporativos, beneficios e impunidad a las industrias destructoras del clima.

Ciertos negocios —en particular la industria de combustibles fósiles y los grandes consorcios agroindustriales— junto con sus financiadores, están en el centro de la destrucción de nuestro clima. Muchos negocios han despreciado su responsabilidad y respeto con los derechos humanos, lo que contribuye a violaciones de los derechos de mujeres, niños, pueblos originarios, comunidades locales, y otros grupos afectados en extremo. También contribuyen a la destrucción de los ecosistemas por todo el planeta. En particular, la industria de los combustibles fósiles ha sabido de los impactos de sus productos por décadas y no ha hecho nada por alertar a sus inversionistas, al público, a las comunidades, a los accionistas, mientras se implican en sofisticadas campañas para desinformar y promover la negación del cambio climático. Declaración de la Cumbre de los Pueblos sobre Clima, Derechos y Supervivencia Humana, 18 de septiembre, 2019

En un movimiento sin precedentes, más de 200 representantes de pueblos originarios, y grupos obreros, académicos, ambientalistas y de derechos humanos adoptaron una declaración, llamando a gobiernos y corporaciones a que salgan al paso de la emergencia para garantizar la supervivencia de la humanidad. Esto ocurrió en el marco de la Cumbre de los Pueblos sobre Clima, Derechos y Supervivencia Humana, organizada por la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Greenpeace International, Amnistía Internacional, El Center for International Environmental Law, Wallace Global Fund, y el New York University School of Law Center of Human Rights and Global Justice.

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Philip Alston, Director del Center of Human Rights and Global Justice de New York University, dijo: “Se ha dicho que el cambio climático es una ‘falsa alarma’, pero es un peligro que terminará matando a muchos de nuestros niños, y al menos a algunos de nosotros. Diario leemos de grandes cantidades de gente que mueren por exposición al calor, o que mueren en inundaciones e incendios, o que tiene que huir de sus hogares. Pero nos engañamos pensando que no nos pasará a nosotros. Mientras muchos nos distraemos o nos empeñamos en vivir una vida normal, los desastres futuros, siendo posibilidades, se volvieron certezas. Los derechos humanos como los conocemos dejarán de tener sentido a menos que actuemos de inmediato”. Amnistía Internacional, “Two hundred environmental and human rights leaders pledge to tackle climate emergency together”, 18 de septiembre de 2019.

Si consideramos que por lo menos dos tercios de la deforestación tropical proviene de la agricultura comercial, los compromisos eran, y son, todo un tema. Si se cumpliera la Declaración de Nueva York (contra la deforestación) se recortaría la polución de carbono entre 4 mil 500 millones y 8 mil 800 millones de toneladas anuales —algo equivalente a las emisiones actuales de Estados Unidos.

Pero si siguen cayendo los bosques, ¿a quién culpamos? Global Canopy publica un recuento anual conocido como Forest 500, que rastrea 350 corporaciones con mucha influencia y 150 instituciones financieras que navegan las cadenas de suministro de mercancías que implican riesgos a los bosques (aceite de palma, soja, ganado, productos maderables). La conclusión es que aunque cada año aumentan las compañías que hacen compromisos, hay una brecha grave en la implementación. Algunos de los hallazgos de este informe son:

* Más de 40% de las compañías anotadas no hace nada para atajar la deforestación en sus cadenas de suministro, si se trata de aceite de palma, soja, ganado, madera, pulpa y papel.

* Casi un tercio de éstas hizo compromisos pero no incluyó políticas para concretarlos, como publicar la lista de sus abastecedores directos o verificar sus cumplimientos.

