Habitat Urbano

La ciudad no cuida de los suyos

Todas las ideologías políticas sin excepción odian a las grandes ciudades e intentan limitar su crecimiento. No les parece mal la pequeña ciudad cabecera de comarca, manejable y agradable para vivir, pero todo lo que supere los cien mil habitantes les parece sospechoso. El problema es que las grandes ciudades son ya el hábitat de la mitad de la humanidad y pronto lo serán de las tres cuartas partes. ¿Qué hacemos? Normalmente, el medio ambiente urbano ocupa entre un 0 % y un 5 % de cualquier tratado o descripción del medio ambiente de una región o un país. Tras hablar largo y tendido sobre montañas, páramos, bosques, lagos y zonas húmedas, costas y espacios naturales e incluso rurales hay que rellenar el capítulo final sobre la ciudad. Es un medio ambiente artificial, hostil y lamentable en general.

Para empezar, podríamos aceptar que las ciudades siguen siendo la mejor opción par la sostenibilidad, ya que son la mejor forma de congregar e integrar personas y recursos. La pesadilla es el modelo de crecimiento que hemos tenido hasta ahora, consumiendo recursos y produciendo residuos sin pensar en las consecuencias, pero no las ciudades.

Copenhague muestra el camino

El gran Copenhague anda por los dos millones de habitantes y se está tomando en serio lo de convertirse en una ciudad viable y sostenible, resiliente ante los grandes cambios que se avecinan traídos por la crisis global. Es una cuestión de bicicletas, tejados verdes y mercados de proximidad, pero no solo eso. Hay muchos años de cultura detrás, desde 1972 como mínimo cuando Copenhague acogió la primera conferencia mundial de medio ambiente.

Copenhague es un buen ejemplo de cómo la ciudad puede ser el motor de cambio. Y el catalizador perfecto hacia el modelo de sostenibilidad, ya que cada cambio en la ciudad se convierte en exponencial precisamente por la facultad de integración que tienen las ciudades.

Ciudades listas y etiquetadas

Las Ciudades Inteligentes están funcionando a toda máquina, al menos sobre el papel. Ya existen varias certificaciones y una primera ciudad española etiquetada, Bilbao. Ahora mismo se están viendo dos corrientes de pensamiento en este asunto. Una de ellas, muy influyente, pone las TIC por encima de todo, considerando la ciudad como una red de redes de distribución de energía, materiales e información, todo interconectado en tiempo real. Con el smarthpone en mano, el ciudadano de una smart city surfeará por las redes como un smartpez en el agua. Otro enfoque pone el énfasis en el sentido común más que en la tecnología. En opinión de Elena Guerra, las TIC no son el objetivo, son el medio: “dejemos la inteligencia para los ciudadanos y pasemos de llamarlas “Ciudades Inteligentes” a llamarlas “Ciudades Sostenibles”,”

Las ciudades van por delante

“El aire de la ciudad da la libertad”, dice un antiguo proverbio alemán. En política y en sociedad, las ciudades van siempre por delante del resto del país al que pertenecen. Las ciudades tienen existencia real, mientras que los estados y las naciones son entes artificiales e inventados. Ahora, ante la pasividad de los estados en asuntos tan graves como el cambio climático, las ciudades están tomando el liderazgo de la cuestión.

Algunas piezas del puzzle de una ciudad sostenible pueden ser los tranvías, las energías renovables, la tasa de congestión del tráfico, la bicicleta pública o la economía circular. Todo esto se está poniendo en marcha en todas las ciudades del mundo. Ya saben, un sistema de ciudades unidas por una red mundial es mucho mejor que un montón de estados separados por fronteras.

De la ciudad sumidero a la ciudad ecosistema

La ciudad actual es un gran sumidero de agua, materiales y energía, que devuelve a su entorno agua residual, basura y contaminantes atmosféricos, todo en cantidades de muchos miles de toneladas. Este insostenible modelo está cambiando.

Costó mucho tiempo y esfuerzo erradicar el carbón y el fuel de la calefacción urbana, y ahora la batalla se está dando en la movilidad. No  va a ser fácil erradicar los coches de gasoil y gasolina de las ciudades. Pero ya se sabe más o menos cómo hacerlo, y cada ciudad está inventando su propio modelo de movilidad sostenible. En Madrid, por ejemplo, el sistema de bicicleta pública eléctrica está siendo un gran éxito.

Londres disfruta de su tasa de congestión, que hace pagar a los coches privados por entrar en la ciudad y usa el dinero para mejorar el transporte público. En general, todas las ciudades del mundo están viendo que liberarse de la pesada carga del coche y sus tres condenas (ruido, contaminación y ocupación del espacio) no trae más que beneficios.

Otras iniciativas pretenden cerrar circuitos dentro de la ciudad: tanto en materia de consumo de agua como de gestión de residuos, y potenciar dentro de lo posible el autoabastecimiento energético, mediante una combinación de medidas radicales de eficiencia energética y uso de energías renovables en versiones adaptadas para medio urbano, con muchos modelos ya en desarrollo.

Hace medio siglo que Alexander Mitscherlich escribió un libro  fundamental, La inhospitalidad de nuestras ciudades.  Basado en la experiencia de Alemania, el libro describe cómo una serie de intereses confluyentes estaban creando una ciudad completamente inhumana y absolutamente inviable. Ahora es nuestro turno de convertir a las ciudades en buenos lugares donde vivir, y no hemos hecho más que empezar.

Ecoportal.net

Boletín informativo de la Fundación Vida Sostenible

http://www.vidasilvestre.org.ar/

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