Cultivar alimentos entre paneles solares parece una solución bastante lógica.
La idea de la agrovoltaica es aprovechar el mismo terreno para producir alimentos y generar electricidad.
Pero un estudio realizado durante el otoño en Nueva York encontró un problema.
Los rábanos y radicchios sembrados entre los paneles recibieron menos luz y produjeron menos biomasa seca que los cultivados a campo abierto.
Entonces, ¿el problema estaba en las plantas o en la cantidad de sol que conseguían recibir?
Qué sucedió con los cultivos en este experimento
El experimento fue realizado por científicos de la Universidad de Cornell en un parque solar cerca de Albany.
Querían estudiar qué pasaba con cultivos comunes como los rábanos y los radicchios cuando se sembraban en los pasillos de unos 20 pies que separaban las hileras de paneles.
La prueba se realizó durante el otoño, cuando el sol está más bajo en el horizonte y las horas de luz empiezan a reducirse.
Los sensores mostraron que, en aquellas condiciones, los cultivos sembrados entre los paneles recibieron alrededor de 24 % menos luz.
Y esa diferencia terminó notándose.
Dentro del parque solar, las plantas recibieron menos luz y sus hojas también alcanzaron temperaturas más bajas. En el otoño de Nueva York, esa combinación limitó su crecimiento.
La producción de biomasa seca cayó de forma importante en comparación con los cultivos que crecieron a campo abierto
El estudio midió biomasa seca, no exclusivamente el peso de las hortalizas que podría vender un agricultor ni cuánto dinero obtendría por ellas.
Con los rábanos ocurrió algo especialmente curioso.
Las plantas destinaron relativamente más biomasa a las hojas y menos a la parte subterránea, justamente la que interesa como cultivo.
Parecía un problema importante para la idea de compartir el terreno.
Pero el experimento tenía algunas limitaciones que cambiaban bastante la forma de interpretar esos resultados.
Por qué este resultado no significa que cultivar entre paneles sea imposible
La prueba se hizo con solo dos cultivos, durante una temporada de otoño y en una única instalación de Nueva York.
Además, había otro detalle importante.
Ese parque solar había sido diseñado principalmente para generar electricidad, no desde el principio para combinar paneles y agricultura.
Por eso, el resultado no permite concluir que todos los cultivos reaccionarán igual cuando crezcan entre paneles solares.
La estación también puede cambiar bastante las cosas.
Los investigadores continuaron haciendo pruebas con otros cultivos durante el verano, cuando hay más horas de sol y las temperaturas son mayores.
Las primeras observaciones parecían prometedoras y las diferencias entre las plantas cultivadas dentro y fuera del parque eran menos marcadas, aunque los datos todavía tenían que analizarse.
El equipo también quiere estudiar otras posibilidades
Una es modificar la altura de los paneles.
Otra consiste en utilizar sistemas capaces de cambiar su orientación para permitir que llegue más luz a los cultivos en determinados momentos.
Pero había algo todavía más interesante en los resultados del primer experimento.
Aunque las plantas entre los paneles habían crecido menos, su capacidad para realizar la fotosíntesis era bastante parecida.
El problema no estaba en las plantas, sino en la luz que recibían
Ese detalle ayudó a entender mejor lo que había ocurrido durante el otoño.
Las plantas cultivadas entre los paneles mantenían una capacidad fotosintética semejante a las que crecían a campo abierto.
El problema principal era otro.
Durante el día habían recibido menos luz acumulada y sus hojas también habían estado expuestas a temperaturas más bajas.
En otras palabras, las plantas todavía podían aprovechar la luz, pero tenían menos disponible para hacerlo.
Y eso abre varias posibilidades que los investigadores todavía tienen que probar
Una podría ser adelantar la siembra para aprovechar días con más horas de sol.
También se pueden estudiar otros cultivos y variedades que toleren mejor la sombra.
Y el propio diseño del parque solar podría cambiar, con paneles más altos o sistemas de seguimiento que permitan controlar mejor cuánta luz llega al suelo.
Nada de esto significa que exista una solución que funcione para todos los lugares.
El experimento se limitó a dos cultivos, una temporada y un parque solar de Nueva York.
Pero dejó algo bastante claro: para producir alimentos y electricidad en el mismo terreno no basta con sembrar cualquier cultivo entre cualquier tipo de panel.
La clave está en encontrar qué combinación de cultivo, estación y diseño permite que ambos puedan compartir algo que necesitan al mismo tiempo: la luz del sol.
Puedes revisar el estudio completo en: Sturchio, M. A., Russell, D. F., Schmidt, J., Marschner, C., DiTomasso, A., Kim, J., & Grodsky, S. M. (2025). Environmental controls of suppressed fall crop productivity in an agrivoltaic solar array. Environmental Research: Food Systems, 2(3), 035004. https://doi.org/10.1088/2976-601X/adf075
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