[…] El ganado es el principal impulso de la deforestación tropical a escala global, y no obstante las empresas en la cadena de suministro del ganado son las que menos cumplen compromisos. Según el informe, sólo 16% de las compañías implicadas en pieles o ganado, tienen compromisos con los bosques. Adria Vasil, “Why not even one company is on track to meet 2020 deforestation pledges, 22 de marzo, 2019 https://www.corporateknights.com/channels/supply-chain/not-even-one-company-track-meet-deforestation-2020-pledges-15532412/

La expansión de las plantaciones de palma aceitera generalmente tiene lugar a costa de transformar los ecosistemas naturales, sobre todo bosques húmedos tropicales. Esto tiene efectos nefastos, porque tales bosques son el hogar de poblaciones muy tradicionales que han aprendido a lo largo de milenios a comprender el bosque y a usarlo respetando su dinámica natural. Además, la destrucción del bosque implica la liberación de dióxido de carbono (co2) —uno de los gases con efecto de invernadero, cuya acumulación en la atmósfera es responsable del calentamiento global y el consiguiente cambio climático. Si se hace un balance de co2 comparativo entre los dos sistemas (el bosque y las plantaciones), veremos que los bosques tropicales, por su complejidad, almacenan y fijan mucho más carbono.

Las plantaciones de palma, como cualquier monocultivo en gran escala, demandan una gran cantidad de insumos basados en combustibles fósiles que liberan carbono. Requieren plaguicidas, por la gran cantidad de plagas y enfermedades que infestan estas plantaciones, así como herbicidas, para combatir cualquier especie de planta que no sea palma y que pueda competir por el agua y los nutrientes. Todo esto produce otro desbalance de carbono, a lo que se suma que el agrodiésel producido a partir de aceite de palma por lo general tiene como destino la exportación. El proceso de transporte que esto requiere genera más emisiones de co2.

Es posible que el consumidor europeo que utilice el aceite o el agrodiésel de palma producido en un país tropical tenga la sensación de que está usando un combustible “ecológico” o “verde”. Pero ignora que ese combustible ha viajado desde el otro lado del mundo, quemando a lo largo de su viaje combustibles fósiles, y lo que es más grave, destruyendo la forma de vida de cientos de comunidades locales y de ecosistemas naturales.

Por todo eso, las plantaciones de palma no sólo agravan el cambio climático sino que además impactan sobre los ecosistemas y las comunidades donde se implantan. Elizabeth Bravo, Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo, Ecuador, Boletín del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (wrm), 21 de septiembre, 2009

Se suponía que la palma de aceite era la siguiente “nueva frontera”. Una “relación mutuamente beneficiosa” que sería un negocio donde ambas partes ganen: para las naciones que en África luchan y para los productores multinacionales que se están quedando sin tierras en el Sudeste asiático. Ha llegado el tiempo de ese continente [África], declaraban los ejecutivos del aceite de palma. Otros decían simplemente que la lucrativa mercancía “regresaba a casa”. Por un tiempo, todo mundo quiso estar en la acción. Pero un nuevo informe, redactado por un ensamble de grupos locales e internacionales que trabajan con las comunidades afectadas afirman que ese “regreso a casa”, no está siendo tan suave y fluido como suponían sus arquitectos.

Tras años de fiera resistencia por parte de las comunidades que viven dentro de las áreas demarcadas para situar plantaciones de palma de aceite, por lo menos 27 nuevas plantaciones han fracasado o fueron abandonadas. De las 49 que se mantienen en África occidental o en África central, apenas han conseguido desarrollar menos de 20% de los 2 millones 740 mil hectáreas que tenían disponibles. “Muchas de las grandes compañías no tienen experiencia en África”, dijo Devlin Kuyek, uno de los autores del estudio. “No es el mismo entorno al que estaban acostumbradas”. Ashoka Mukpo. “Industrial palm oil investors struggle to gain foothold in África”, Mongabay Series: Global Forests, 20 de septiembre de 2019.

Shell es uno de los diez principales contaminantes del clima, y desde 1980 opera con conciencia de que quemar petróleo y gas podría acarrear consecuencias desastrosas para el planeta. Pero la compañía sigue invirtiendo miles de millones de dólares en prospectar más campos de crudo y gas, y gasta 49 millones adicionales cada año para cabildear políticas amigables on los combustibles fósiles.

Shell ha estado implicada ( por lo menos sus ejecutivos al supieron) en numerosos asesinatos, torturas o violaciones perpetradas por fuerzas paramilitares en Nigeria durante la década de 1990. Sus actividades actuales en Groningen, Holanda, son la causa de terremotos y de la destrucción de hogares.

Hoy, ENI y Shell impulsan una nueva y peligrosa táctica. ENI anunció planes para sembrar 8.1 millones de hectáreas de árboles en Mozambique, Sudáfrica, Ghana y Zimbabwe.

