Producir energía y alimentos en un mismo espacio es posible, pero no siempre funciona como se espera.
Eso fue lo que ocurrió en una granja de Maine, donde instalaron paneles solares sobre un terreno dedicado al cultivo de arándanos silvestres.
La idea parecía buena: aprovechar la misma tierra para generar electricidad y seguir cosechando frutos.
Pero los resultados sorprendieron a los investigadores.
Aunque las plantas consiguieron recuperarse después de las obras, la producción de arándanos cayó alrededor de un 91 %.
El problema fue la cantidad de sombra que recibían.
Y no fue la única dificultad que encontraron los agricultores.
Por qué la sombra perjudicó los cultivos de arándanos
Combinar la producción de energía solar con la agricultura ha dado buenos resultados en algunos lugares.
Los paneles generan sombra que puede ayudar a ciertas plantas a soportar el calor y conservar la humedad del suelo.
Sin embargo, eso no significa que funcione con cualquier cultivo.
Los arándanos silvestres de Maine necesitan abundante luz solar para desarrollarse y producir frutos.
En Rockport, una instalación solar de 4,2 megavatios se construyó sobre aproximadamente diez acres dedicados a este cultivo.
Los investigadores comenzaron a estudiar qué ocurría con las plantas debajo de las estructuras
Y encontraron algo interesante.
Después de las obras, los arándanos lograron recuperar buena parte de la cobertura vegetal del terreno.
Es decir, las plantas seguían creciendo.
Pero producir hojas y tallos no era lo mismo que producir frutos.
En algunas zonas, los paneles bloqueaban más del 90 % de la luz solar.
El exceso de sombra retrasó el desarrollo de las plantas y redujo considerablemente la cosecha.
El informe final registró una caída aproximada del 91 % en el rendimiento.
Aunque la sombra podía ayudar a conservar la humedad, no compensaba la falta de luz que necesitaban los arándanos.
Cómo los paneles y los cables complicaron el trabajo agrícola
Los problemas no terminaron con la falta de sol.
La manera en que se instalaron los paneles también cambió las tareas habituales del campo.
Las filas estaban separadas por unos ocho pies, mientras que el borde inferior de las estructuras quedaba aproximadamente a cuatro pies del suelo.
Ese espacio dificultaba el paso de algunos equipos agrícolas.
Además, los cables de sujeción se convirtieron en un obstáculo para trabajar entre las filas.
Una de las tareas más afectadas fue el control de malezas.
En lugar de utilizar los equipos habituales de fumigación, fue necesario realizar parte del trabajo a pie, con aplicaciones más localizadas.
Eso hacía que el mantenimiento fuera más complicado y exigiera más tiempo.
Los investigadores de la Universidad de Maine advirtieron que este tipo de instalaciones debe planificarse teniendo en cuenta las necesidades de quienes trabajan la tierra.
No basta con dejar espacio para que crezcan las plantas.
También hay que pensar cómo entrarán las máquinas y cómo se realizarán las tareas de cada temporada.
Qué aprendieron los investigadores sobre combinar cultivos y energía solar
La experiencia en Maine dejó una lección importante.
Los paneles no se habían instalado con un diseño pensado para aprovechar al máximo tanto la producción eléctrica como la agrícola.
Las estructuras estaban demasiado juntas para un cultivo que necesita tanta luz.
En otros proyectos agrivoltaicos se utilizan separaciones mayores y paneles colocados a más altura.
Por ejemplo, algunas instalaciones sobre cultivos de arándanos rojos en Massachusetts tienen filas separadas por unos 25 pies y estructuras situadas aproximadamente a ocho pies del suelo.
Ese diseño deja pasar más luz y facilita el uso de maquinaria.
Pero también puede requerir una planificación diferente de la instalación solar.
Los especialistas recomiendan definir desde el principio qué se busca conseguir con el terreno
Si la prioridad es producir electricidad, puede ser conveniente utilizar superficies menos productivas para la agricultura.
Si también se quiere mantener una cosecha, hay que dejar suficiente espacio y estudiar cuánta sombra puede soportar cada cultivo.
Lo ocurrido en Rockport no significa que los paneles solares y los arándanos nunca puedan compartir terreno.
Lo que demuestra es que no alcanza con instalar las estructuras sobre una plantación y esperar que ambas actividades funcionen igual que antes.
En Maine, los arándanos consiguieron volver a cubrir el suelo, pero la cosecha se redujo drásticamente.
Y esa diferencia es precisamente lo que los investigadores quieren evitar en futuros proyectos.
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