Los mayas recuperan las abejas nativas y la apicultura antigua

¿Sabías que las abejas, unos de los mayores polinizadores del mundo, viven hoy un declive dramático de su población? Una de las amenazas que enfrentan estos insectos es la pérdida de su hábitat. Sin embargo, en países como México se han unido esfuerzos para proteger a esta especie vital para la biodiversidad y los ecosistemas.

"Casa de la señora abeja": los mayas recuperan las abejas nativas y la apicultura antigua

Melipona beecheii es una de las 16 especies de abejas sin aguijón, nativa de las selvas lluviosas en el sur de México. Los apicultores locales han mantenido colonias domesticadas de ella por al menos 3000 años y sus técnicas continúan vigentes.

Diseñada por la inteligencia de un insecto, la colmena lucía como una red complicada de secreciones cerosas y cavidades laberínticas. Las abejas obreras pasaban en tropel por los recovecos. Las vainas protuberantes rebosaban de miel fresca. Era tanto orgánico como místico, sencillo pero exótico, un microcosmos feroz y organizado, alimentado con el polen meticulosamente cultivado de las flores del bosque tropical. Era algo vertiginoso para nuestros ojos humanos.

El cuidador de la colmena, Rogel Villanueva Gutiérrez, es un biólogo que se especializa en las interacciones entre abejas y bosques tropicales.

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El biólogo Rogel Villanueva Gutiérrez y su meliponario en El Colegio de la Frontera Sur en Chetumal, Quintana Roo. Foto: Richard Arghiris para Mongabay.

“Para poder conservar las abejas, se debe conservar el bosque —explicó él—. Para poder conservar el bosque, se deben conservar las abejas. Las abejas no pueden vivir sin el bosque. El bosque no puede vivir sin las abejas”.

Melipona beecheii es una de las 16 especies sin aguijón que habitan los bosques de la Península de Yucatán en el sur de México. Su nombre en maya yucateco es Xunán-Kab: señora abeja.

Al igual que una dinastía real cuya casa ha perdurado por siglos, la Xunán-Kab ha sido parte de la cultura maya yucateca por muchas generaciones. Los apicultores locales han mantenido colonias domesticadas de Xunán-Kab por al menos 3000 años, pero en tiempos modernos se han dedicado a la abeja europea (Apis mellifera) y a la abeja africanizada, que son más productivas. Nadie sabe cuántas colonias de Xunán-Kab existen en estado silvestre, pero la especie (al igual que otras abejas sin aguijón) es una polinizadora prolífica del bosque tropical. Según Villanueva, la deforestación (ya sea por causa humana o por los huracanes) tiene un impacto serio en las poblaciones silvestres, pero la cría de abejas es una manera de mitigar la pérdida de colmenas silvestres.

En el 2005 Villanueva publicó los resultados de una encuesta longitudinal sorprendente de apicultores de M. beecheii en la Zona Maya del estado de Quintana Roo, un enclave indígena montado por separatistas mayas en el siglo XIX. Mostró una disminución del 93 % en la cría tradicional de abejas en un cuarto de siglo. De las 1000 colonias que se sabía que existían en 1981, solo 90 sobrevivían en 2004. “Si continúa esa tendencia, para el 2008, no quedará ninguna colonia domesticada”, escribieron Villanueva y sus colegas.

A fines del 2018, Mongabay se propuso ver si sus predicciones se habían cumplido.

El centro de investigación ecológica

En la capital del estado, Chetumal, nos encontramos con Villanueva en su oficina en el Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), un centro público de investigación y de educación superior, que trabaja por el desarrollo sustentable de personas marginadas en los estados fronterizos del sur, incluidos los aborígenes mayas.

Ubicada en las afueras de la Zona Maya, la modesta ciudad de Chetumal queda a 383 km (238 mi) al sur de Cancún y de su serie de complejos turísticos cerca de la playa, muy prolijos y cuidados. En un mundo aparte del escenario turístico internacional, el implacable derrame de bosque tropical enmarañado de la zona se ve interrumpido por aldeas mayas y por lagunas aletargadas.

Entre los matorrales descuidados que rodean el campus de ECOSUR, el meliponario de la Universidad, o “casa de las abejas”, está administrado por Villanueva y sus técnicos como un proyecto de investigación y conservación. Consiste en una serie de modernas colmenas tipo cajón, llamadas “cajas racionales”, y las tradicionales colmenas de tronco hueco, llamadas “jobones”, organizadas en estantes bajo un refugio hecho con hojas de palma. Un técnico abrió una para que pudiéramos verla.