El director ejecutivo, Claudio Descalzi, anunció en su actualización estratégica de marzo de 2019 el objetivo de “conseguir emisiones cero en nuestro negocio corriente arriba para 2030”. Shell presentó su plan 2019 de reducir su huella neta de carbono “en 2%-3%”.

El plan incluirá la reforestación de bosques falsos, ofreciendo créditos de carbono a sus clientes para que puedan compensar sus emisiones. Shell también impulsa los controvertidos esquemas de REDD+ (Reducción de Emisiones de Deforestación y Degradación de Bosques), que no sólo no logran reducir los gases con efecto de invernadero sino que conducen a la violación de derechos humanos y ambientales, a la exacerbación de la corrupción y a la cooptación corporativa de fondos vitales para luchar contra el cambio climático. Los proyectos REDD+ reducen la naturaleza a mercancía y las comunidades locales son expulsadas de sus tierras en nombre de la “conservación” o terminan empleadas por conservacionistas privados mientras les desaparecen sus prácticas de manejo tradicional del territorio.

Entretanto, hacer responsables de la deforestación a las comunidades, invisibiliza el papel de las grandes corporaciones, como actores centrales de la destrucción ambiental. Carta de ONG que se oponen a las Soluciones Basadas en la Naturaleza, de la industria petrolera, y exigen que Eni y Shell mantengan los combustibles fósiles en el suelo.https://redd-monitor.org/2019/05/14/ngos-oppose-the-oil-industrys-natural-climate-solutions-and-demand-that-eni-and-shell-keep-fossil-fuels-in-the-ground/

Al decir que el desarrollo de la industria automotriz es la ama y señora de la acumulación de capital global, hay que mirar el espacio donde se consumen los vehículos automotores. Ésta es una de las causas del calentamiento global. Nada más producen 80 millones de autos al año y se sobreproducen 20 millones. Lo que los poderosos necesitan ahora no es regular el calentamiento global, “ése no es el problema”. Lo que requieren es mantener en alto la tasa de crecimiento de la industria automotriz. Grave no es que se derrita el casquete polar del norte, sino que del petróleo que existe en el planeta, la mitad que se produjo hace 400 millones de años, ya se acabó. Queda la otra mitad. En 150 años de uso de petróleo se acabó la mitad.

En la idea de mantener la tasa de crecimiento industrial, la tasa de crecimiento urbano, la dinámica actual el planeta, se calcula que la otra mitad de reservas petroleras sirven para 30 años más. Porque la idea que tienen las empresas es mantener en alto la demanda del petróleo, no dejarlo ahí en el subsuelo y desperdiciarlo. Se trata de meterlo en la dinámica de la acumulación global pero, pues sí, “quemarlo de manera ecológica”. Que se pueda quemar cumpliendo los Protocolos de Kyoto o algún nuevo protocolo que se inventen.

El verdadero peligro sigue siendo la industria automotriz y el patrón petrolero y no se hace nada por regular la fuente del calentamiento global que es el transporte mundial. No sólo es un problema en las ciudades —por supuesto que ahí se concentra. Se distribuye en todo el planeta y tiene que ver con la locura: no sólo son los vehículos automotores, es la red de aviones —una que va creciendo brutalmente y tiene también líos de sobreproducción.

Es también la brutal cantidad de petróleo que tiran los barcos por uso de oleocombustible, cuando navegan por el planeta; la contaminación de todas las redes de transporte, desbocadas con esta revolución intermodal que las multiplica y las integra como autómata global.

Las redes de comunicación también generan un problema de contaminación que tiene que ver con el desarrollo sin límite de todas las ciudades en todo el planeta en una dinámica de urbanización brutal que no sólo genera calentamiento global sino la destrucción del ciclo del agua.

