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La degradación de los sistemas de agua dulce amenaza los ecosistemas, las economías y el bienestar humano según el WRI

Por Luz Vaquero · 17 agosto, 2026 · 4:09 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La degradación de los sistemas de agua dulce amenaza los ecosistemas, las economías y el bienestar humano según el WRI
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El ciclo del agua es el motor biológico de la vida, el que permite la circulación del recurso hídrico. Sin embargo, las presiones por las actividades humanas son mucho más rápidas que la capacidad de la humanidad para actuar. Esta circularidad hace que la degradación de los sistemas de agua dulce represente una amenaza directa para los ecosistemas, las economías y el bienestar humano. Para hacer frente a las crisis climáticas y para la protección de la biodiversidad, es clave cambiar la gestión de estos recursos para que el desarrollo sea equitativo y verdaderamente sostenible.

La importancia biológica de los ecosistemas acuáticos

Al pasar el agua, que extraemos a su vez para el consumo, la higiene, la producción agrícola, etcétera, el recurso en cuestión se convierte en un pilar de los procesos de desarrollo socioeconómico sostenible. Con todo, todavía existe un 26 % de la población que no tiene acceso a agua potable. Por otra parte, las turberas, los manglares, los ríos y los lagos constituyen tan solo el 1 % de la superficie terrestre, pero albergan prácticamente el 10 % del total de especies conocidas y sometidas a alguna evaluación por el hombre en el planeta.

Estos espacios, además de su valor biológico, nos ofrecen unos servicios fundamentales para el bienestar humano, como pueden ser los de la depuración de aguas y el almacenamiento de carbono. Por ejemplo, los humedales son capaces de retener hasta el 25 % del carbono de los suelos del mundo y algunas zonas superan tres veces la densidad de emisión de los bosques tropicales. Mantener la salud de estos ecosistemas contribuye a la resiliencia ante el cambio climático, proporcionándonos salvaguardias ante inundaciones y ayudando a la prevención de incendios, establecidos como un escudo protector ecológico absolutamente indispensable.

Los dramáticos efectos que conllevan las modificaciones antrópicas

Son muchas las zonas que colapsan por las drásticas crisis que vive el ciclo hidrológico en su condición natural, ya que el cambio climático altera las pautas de precipitación o incrementa las sequías. Y, a su vez, el uso del suelo, la contaminación, la sobreexplotación y la dispersión de especies exóticas provocan una rápida degradación de los ecosistemas. El incremento de las temperaturas se hace corresponsable de la concentración de contaminantes, debido a la relación de toxicidad y a la magnitud de unos riesgos enormes y sueltos para toda la cadena económicamente activa acuática de forma global.

Desde 1970, el 30 % de los ecosistemas de carbono de nuestro planeta ha desaparecido, además de 400 millones de hectáreas de humedales. El 20 % de las especies de agua dulce de todo el mundo se enfrenta a la extinción y algunos ecosistemas perturban y hasta liberan gas. Esta degradación tiene un efecto en nosotros mismos: el estrés hídrico afecta a la agricultura, las inundaciones rompen la infraestructura básica y el agua con mal nivel de calidad afecta la salud pública.

Estrategias globales para revertir la emergencia hídrica

Ahora bien, es necesario buscar esfuerzos coordinados para abordar la crisis y garantizar que haya agua disponible de forma sustentable hacia 2030. Esto significa detener la degradación de las turberas y recuperar las turberas degradadas. Estas acciones son necesarias para cuidar de los servicios ambientales y tratar de limitar las alteraciones del ciclo del agua. Simultáneamente, deben afrontarse los factores que están llevando a la pérdida de biodiversidad, limitando la contaminación industrial, controlando la sobrepesca y garantizando el acceso seguro al saneamiento para todos.

Para obtener estos cambios, son necesarios facilitadores que contribuyan a reforzar la gobernanza internacional. Garantizar los derechos territoriales de las comunidades locales es tan importante como conseguir un incremento de la financiación y la mejora de la capacidad institucional para poder cumplir las regulaciones. Cambiar el estado de cosas precisará de la articulación de los sectores alimentarios e industriales.

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Luz Redactora
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