En el interior, un enjambre de miles de Xunán-Kab tenía casi una cualidad eléctrica, como si la colmena fuera estimulada por una energía singular. Cuando la tapa está puesta, las abejas entran y salen por una única abertura, vigilada por una guardiana. La temperatura de la colmena está regulada por las paredes de cerumen diseñadas por las abejas (cera más resina de árbol). Unas cápsulas almacenan miel y polen. El panal alberga las crías.

Estas abejas son criaturas amables y animadas. Tienen ojos azules, vello naranja y blanco en el tórax, mandíbula cortante, abdomen a rayas, pero no tienen aguijón. La investigación de Villanueva incluye analizar el polen que llevan a casa para determinar qué especies de plantas utilizan como alimento. Descubrió que las Xunán-Kab, al igual que sus principales competidoras (las abejas europeas y las africanizadas), se alimentan de plantas de sotobosque y de maleza. Pero, a diferencia de las otras dos clases, también polinizan árboles nativos en doseles arbóreos más altos. La Xunán-Kab es una parte realmente vital para el ecosistema del bosque tropical.

Con tanto en juego, es una buena noticia que la apicultura tradicional, lejos de extinguirse, como Villanueva había predicho con pesimismo, está experimentando un modesto resurgimiento. Hace varios años, Villanueva reunió a 50 personas locales y los capacitó en la cría de la Xunán-Kab, lo que rescató ese arte de la extinción. La apicultura tradicional en Quintana Roo ha crecido desde entonces, y el Gobierno está financiando a aspirantes a apicultores.

Sin embargo, Villanueva se apresuró a señalar problemas: sostiene que los cazadores furtivos están robando colmenas silvestres para comenzar operaciones con abejas o para venderlas a potenciales emprendedores. Asimismo, algunos apicultores con capacitación inadecuada están administrando mal las colonias; esto causa que las abejas se vayan o se mueran. En otros casos, los especuladores locales compran la totalidad de las colmenas de apicultores ancianos. Y, cuando un abuelo o una abuela vende sus colmenas, se pierde una vida de conocimiento ecológico tradicional.

Una comunidad agrícola

En la pequeña comunidad agrícola de La Pantera, Juan Manuel Torres Zapien y su familia tienen 98 colmenas, es decir, 8 más de las que Villanueva registró en todo el estado de Quintana Roo en el 2004. Torres, que fue parte del primer grupo capacitado por Villanueva, ahora enseña a otros sobre la cría de Xunán-Kab. También lidera una cooperativa regional con 42 apicultores. Su misión es ayudar a rescatar a las abejas, y esperan lograrlo mediante la expansión del mercado para su miel, que pasaría de ser local a ser nacional y, tal vez, un día podría ir más allá.

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Juan Manuel Torres Zapien inspecciona una colmena en uno de los dos meliponarios de su familia, en La pantera, estado de Quintana Roo. La colmena está albergada en una caja construida en el taller de carpintería de su familia. Foto: Richard Arghiris para Mongabay.

Según Torres, la cría de Xunán-Kab es una actividad familiar que integra a toda la comunidad. Para tener la capacidad suficiente para expandirse, él quiere que cada comunidad de Quintana Roo tenga su meliponario. Sostiene que la producción de miel debería estar en manos de cooperativas y no de grandes empresas. Y como la Xunán-Kab ayuda a polinizar sus árboles frutales orgánicos, su enfoque es claramente agroecológico.

“En la pequeña granja donde trabajamos, tenemos cocos —señaló él—. El cocotero produce flores y flores y flores y flores hasta el final de su ciclo vital. Junto a estos, colocaré unos capulines. El capulín también produce néctar durante todo el año. Habrá mamey, que también produce fruta todo el año. Y tendremos mango, aguacate y guayaba, que también florecen durante gran parte del año”.

Torres parece encarar la cría de Xunán-Kab con la mentalidad técnica de un ingeniero. Habló sobre diseño de colmenas, sobre que las cajas racionales modernas son más fáciles de mantener que los jobones tradicionales, y sobre que el tamaño de la caja parece influir en el temperamento de las abejas y en el color de sus secreciones. Comentó con entusiasmo sobre diseños de Tailandia y nos mostró en su móvil fotos de casas de abejas elaboradas.