Toda esta oleada de nuevas tecnologías —de la ingeniería genética a la nanotecnología, o la geoingeniería, estos nuevos dispositivos que se inventan las empresas de punta—están acumulando una cantidad enorme de imprevistos (técnicos, ambientales) que se suman en una lógica de caos muy enorme. Andrés Barreda, Los agrocombustibles no resuelven nada y Estados Unidos es adicto al petróleo, Conferencia en la Universidad de Montevideo, abril, 2007, Biodiversidad 54, octubre de 2007

Verdades y mentiras sobre deforestación y cambio climático. Los pueblos indígenas de Guatemala, Bolivia y Brasil son entre seis y 22 veces más eficaces en la salvaguarda de sus “áreas protegidas” que sus propios gobiernos. Sus bosques tienen drásticamente menores tasas de deforestación y capturan más dióxido de carbono por hectárea. Aunque se acusa a los campesinos de ser los responsables de la deforestación, en Indonesia (el país del mundo con las mayores tasas de pérdida de bosques), cerca del 90% de la deforestación es atribuible a grandes empresas privadas que venden sus cosechas de palma aceitera a procesadoras transnacionales de alimentos aún más grandes. En América Latina, 71% de la pérdida de bosques se debe al aumento de la ganadería industrial. En Centroamérica, el cambio del uso de suelo de bosques a forrajes destruyó casi 40% de los bosques en 40 años. El 75% de las tierras deforestadas en el Amazonas brasileño está ocupado por ganaderos. Más de 90% de la madera tropical se comercia de manera ilegal. La cadena agroindustrial y los gobiernos subreportan siempre la explotación y daños a los bosques.

• Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), entre 50% y 90% de la tala comercial de maderas tropicales es ilegal o está subregistrada.

• En 2014, los satélites calcularon con un error de 25% la biomasa existente en la Amazonía.

• Entre 1990 y 2010, la tasa de pérdida de bosques y selvas tropicales se aceleró en 62% en vez de reducirse en 25% como se afirmaba.

• Se acepta como hecho científico que la esperanza de vida de los árboles tropicales ha disminuido 33% desde la década de los ochenta: los árboles crecen más rápido pero mueren más temprano.

Estos errores de cálculo significan que el volumen de carbono capturado por la Amazonía anualmente desde los años noventa no fue 2 mil millones de toneladas, sino sólo la mitad.

Se acusa a los campesinos de ser los responsables de la deforestación, pero la industria de productos madereros primarios se enfoca en 0.5% de los árboles conocidos (450), mientras que los campesinos y comunidades indígenas de los bosques cuidan 80 mil especies forestales para comida, cobijo, vestido y medicina. Los bosques y sabanas brindan entre 10 y 15% de la alimentación mundial y como se dijo antes, los cuidan sus habitantes, no los gobiernos de los países donde se encuentran. Grupo ETC, ¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina o la cadena agroindustrial?, 2017: 11, “Quién resguarda nuestros bosques y los alimentos que provienen de ellos?” http://www.etcgroup.org/sites/www.etcgroup.org/files/files/etc-quiennosalimentara-2017-es.pdf

El famoso biochar que supone desarrollar extensas plantaciones de árbolespara después quemar su biomasa hasta convertirla en carbón, y luego enterrarla —lo que supuestamente “secuestra carbón hacia el suelo y le incrementa la fertilidad al suelo”, es una extrapolación bastante aventurada de las prácticas ancestrales de ciertos pueblos amazónicos que durante milenios han promovido mayor fertilidad de sus suelos con carbón (la llamada terra preta o “tierra oscura”). Pero les llevó milenios el proceso. Lo que ahora se propone, con gran ignorancia e irresponsabilidad, es extremar la intensidad del proceso (y su escala) para hacerlo “viable” en pocos meses, o semanas, o de manera instantánea. Es decir, el biochar termina siendo uno más de los experimentos industriales, en este caso muy violento y sumamente nocivo, que promueve el monocultivo, los fertilizantes, la homogenización de la biodiversidad y la expulsión de campesinos de sus tierras para supuestamente mitigar el cambio climático con más calor. Como ponerle gasolina al fuego. Biochar; como ponerle gasolina al fuego, Biodiversidad 61, p. 52

Una coalición de compañías emergentes, consultores y algunos especialistas en suelos promueven una nueva “solución”para el cambio climático: convertir grandes cantidades de madera y otros tipos de biomasa a un fino polvo de carbón vegetal (eufemísticamente llamado biochar, “biological charcoal”,carbón vegetal en inglés) que se aplicaría a suelos agrícolas. […]

El carbón vegetal no es en sí mismo un fertilizante. Los agricultores indígenas lograron combinarlo con residuos orgánicos para aportar mayor fertilidad a los suelos, pero lo que proponen los defensores del biochar exigiría despojar grandes extensiones de tierra de los residuos vegetales de cultivos y bosques para fabricar carbón vegetal, en un proceso muy distinto. La eliminación generalizada de residuos agota el suelo y aumenta las probabilidades de erosión, y deja a los bosques más vulnerables y menos biodiversos. También causaría dependencia de los fertilizantes basados en combustible fósil, porque los residuos ya no volverán al suelo.

