Alan Wm. Wolff, investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE), publicó un estudio en el que propone que Estados Unidos evalúe la posibilidad de que los fabricantes chinos de vehículos eléctricos puedan producir dentro del territorio. En medio de disputas comerciales, posibles nuevos aranceles a lo relacionado con la energía renovable y recortes a los incentivos para la electromovilidad por parte del gobierno federal, el especialista en comercio explicó su posición y dijo: «El gobierno puede y debe explorar formas de flexibilizar o eliminar las barreras a la inversión china en automóviles eléctricos en Estados Unidos».
Las sanciones actuales
Si bien la dirección del gobierno de Donald Trump se mostró firme para evitar las importaciones libres de productos provenientes de China, el gobierno de Joe Biden dejó en enero de 2025 una normativa que prohíbe la venta o importación de hardware y software de vehículos conectados fabricados en China.
A la vez, Biden ya había cuadruplicado los aranceles de la Sección 301 de los vehículos eléctricos chinos, que saltaron del 25 % al 100 %. Otras restricciones vigentes, que se suman a las de la administración demócrata, son las de un nuevo arancel del 25 % por seguridad nacional a los vehículos de pasajeros, camionetas ligeras y autopartes importadas. Con esto, el arancel total para los automóviles chinos es del 127,5 %.
La propuesta para producir vehículos eléctricos chinos en EE. UU.
El PIIE sostiene una nueva postura que sorprende a muchos y explica que la prohibición vigente podría reemplazarse por un esquema gradual y condicionado. Según la postura, las empresas chinas podrían fabricar dentro de Estados Unidos con límites claros: incorporando un alto porcentaje de componentes estadounidenses, empleados locales y transfiriendo la tecnología implementada. Esto, como base, explican los expertos del Instituto Peterson, podría servir como punto de partida para que la Casa Blanca fije reglas claras sobre la privacidad de datos y transparencia de la cadena de suministros.
Wolff, el firmante del estudio, explicó que su análisis estima que la inversión podría transformarse en una baja de precios en los vehículos eléctricos, una aceleración en los objetivos climáticos y una contribución a reducir las tensiones entre Estados Unidos y China, los dos hegemones actuales de la geopolítica mundial.
Todo esto, según el autor y parte del PIIE, surgió por su cuenta luego de la declaración de Trump: «Si China quisiera venir y abrir una planta para fabricar vehículos aquí, me parecería bien». A esto, el republicano añadió que Japón ya lo hace, pero contratando trabajadores estadounidenses, lo que considera importante.
Y justamente Wolff comparó el caso de los vehículos con la energía solar, donde China concentra casi el 80 % de la capacidad de los módulos de los paneles y domina la cadena de suministro de los materiales para su fabricación, como sucede con los chips. «Vale la pena explorar una inversión china de vehículos eléctricos, y ambos países deberían avanzar con cuidado», añadió por ello el autor.
Un caso de éxito como antecedente
Para respaldar su postura, el Instituto Peterson no solo detalló el peso de China en el mercado de los eléctricos, sino que explicó cómo ocurrió en la década de 1980 con la llegada de Honda, Nissan y Toyota. Estas empresas se vieron presionadas por la Casa Blanca para fabricar dentro de Estados Unidos, dejando como resultado la producción de 4,9 millones de vehículos en 13 estados en miles de plantas modernas, con una inversión acumulada de US$125 000 millones. Actualmente, sostiene a más de 2,9 millones de empleos.
Con respecto a los eléctricos, China concentra aproximadamente el 70 % de la producción de estos y fabrica más del 80 % de las baterías que se utilizan en ellos. Un mercado que, según Wolff, Estados Unidos no debería desaprovechar.
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