La reputación del dodo como un animal tonto podría haber sido injusta.
Durante siglos se creyó que esta ave extinta era torpe, una imagen que se mantuvo mucho después de su desaparición.
Un grupo de científicos decidió poner a prueba esta idea usando tomografías de sus cráneos.
Lo que encontraron al reconstruir digitalmente el interior de esos huesos puso en duda algunas de las ideas que arrastramos desde hace siglos sobre esta especie.
¿Era realmente tan torpe el ave que todos recuerdan como un símbolo de extinción?
Cómo se llegó a la conclusión de que el dodo es un animal torpe
A diferencia de lo que se piensa, el dodo vivió únicamente en la isla Mauricio, en el océano Índico, hasta su extinción en el siglo XVII.
No dejó pieles conservadas ni demasiados registros sobre su comportamiento mientras estuvo vivo.
La imagen que tenemos del comportamiento del dodo se construyó después de su desaparición a partir de relatos breves y, muchas veces, poco precisos de quienes llegaron a verlo con vida.
Se sabe que anidaba en el suelo y mostraba poco temor a los humanos.
Como había evolucionado sin depredadores mamíferos, esa falta de miedo terminó interpretándose como torpeza.
Una fama que su pariente más cercano, el solitario de Rodrigues (Pezophaps solitaria), no cargaba de la misma forma.
La comparación del dodo con docenas de otras especies vivas
Un equipo de investigación de la Universidad de Copenhague analizó tomografías de tres cráneos de dodo, incluidos los dos únicos ejemplares completos conocidos, y los comparó con el solitario de Rodrigues y decenas de palomas y tórtolas actuales.

Al examinar estos huesos y sus aberturas nerviosas, los científicos lograron reconstruir parte de su estructura neurológica.
El objetivo era entender cómo percibían el mundo estas aves extintas y, por supuesto, si tenían características que justificaran la reputación que las acompañó durante siglos.
Y ahí aparecieron diferencias interesantes.
Mientras el solitario mostró características bastante similares a las de otras palomas, el dodo presentó varias particularidades que llamaron la atención de los investigadores.
Qué reveló el cerebro del dodo
Los investigadores encontraron que, en proporción al cerebro, los lóbulos ópticos del dodo eran más de tres veces menores que los de su pariente vivo más cercano.
Este tipo de reducción se parece más a lo que se observa en algunas aves adaptadas a condiciones de poca luz que a las palomas que están activas durante el día.
Sus bulbos olfativos también eran relativamente grandes, lo que sugiere que pudo depender bastante del olfato, aunque todavía faltan datos para confirmarlo.
También encontraron indicios de un nervio trigémino desarrollado cerca del pico, posiblemente relacionado con la sensibilidad de su enorme pico.
La estructura de su oído interno también sugiere que el dodo y el solitario pudieron comunicarse mediante sonidos de frecuencia muy baja.
Los investigadores plantean incluso la posibilidad de que el dodo pudiera estar activo al amanecer, al anochecer o durante la noche. Si fuera así, una posible ventaja habría sido evitar parte de la competencia por alimento con las tortugas gigantes que también habitaban la isla.
Pero el dato más interesante apareció al analizar la zona del cerebro relacionada con la cognición
Los análisis no mostraron que esta región fuera más pequeña de lo esperado en comparación con otras palomas.
Eso no demuestra que el dodo fuera especialmente inteligente, pero sí pone en duda la vieja idea de que era un animal particularmente tonto.
Durante siglos lo juzgamos a partir de relatos incompletos y de una imagen que terminó convirtiéndose casi en una caricatura.
Reducir su historia a la palabra «tonto» quizá nunca fue justo.
El estudio completo está disponible en: Citron, S., Hipsley, C. A., Hume, J., James, H., Hosner, P. A., Czeibert, K., Keirnan, A., Silva, A. C. C. R., Walsh, S., Weisbecker, V., & Iwaniuk, A. N. (2026). The sensory world of the Dodo and Solitaire revealed by endocast and skull anatomy. Zoological Journal of the Linnean Society, 207(4), zlag123. https://doi.org/10.1093/zoolinnean/zlag123
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