No se ha tenido en cuenta el potencial de contaminación del suelo y el aire, que podría ser grave.

No existe una cantidad de residuos tal que pueda producir las cantidades de carbón vegetal que se anuncian. La madera es el tipo de biomasa de la que se obtiene más carbón vegetal, y se necesitarían grandes cantidades y a bajo costo. Las plantaciones industriales de árboles son la fuente más probable de biochar a gran escala. El anunciado “potencial” de miles de millones de toneladas de biochar se basa en la falsa idea de que hay vastas superficies de tierras de cultivo “abandonadas” que podrían ser apropiadas, como si la gente, la biodiversidad y el clima no dependieran de tierras que no están todavía en régimen de monocultivos. Los mismos argumentos se han utilizado para justificar la apropiación de grandes zonas de pastizal, tierras comunitarias y bosques, con consecuencias desastrosas para la gente y también para el clima, ya que cuando se cortan los árboles y otro tipo de vegetación, y se ara la tierra, se liberan grandes cantidades de carbono, y junto con la gente otras actividades agrícolas son empujadas a los bosques que van quedando en pie.

Las propuestas de incluir el biochar en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (mdl) del Convenio sobre Cambio Climático no se limitan a los “residuos”. Ya se aprobó la primera metodología mdl para dedicar plantaciones de árboles a carbón vegetal como combustible, para la empresa Plantar en Minas Gerais, Brasil. Se aplica al carbón vegetal como combustible pero si los defensores del biochar se salen con la suya, es posible que tengamos muchos más eucaliptos y otros monocultivos para carbón vegetal, lo que significa más apropiaciones de tierra y más catástrofes para los pueblos indígenas y los campesinos de los países del sur. Almuth Ernsting, BiofuelWatch, Reino Unido, Boletín del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (wrm), 21 de septiembre, 2009

Tras la conferencia de Varsovia, una mirada a las propuestas en la mesa muestra que únicamente implican proseguir con los negocios como siempre: nuevas semillas genéticamente modificadas desarrolladas por las corporaciones de biotecnología, más fertilizantes y plaguicidas químicos producidos por los gigantes de la agroquímica, y más cultivos industriales “biointensivos”. “La agricultura con astucia climática se ha convertido en el nuevo lema del establishment de la investigación agrícola y del sector corporativo, con el fin de posicionarse como la solución para las crisis alimentaria y climática”, dice Pat Mooney, del Grupo ETC. Para los campesinos del mundo, no hay nada inteligente en esta agricultura. Es sólo otra forma de promover las tecnologías que controlan las corporaciones para que invadan sus parcelas y los despojen de sus tierras”.

Al mismo tiempo, esas corporaciones están desarrollando otras tecnologías de alto riesgo, que van de la biotecnología a la nanotecnología y la biología sintética. Sus impactos no se comprenden con claridad y son tecnologías que podrían descontrolar aún más nuestro ya frágil planeta en vez de remediar el clima y las crisis ambientales.

Debe defenderse el papel central de la agricultura, que es alimentar a la gente y brindar medios de sustento a los agricultores en el mundo, insiste Elizabeth Mpofu de Vía Campesina. “Los derechos sobre nuestras parcelas, territorios, semillas y recursos naturales deben permanecer en nuestras manos para que seamos capaces de producir alimentos y cuidar de nuestra Madre Tierra como hemos hecho por siglos los campesinos. No permitiremos que los mercados de carbono conviertan nuestro arduo trabajo en sumideros de carbono para que los contaminadores del mundo sigan con sus negocios como si nada”. Vía Campesina, GRAIN y Grupo ETC, “Cumbre climática: no conviertan a los campesinos en traficantes de carbono ‘con astucia climática’”, 7 de noviembre de 2013.

