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Tecnología

La mujer parecía tan real durante las videollamadas que el hombre nunca imaginó que quizás estaba hablando con un rostro que pudo haber sido generado por inteligencia artificial y terminó perdiendo US$400 000 en una falsa plataforma de criptomonedas

Por Skarlett Soto · 18 agosto, 2026 · 2:55 p. m. · 5 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La mujer parecía tan real durante las videollamadas que el hombre nunca imaginó que quizás estaba hablando con un rostro que pudo haber sido generado por inteligencia artificial y terminó perdiendo US$400 000 en una falsa plataforma de criptomonedas
Imagen generada con inteligencia artificial
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Para Chris Colocousis, una breve videollamada de unos pocos segundos fue suficiente para confiar en la mujer del otro lado de la pantalla.

Parecía tan real, con pequeños detalles y rasgos tan naturales, que jamás se le pasó por la cabeza estar frente a una identidad manipulada o creada con inteligencia artificial.

Aunque hasta ahora no se ha podido confirmar si realmente se utilizó IA para crear o modificar ese rostro.

¿Cómo logró una identidad que todavía sigue siendo incierta convencerlo de que la persona al otro lado de la pantalla era real?

¿Estamos preparados para distinguir a una persona real de un perfil falso?

Cómo logró «Eliza» ganarse la confianza de Colocousis 

Todo comenzó con un mensaje simple en Facebook.

Eliza se presentó como una experta en finanzas que trabajaba para una conocida firma financiera en Atlanta y, poco a poco, se fue ganando la confianza de Colocousis.

Para eliminar cualquier duda, ella sugirió hacer una videollamada.

Cuando él respondió, vio a la misma mujer rubia de las fotos, con pequeñas ojeras y gestos muy naturales que le parecieron completamente reales.

Con la confianza ganada, Eliza lo ayudó a abrir una cuenta en una plataforma de criptomonedas.

Durante varias semanas, Colocousis vio en su pantalla cómo sus supuestas inversiones y ganancias crecían.

La trampa se completó cuando intentó sacar su dinero.

La plataforma le pidió un pago final.

Eran US$80 000 en efectivo para supuestamente liberar su dinero.

Desesperado por recuperar lo invertido, reunió los billetes y se los entregó en la puerta de su casa a un enviado que llegó en un vehículo con placas de Nueva York.

Poco después, Colocousis comprendió que había caído en una estafa.

Los US$400 000 que había reunido durante años para su jubilación se habían perdido.

El otro lado de la red: la historia del estafador forzado

Pero detrás de algunos de estos perfiles falsos existe una realidad todavía más inquietante.

No todas las personas que participan en estas estafas lo hacen voluntariamente.

Un ejemplo seguido por el FBI es el caso de Safeer Mohammed Koorimannil, un joven de la India que viajó al sudeste asiático porque le ofrecieron un trabajo en el sector turístico.

Sin embargo, terminó encerrado en un lugar en Myanmar.

Allí, lo obligaron a hacerse pasar por una mujer joven de Singapur llamada «Ella».

Tenía que gestionar muchos perfiles falsos al mismo tiempo, siempre bajo la supervisión de guardias armados.

Mientras estuvo prisionero, Koorimannil recibió órdenes muy estrictas. Tenía que ganarse la confianza de las víctimas en pocos días y luego convencerlas de que invirtieran dinero.

Según los registros que logró sacar del centro, en apenas un mes la operación había apuntado a unas 50 000 personas de al menos 17 países.

Si los trabajadores no podían interactuar con la cantidad de personas que se les pedía o no lograban engañar a las víctimas, sufrían agresiones físicas y castigos dentro de las instalaciones.

Cómo funciona la red que combina inteligencia artificial y trabajo forzado

Detrás de la pantalla, no hay solo una persona estafadora, sino centros de operaciones mucho más complejos.

Los grupos criminales crean lo que podríamos llamar «fábricas de engaño».

Estos grupos utilizan herramientas basadas en inteligencia artificial para trabajar en distintos idiomas, automatizar tareas y crear perfiles y contenidos falsos cada vez más convincentes.

Esto no demuestra que el rostro de «Eliza» haya sido generado por inteligencia artificial, pero ayuda a entender hasta qué punto estas organizaciones pueden utilizar la tecnología para construir identidades difíciles de verificar.

Pero lo más preocupante de este negocio es el lado humano.

Muchas de las personas que chatean a diario son víctimas de trata, a las que atraen con falsas promesas de empleo y luego mantienen retenidas.

Estas personas son obligadas a trabajar bajo amenazas y violencia física, y deben cumplir con cuotas diarias de víctimas, lo que crea un círculo muy perverso que mueve enormes cantidades de dinero y causa sufrimiento en ambos lados de la pantalla.

Casos como el de Colocousis muestran que las estafas virtuales ya no son intentos torpes, sino que se han convertido en operaciones muy organizadas.

Ver a alguien en video o recibir una llamada de un número local ya no es suficiente para confiar en esa persona.

Para acabar con este problema, es necesario que los usuarios estén muy alertas, pero frenar estas redes no depende únicamente de ellos.

También será importante que las empresas tecnológicas y las autoridades encuentren formas de impedir que estas herramientas terminen siendo utilizadas por organizaciones criminales.

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Skarlett Redactora
Skarlett es ingeniera ambiental y redactora con experiencia en investigación y escritura creativa. Se especializa en abordar problemáticas ambientales actuales y en analizar las tecnologías sostenibles que buscan reducir su impacto. Comprometida con el medio ambiente, destaca por ofrecer contenidos claros y objetivos que invitan a la reflexión y fomentan el desarrollo sostenible.

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