La distribución de los capitales a nivel internacional manifiesta una potente contradicción con las metas en torno a la conservación del medioambiente. Para defender el medio natural se gasta una ingente cantidad de dinero, mientras que miles de millones de dólares se siguen utilizando para su irrestricta destrucción. Por cada dólar que se invierte en la recuperación del ecosistema, treinta se invierten en su deterioro. Este desequilibrio que agrava el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad y la contaminación exige que redirijamos los flujos del capital hacia ecosistemas de modelos más sostenibles.
La acentuada asimetría en las inversiones internacionales
La preeminencia de actividades perjudiciales para el medioambiente se debe, en parte, al flujo permanente de capital privado y de subsidios públicos hacia sectores con un impacto mucho más elevado: las industrias de la energía, de los servicios públicos, de los materiales básicos, del transporte y de la construcción reciben aportaciones monetarias de gran importancia.
En cambio, las soluciones basadas en la naturaleza apenas perciben una fracción de financiación, soportada en gran medida por los desembolsos estatales (cada vez menos en el caso de la contribución del sector privado respecto al total). Para conseguir los objetivos mundiales de restauración y estabilidad climática para 2030, las soluciones naturales deben multiplicarse: ese incremento tan solo representa un porcentaje menor de lo que es el producto interno bruto de todo el planeta, una meta perfectamente realizable si se orienta el capital disponible. Redirigir una pequeña porción de los recursos aplicados a proyectos destructivos sería suficiente para paliar la asimetría y asegurar la viabilidad de los ecosistemas en peligro en todo el mundo.
Nuevos marcos e ideas para la economía sostenible
Las transiciones hacia un modelo regenerativo conllevan habilitar marcos de referencia de la acción para gobiernos y empresas. Esto requiere retirar gradualmente las inversiones destructivas y los subsidios dañinos, a la vez que incrementar paralelamente las inversiones en actividades ambientales de gran calidad. Este proceso permite construir una economía de forma progresiva positiva para la naturaleza. Es decir, la lógica de una economía con el capital natural, que va reemplazando formas extractivas de manera reiterativa con formas de dar inversión a la conservación activa.
Las oportunidades de negocio en este nuevo marco de referencia ambiental incluyen campos críticos, como la agricultura regenerativa, la explotación del bosque sostenible o la adaptación de cadenas de suministro libres de deforestación. Herramientas financieras innovadoras, como el crédito de la biodiversidad, los mercados de carbono regulado o los bonos verdes, también pueden facilitar la integración de asuntos ambientales sobre los negocios. Cientos de organizaciones evalúan y gestionan de forma regular las dependencias y el impacto sobre los recursos vivos globales.
Acciones en aplicación y beneficios del cambio estructural
Diversas iniciativas muestran que la transformación económica hacia la sostenibilidad ya se está llevando adelante en distintas regiones. Entre las medidas aplicadas se destacan la creación de espacios verdes urbanos para mitigar las islas de calor, la incorporación de infraestructura natural y la producción de materiales constructivos que capturan carbono. Asimismo, los canjes de deuda por naturaleza y la ampliación de programas de restauración demuestran resultados tangibles y medibles en diferentes escenarios geográficos.
La consolidación de una economía orientada hacia la protección de los ecosistemas contribuiría al fortalecimiento de la resiliencia climática y permitiría la preservación de los sistemas que mantienen la vida. Cambiar el destino de las inversiones constituye el mejor mecanismo para evitar la difusión de entornos urbanos vulnerables o de comunidades preparadas para las crisis. Gracias a la intervención del capital internacional, podría producirse una regeneración global del ecosistema en forma de bienestar social y prosperidad para las generaciones futuras.
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