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El WRI señala que las acciones globales para la conservación de bosques y tierras avanzan hacia la dirección equivocada

Por David Brito · 20 octubre, 2026 · 10:21 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
El WRI señala que las acciones globales para la conservación de bosques y tierras avanzan hacia la dirección equivocada
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La degradación de los ecosistemas terrestres representa una de las principales amenazas actuales para el planeta. Frente a ello, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés) resaltó la necesidad de direccionar bien las acciones globales, ya que actualmente los países llevan adelante una estrategia errónea, que provoca la pérdida de bosques primarios, la sobreexplotación de especies y la conversión de pastizales, sabanas y matorrales.

Los recursos terrestres bajo presión

Existe una gran preocupación por el estado de los ecosistemas terrestres a causa del cambio climático. Según el reciente informe del instituto, el 68 % de estos espacios enfrentan un alto riesgo de colapso, mientras que más de 42 000 especies se encuentran en inminente peligro de extinción. Dicho escenario también pone en jaque todos los recursos y los servicios vitales que ofrecen a la humanidad, al tiempo que intensifica la crisis climática y de biodiversidad.

Recordemos que estos espacios realizan contribuciones vitales para la humanidad, desde la mejora de la calidad del agua y el aire hasta el suministro de alimentos y medicinas, lo que también los convierte en una pieza clave para la economía de miles de comunidades. A eso se le suma la capacidad de brindar protección para las comunidades frente a fenómenos meteorológicos, como huracanes e inundaciones.

Todos estos beneficios están bajo presión a causa de la irresponsabilidad humana. Tanto la acción como la inacción del ser humano han provocado una notable caída en casi todas las facetas de la biodiversidad, dejando a más del 62 % de los ecosistemas al borde del colapso. Mientras tanto, las tasas de extinción de especies terrestres crecen a paso acelerado, siendo entre 10 y 100 veces más altas que en los últimos 10 años.

Acciones bien direccionadas

Frente a ello, el WRI resalta la importancia de reforzar la agenda climática global, con políticas concretas, más financiamiento y una estrategia bien direccionada que permita alcanzar soluciones reales. Los datos presentados recientemente por el instituto resaltan que en los últimos años hubo un leve, pero insuficiente, aumento de las acciones globales, aunque la falta de planificación las lleva a una dirección que resulta contraproducente.

De acuerdo a su hipótesis, el mal direccionamiento de estas acciones incluye la pérdida de bosques primarios, la sobreexplotación de especies y la conversión de pastizales, sabanas y matorrales. Los datos muestran que los esfuerzos por la restauración y las conversiones de estos ecosistemas van en una dirección errónea y están muy lejos de cumplir con los objetivos establecidos para el 2030.

Al mismo tiempo, los esfuerzos por detener la sobreexplotación de las especies silvestres, la pérdida de bosques primarios y la degradación forestal debido al fuego muestran números en rojo, con un crecimiento de incidentes y políticas muy poco efectivas. Lo mismo sucede con las estrategias para disminuir la contaminación lumínica y los riesgos de extinción para las especies terrestres sobreexplotadas.

Desde el WRI resaltan que estos datos deben servir como impulso para reforzar la agenda global y crear estrategias mejor direccionadas. Si bien es un desafío complicado, confía en el esfuerzo conjunto para alcanzar los resultados deseados. Según explicó, la prioridad más inmediata actualmente es detener eficazmente el cambio climático y la conversión de los ecosistemas, principalmente aquellos que brindan mayores servicios vitales.

Doble beneficio

Las prácticas sostenibles, así como una restauración bien diseñada y adecuadamente implementada, no solo revertirán la situación crítica de los ecosistemas terrestres, sino que también serán clave para limitar el calentamiento global a los 2,7º F establecidos como límite por el Acuerdo de París. No obstante, estas acciones, para construir una resiliencia real, deben ir más allá de la reducción de gases de efecto invernadero.

También deben abordar cuestiones más profundas, como la sobreexplotación de especies silvestres, la contaminación y la propagación de especies invasoras. Si el mundo trabaja en ello, se limitará el riesgo de impacto ecológico y climático de futuras perturbaciones.

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David Redactor
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