El umbral de 1,5 °C de calentamiento global ha sido la estrella polar de la acción climática global y el referente imprescindible para la elaboración de políticas y la evaluación del progreso desde el Acuerdo de París. Pero la concentración atmosférica de dióxido de carbono llegó el año pasado al nivel más alto en 2 millones de años; y, además, 2024 marcó el primer año en el que la temperatura promedio mundial de la superficie se elevó más de 1,5 ºC por encima de los niveles preindustriales. El World Resources Institute (WRI) expone las graves consecuencias ambientales, sociales y económicas a las que se enfrentaría el planeta si este umbral se superara en el largo plazo.
¿Qué es lo que está en juego si alcanzamos el límite de 1,5 °C?
Que un solo año cálido no implique la superación o incapacidad de llegar al objetivo de temperatura global desprendido del Acuerdo de París. En términos científicos, la variable con la que se determina la meta tiene que basarse preferiblemente en una anomalía de temperatura realmente sostenida durante un periodo de 20 años. Sin embargo, a los niveles actuales de calentamiento global que se estiman entre 1,34 °C y 1,41 °C, ya se están viviendo olas de calor, incendios, tormentas e inundaciones más intensas y frecuentes.
Si el mundo superase el límite de los 1,5 °C de calentamiento, los riesgos se multiplicarían:
Cerca de 1000 millones de personas sufrirían estrés hídrico y desertificación.
El costo de las pérdidas residuales adaptadas para los principales cultivos se estimaría en US$63 000 millones.
Aproximadamente el 14 % de las especies del mundo se verían amenazadas de extinción.
Alrededor del 24 % más de personas sufrirían inundaciones si se establecieran los niveles históricos.
Los arrecifes se reducirían entre un 70 % y un 90 %.
Riesgos de la irrupción de puntos de inflexión irreversibles
Si se incumple el objetivo de la temperatura, el riesgo de alcanzar puntos de inflexión se eleva con mucha mayor intensidad. Los puntos de inflexión son estados críticos: más allá de ellos, en determinadas partes de la Tierra, se produce un cambio inusitado e incluso irreversible (por ejemplo, el colapso de la capa de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental, con agravamiento del aumento del nivel del mar y alteraciones en las corrientes oceánicas, o descongelación repentina del permafrost boreal y liberación de ingentes cantidades de metano, un gran gas de efecto invernadero, etc.).
A temperaturas más elevadas, sistemas de circulación oceánica o ecosistemas diversos pueden colapsar completamente. Muchos de los puntos de inflexión implican trasladar a los sistemas desde un estado estable a otro (como la transformación de la selva amazónica en sabana). Después de que se produzcan este tipo de cambios masivos, resulta muy difícil revertirlos o, incluso, del todo imposible en escalas de tiempo humanas. Con cada fracción de grado más de calentamiento, los efectos y su adaptabilidad se ven superados por una serie de daños y pérdidas, que incluyen desde industrias en contracción hasta la pérdida irrecuperable de hogares.
Acciones críticas frente a un escenario de mayor calentamiento
Se considera que, a medida que se sobrepasa el presupuesto de carbono, más CO2 habrá que eliminar de la atmósfera, y por tanto habrá que disponer de una mayor inversión en tecnologías de eliminación.
Al mismo tiempo, los países tendrán que prepararse muy bien para adaptarse a niveles elevados de pérdidas y daños, dado que algunas de las consecuencias climáticas estarán más allá de la capacidad de adaptación de las comunidades. Limitar el calentamiento máximo requerirá profundas reducciones de emisiones, pero dependerá de un cambio radical en el liderazgo político y empresarial; al final, cada fracción de grado cuenta, y las decisiones que tomemos hoy darán forma inexorable al riesgo climático de las generaciones futuras.
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