En el presente, sin embargo, no está en el negocio de producir miel. Se dedica a dividir colmenas; corta y trasplanta panales para crear colonias nuevas. “En la actualidad, hay 50 o 60 reproduciéndose —explica—. Estamos invirtiendo energía, pero no cubrimos los costos”. Su objetivo es expandir su meliponario a 300 colmenas. A partir de allí, espera producir alrededor de cuatro toneladas de miel por año.

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La Xunán-Kab es una especie dócil y sin aguijón. No es necesaria ropa protectora para mantener las colmenas. Foto: Richard Arghiris para Mongabay.

Al igual que Villanueva, Torres expresó su preocupación por personas inescrupulosas, incluidas “personas que quieren controlar la meliponicultura… que quieren vender miel, pero no quieren invertir”. No obstante, tiene una actitud positiva respecto del futuro. Él y sus colegas apicultores están formando una asociación civil llamada “Capacitadores Orgánicos y Ecológicos”. Esperan obtener financiamiento y tal vez colaborar con una fundación internacional. Estarán listos para llevar su miel al mercado en dos años.

La escuela agroecológica

En 1992 un grupo de sacerdotes católicos fundaron U Yits Ka’an (Rocío del cielo) en el estado de Yucatán. Es una escuela agroecológica privada con una filosofía arraigada en la teología de la liberación y en el conocimiento maya tradicional. Con apoyo de organizaciones internacionales, incluidas la fundación W.K. Kellogg, con sede en Estados Unidos, la ONG Heifer International y la ONG Slow Food México, lograron capacitar con éxito a 300 granjeros mayas en la cría de abejas sin aguijón y al doble en agroecología.

Alfredo Serralta Interián, quien lleva adelante los cursos sobre cría de abejas, señaló que la cantidad de criadores de Xunán-Kab en Yucatán está aumentando. Cuando comenzaron a enseñar, “buscaron y buscaron” a apicultores que donaran colmenas para las comunidades. Ahora, según él, hay grupos que tienen “70, 60, 50 cajas; uno tiene 100 y otro, casi 200”.

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Las abejas sin aguijón se conservan en un meliponario, o casa de abejas, como este en la escuela agroecológica U Yits Ka’an, en el estado de Yucatán. Foto: Richard Arghiris para Mongabay.

A diferencia de Quintana Roo, el estado de Yucatán tiene un historial de asentamiento colonial intensivo. Enclavada entre un bosquecillo perfumado de cítricos, la aldea soporífera de Mani, donde se ubica U Yits Ka’an, es tristemente célebre por ser el lugar del auto de fe del obispo Diego de Landa. El 12 de julio de 1562, él quemó la colección singular de códices mayas, lo que destruyó un registro de miles de años de historia maya. Hoy en día, como centro de resistencia cultural, la escuela rescata y revitaliza el conocimiento tradicional y forja nuevas conexiones con el pasado ancestral.

El proyecto Xunán-Kab de la escuela se llama Cuxan Suum (Soga de la vida), una referencia a un mito local sobre una soga mágica encontrada por los conquistadores españoles dentro de un sumidero, en Mani. La soga conectaba una comunidad maya con otra y, con ese mismo espíritu, el proyecto conecta cuatro comunidades y cuarenta familias. Cada participante se ocupa de tres colmenas y aprende a cosechar y a dividirlas. Después de dos años, le dan tres colmenas a otra familia.

Serralta señaló que U Yits Ka’an está trabajando con académicos para descifrar partes del Códice de Madrid (uno de los tres códices mayas que quedan) para obtener conocimientos nuevos sobre la cría tradicional maya de abejas. La escuela también utiliza el Tzolkin, el calendario lunar maya, que establece que la división de colmenas debe ajustarse a las fases lunares. “Con respecto a las abejas meliponas y la división de colmenas, lo hacemos cerca de la luna llena —explicó Serralta—. Los mayas creían que la luna llena era como el sol. Produce energía. Entonces, cuando hay una división, ayuda a las abejas a aprovechar esa energía, y están más activas”.

Según el calendario, los antiguos mayas honraban a la Xunán-Kab con una importante celebración en el mes de octubre. En los últimos dos años, U Yits Ka’an organizó un festival similar: reunió apicultores locales para compartir sus experiencias, debatir sobre los desafíos y aprender unos de otros. En el 2018 el festival incluía un taller sobre la importancia de rescatar especies de abejas nativas, charlas de expertos sobre los beneficios de la miel de Xunán-Kab para la salud, y una ceremonia maya.