Hay cinco pasos inescapables en busca de una agricultura que ayude a remediar la crisis climática.

1. Un viraje hacia métodos sustentables e integrados de producción. Las separaciones artificiales y las simplificaciones que trajo consigo la agricultura industrial deben deshacerse, y hay que reunir de nuevo los diferentes elementos que conforman los sistemas agrícolas sustentables. Los cultivos y los animales deben reintegrarse de nuevo en la finca. La biodiversidad agrícola tiene que tornarse, de nuevo, el fundamento de la producción alimentaria y debe reactivarse el sistema de cuidado e intercambio de semillas. Los fertilizantes y los plaguicidas químicos deben sustituirse por formas naturales de mantener el suelo saludable y de controlar plagas y enfermedades. Reestructurar así el sistema alimentario ayudará a crear las condiciones que permitan emisiones cercanas a cero en las fincas.

2. Reconstituir el suelo y retener el agua. Tenemos que tomar el suelo en serio. Necesitamos un esfuerzo global masivo para volver a juntar materia orgánica en los suelos, y así devolverle fertilidad. Décadas de maltrato de suelos con químicos en algunos lugares, y la erosión de los suelos en otras partes, dejaron los suelos exhaustos. Los suelos saludables, ricos en materia orgánica, pueden retener enormes cantidades de agua, que serán necesarios para crearle al sistema agrícola la flexibilidad y el aguante necesarios como para resistir las crisis climática y de agua que ya se ciernen sobre nosotros. Aumentar la materia orgánica en los suelos de todo el mundo ayudará a capturar cantidades sustanciales del actual exceso de CO2 que hay en la atmósfera.

3. Desindustrializar la agricultura, ahorrar energía y mantener a la gente en su tierra. La agricultura familiar en pequeña escala debe volver a ser el fundamento de la producción de alimentos. Haber permitido la enorme acumulación de empresas de agricultura mega-industrial que producen mercancías para el mercado internacional en lugar de comida para la gente, provoca ámbitos rurales vacíos, ciudades sobrepobladas y la destrucción de muchos modos de sustento y cultura. Desindustrializar la agricultura ayudaría también a terminar con el tremendo desperdicio de energía que ahora produce el sistema de agricultura industrial.

4. Cultivar en las inmediaciones y cortar el comercio internacional. Uno de los principios de la soberanía alimentaria es priorizar los mercados locales sobre el comercio internacional. El comercio internacional de alimentos en consorcio con las industrias de procesamiento y los supermercados en cadena son quienes más contribuyen a la crisis climática. Todo esto puede detenerse en gran medida si se reorienta la producción de alimentos a los mercados locales y a la subsistencia familiar, comunitaria. Lograr esto es probablemente la lucha más dura de todas, ya que el poder corporativo se ha concentrado en mantener el sistema de comercio creciendo y en expansión. Y muchos gobiernos están felices con esto. Algo que debe cambiar si somos serios en nuestra respuesta a la crisis climática.

5. Cortar la economía de la carne y buscar una dieta más sana. Tal vez la transformación más profunda y destructiva que conlleva el sistema alimentario industrial es la industrialización del sector ganadero. Lo que solía ser una parte integral y sustentable de los modos de vida rurales, es ahora un sistema de fábricas mega-industriales de carne diseminadas por todo el mundo, controladas por unos cuantos. La economía de la carne a nivel internacional, que creció cinco veces en las últimas décadas, contribuye a la crisis climática de un modo enorme. Es parte del problema de obesidad en los países ricos, y ha destruido —mediante subsidios y comercio desleal— la producción local de carne en los países pobres. Esto debe detenerse, y las tendencias de consumo, especialmente en los países ricos, deben alejarse de la carne. El mundo necesita regresar a un sistema descentralizado de producción y distribución de carne, organizado de acuerdo a las necesidades de la gente. Deben restaurarse y recuperarse los mercados que surten carne de pequeñas fincas a los mercados locales, a precios justos. Debe frenarse el comercio desleal a nivel internacional. GRAIN, Cinco pasos urgentes, recuadro de “El fracaso del sistema alimentario transnacional”, www.grain.org

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