El glaciar Thwaites, conocido como el glaciar del Juicio Final, lleva años siendo una de las mayores preocupaciones de los científicos por la velocidad con la que está cambiando.
Su retroceso es constante y desde hace tiempo ocupa un lugar central en las investigaciones sobre el futuro de la Antártida Occidental y el aumento del nivel del mar.
Ahora, un estudio de la Universidad Nacional de Australia ha revelado cientos de señales sísmicas relacionadas con el glaciar que habían pasado desapercibidas durante años.
¿Qué es lo que nos están diciendo estos datos?
¿Por qué nadie había visto estas señales?
Por si no lo conocías, el glaciar Thwaites es una de las masas de hielo más grandes y monitoreadas de la Antártida.
Para hacerse una idea de su tamaño, ocupa una superficie similar a la del estado de Florida y su retroceso es seguido muy de cerca por la comunidad científica.
De ahí proviene su apodo, ya que su retroceso podría contribuir a cambios importantes en el nivel del mar durante los próximos siglos.
Lo que hace al Thwaites especialmente vulnerable es que una parte importante de su base está en contacto con el océano.
Si el hielo continúa retrocediendo, el agua relativamente cálida puede penetrar cada vez más bajo el glaciar y acelerar ese proceso, un comportamiento que los científicos siguen intentando comprender.
Durante una investigación reciente, al revisar datos recogidos entre 2010 y 2023 mediante estaciones sísmicas instaladas en la Antártida, el investigador Thanh-Son Pham identificó más de 360 eventos que no aparecían en los catálogos convencionales.
La mayoría de esos eventos se localizaron cerca del frente marino del Thwaites, donde el glaciar entra en contacto con el océano.
El significado detrás estos sismos
El periodo con mayor concentración de señales ocurrió entre 2018 y 2020, coincidiendo con cambios importantes observados por satélite en la velocidad de una de las lenguas de hielo del Thwaites.
Aunque los investigadores no pueden afirmar que exista una relación directa, esa coincidencia temporal se ha convertido en una de las principales preguntas del estudio.
La explicación más probable es que, cuando un iceberg alto y relativamente estrecho se desprende del frente del glaciar, pierde estabilidad y comienza a volcar.
Durante ese movimiento puede golpear o presionar la masa de hielo de la que acaba de separarse, generando vibraciones capaces de viajar a grandes distancias y ser detectadas por estaciones sísmicas.
El estudio, publicado en una revista del grupo Wiley, describe el método utilizado para identificar estos terremotos glaciares que habían pasado inadvertidos durante años.
Detectar este tipo de señales en la Antártida resulta especialmente difícil porque suelen ser mucho más débiles que las registradas en otras regiones heladas del planeta.
Los investigadores todavía no saben con exactitud qué condiciones oceánicas o glaciales provocaron ese aumento de actividad entre 2018 y 2020. Esa es ahora una de las principales preguntas abiertas.
Si logran responderla, podrían comprender mucho mejor cómo interactúan el océano, el hielo y los grandes desprendimientos que experimenta el Thwaites.
Hay que escuchar al hielo para entender qué es lo que viene
El valor de descubrir estos eventos no está solo en reconstruir lo que ocurrió en el pasado.
También abre la posibilidad de vigilar el comportamiento de los grandes icebergs en una de las regiones más inaccesibles del planeta.
Si futuras investigaciones confirman estos resultados, este tipo de señales podría convertirse en una nueva herramienta para seguir desprendimientos y la dinámica de los icebergs en lugares donde instalar instrumentos resulta extremadamente difícil.
Es importante no sobrevalorar lo que significan estos terremotos.
No son una señal de que el glaciar vaya a colapsar de forma inmediata. El proceso por el que el Thwaites podría contribuir al aumento del nivel del mar se desarrolla a lo largo de décadas o incluso siglos.
Sin embargo, este glaciar contiene suficiente hielo como para elevar el nivel medio del mar alrededor de 65 centímetros si desapareciera por completo.
Además, su retroceso también puede influir en la estabilidad de sectores mucho mayores de la Antártida Occidental, por lo que comprender su comportamiento sigue siendo una prioridad para la comunidad científica.
Durante años, estos terremotos glaciares pasaron desapercibidos en los registros convencionales. Ahora, el análisis de trece años de datos ofrece una nueva forma de escuchar cómo evoluciona el Thwaites y de comprender mejor una dinámica que todavía guarda muchas incógnitas. Es importante recordar que estas señales no anuncian un colapso inmediato, sino que ayudan a seguir de cerca la evolución de uno de los glaciares más importantes del planeta.
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