Para muchas familias de Nueva York, alquilar una parte de su campo para instalar paneles solares no significa dejar de ser agricultores.
De hecho, una encuesta encontró algo bastante diferente.
Entre quienes ya habían firmado un contrato solar, era tres veces más probable que dijeran que pensaban usar ese ingreso para seguir trabajando sus tierras que para reducir la producción o abandonar el campo.
Un resultado que cambia bastante la forma de mirar estos proyectos.
¿Los paneles solares están acabando con los agricultores?
Investigadores de la Universidad de Cornell quisieron saber qué pasa cuando una empresa de energía llega hasta una zona rural y ofrece dinero por instalar paneles solares.
Para averiguarlo, enviaron una encuesta a 1499 propietarios de tres condados de Nueva York y recibieron 584 respuestas.
Todos tenían al menos 30 acres y sus propiedades estaban cerca de líneas de transmisión o subestaciones, por lo que eran lugares especialmente atractivos para desarrollar proyectos solares.
Entre quienes ya habían aceptado un contrato apareció un dato interesante.
Eran tres veces más propensos a decir que pensaban usar esos ingresos para seguir con la actividad agrícola que para reducirla o abandonarla.
Además, casi la mitad dijo que no pensaba cambiar la forma en que trabajaba sus tierras.
Eso no quiere decir que los investigadores hayan comprobado qué hizo después cada familia con el dinero.
La encuesta preguntó qué pensaban hacer, así que estamos hablando de intenciones.
Pero aun con ese límite, hay algo que queda claro: firmar un contrato solar no significa automáticamente querer dejar el campo.
¿Por qué existe tanta resistencia a los proyectos solares en el campo?
Porque una cosa es mirar un terreno en un mapa y otra muy distinta es haber trabajado ahí durante buena parte de tu vida.
Casi la mitad de los propietarios que participaron en la encuesta ya había recibido alguna propuesta de una empresa solar.
Los agricultores, además, tenían aproximadamente el doble de probabilidades de ser contactados que otros propietarios rurales.
Sin embargo, eran más cautelosos a la hora de firmar.
Y no todo tenía que ver con el dinero.
Para muchas familias, la tierra también es parte de su historia.
Es el lugar que trabajaron durante años, que pasó de una generación a otra y que quizá esperan dejar algún día a sus hijos.
Por eso, que una empresa llegue y proponga instalar paneles en una parte del campo no es una decisión menor.
Puede ser una oportunidad para tener otro ingreso, pero también significa cambiar un paisaje y una forma de vida que conocen desde hace mucho tiempo.
Las dos cosas pueden pesar al mismo tiempo.
¿Qué nos enseña este estudio sobre el futuro del campo y la energía?
Que la relación entre los paneles solares y la agricultura no parece ser tan simple como «uno reemplaza al otro».
Eso tampoco significa que cualquier contrato solar vaya a beneficiar a cualquier granja.
El estudio se hizo con 584 propietarios de tres condados de Nueva York y recogió lo que ellos dijeron que pensaban hacer. No siguió a cada uno durante años para comprobar qué ocurrió finalmente.
Pero el resultado sí pone en duda una preocupación bastante común.
Entre los agricultores que ya habían firmado, eran muchos más los que veían ese dinero como una forma de continuar con su actividad que como una oportunidad para dejarla.
Y ese detalle cambia bastante la historia.
Para algunas familias, llenar una parte del campo de paneles seguramente seguirá siendo difícil de imaginar.
Para otras, ese ingreso puede ser justamente una ayuda para seguir trabajando la tierra.
Al menos entre los propietarios que participaron en esta encuesta, producir energía y seguir siendo agricultor no aparecen necesariamente como dos caminos opuestos.
Encuentra el estudio completo aquí: Walsh, K. B., Stedman, R., & Kay, D. (2026). Landowner perspectives on large-scale solar leasing: Decision-making and agricultural implications in rural New York State. Rural Sociology, 91(1), e70038. https://doi.org/10.1111/ruso.70038
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