En el fondo, Serralta atribuye el éxito de la escuela en la promoción de la cría de Xunán-Kab al conocimiento tradicional, que le enseñó a su equipo a administrar las colmenas, y a la ciencia, que les enseñó las propiedades de la miel para poder publicitar y vender sus productos.

Una cooperativa de mujeres

Melitz’aak es una cooperativa de buena reputación, conformada por mujeres que practican tanto la apicultura como la cría de meliponas. En su tienda, en la ciudad de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, una de las fundadoras, Lizbeth Rosario Pool Uc, explicó que el color, la consistencia y el gusto de la miel varían según la especie de la abeja y el polen.

En primer lugar, nos mostró unas cucharadas de miel muy dulce de Xunán-Kab, mezclada con polen puro. Luego, nos ofreció muestras de una miel más económica y apenas ácida. Por último, trajo de otra habitación una botella con un líquido negro. “Esto es lo bueno —comentó, ansiosa por que lo probáramos—. No vendemos esto. Es solo para nosotros”. Hecha por las abejas sin aguijón llamadas “trigonas”, la miel tiene un gusto complejo y fermentado. Provoca una fuerte reacción en la boca. “Este es el mejor remedio”, afirma.

La miel de abejas nativas sin aguijón ha sido utilizada desde tiempos precolombinos para tratar una serie de dolencias. De hecho, su uso primario no era como endulzante. En la actualidad, los mayas continúan utilizando miel de abejas sin aguijón y otros productos como propóleo, un pegamento para construir y reparar colmenas, y polen para fines medicinales. Pool recitó sin parar las muchas dolencias que pueden ser tratadas: cataratas, infecciones oculares, problemas estomacales, gastritis, heridas, enfermedades de la piel y más.

Entretanto, según los estándares alimenticios establecidos en el Codex Alimentarius, una serie de regulaciones internacionales relacionadas con la producción de alimentos, la miel de Xunán-Kab no puede clasificarse como miel porque su contenido de humedad es mayor al 20 %. Por lo tanto, no puede ser comercializada internacionalmente. Pero eso no le preocupa a Melitz’aak porque el mercado local es fuerte. Si bien las abejas europeas y las africanizadas producen alrededor de diez veces más miel por colmena que las Xunán-Kab, la miel melipona se vende por un precio 25 veces más alto que el de la miel apis: 1000 pesos (50 dólares) por litro comparado con 40 pesos (2 dólares). En efecto, Pool señala que es su producto más popular entre los clientes locales, quienes lo mezclan con hierbas, como medicamento tradicional.

Pool nos presentó a su hijo, Darwin Pool Pech, biólogo de unos ‘veintipico’ años. Pool Pech, un exalumno de Villanueva, cuya tesis comparaba la manera de buscar alimento de las Xunán-Kab en Felipe Carillo Puerto y en Chetumal, está expandiendo su meliponario a 100 colmenas. Quiere 50 para dividirlas y 50 para producir miel. El meliponario está dentro de un jardín botánico que contiene orquídeas, citronela y hierbas medicinales tradicionales. Con jobones y con cajas racionales, cría Xunán-Kab y varias especies de trigonas. Las colmenas tienen carteles pintados a mano con el nombre científico y el nombre maya de las abejas.

Al igual que otras personas con las que habló Mongabay, Pool Pech expresó optimismo, a pesar de los desafíos que enfrentan las abejas nativas y la cría tradicional de abejas. “Ya se ha brindado mucha ayuda para la cría de abejas nativas —explicó él—. Mucha capacitación, educación y preparación. Tengo mucha esperanza para el futuro. Creo que va a continuar creciendo”.

Y, naturalmente, como biólogo, Pool Pech comprende la relación entre las abejas sin aguijón y el bosque tropical. Su objetivo es preservar tantas especies como sea posible de las 16 especies nativas de la Península de Yucatán. Básicamente, espera enseñar a los niños y a la comunidad local sobre la importancia de la conservación del bosque y sobre cómo las abejas nativas y la cría tradicional de abejas colaboran con la conservación.

“Las abejas nos ofrecen el servicio más importante —señala él—: polinización. Es vital para los seres humanos. Sin esto, no habría árboles. Ni plantas. Y sin estos, no habría oxígeno”.

Ecoportal.net

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