La organización FracTracker Alliance analizó los efectos asociados a 12 proyectos de centros de datos en Pensilvania. El informe destaca la inyección de suministro a la red eléctrica, aunque remarca el riesgo de agravar la contaminación ambiental por el uso de centrales de gas natural para abastecer la demanda de los servidores.
Pensilvania, territorio fértil para la industria de los centros de datos
La expansión de los centros de datos es un fenómeno que está reconfigurando el panorama industrial y económico estadounidense. Con decenas de proyectos anunciados diariamente, los condados del interior del país son foco de grandes inversiones que prometen repuntar el empleo local y producir importantes beneficios fiscales.
Si bien la mayoría de los campus de la IA se concentra en Virginia, Texas y California, Pensilvania cobra fuerza como territorio para el desembarco de las big tech. Según datos de CleanView actualizados a octubre de 2026, el estado cuenta con 16 centros de datos en funcionamiento y 245 proyectos planificados.
De las propuestas en espera, la FracTrack Alliance analizó 12 que tendrían lugar en seis condados del suroeste: Allegheny, Beaver, Westmoreland, Indiana, Washington y Greene. Mediante el estudio detallado de los proyectos y la revisión de permisos y ordenanzas, arribó a estimaciones sobre la contribución de las iniciativas a la red eléctrica estatal y su impacto ambiental.
El informe subrayó los factores que convierten al suroeste de Pensilvania en una región atractiva para los desarrolladores: la disponibilidad de terrenos a costos bajos y el desarrollo de la infraestructura eléctrica, gasífera e hídrica son las dos ventajas más relevantes.
A ellas se suman «las formaciones de esquisto Marcellus y Utica», considerando que el gas de fracturación hidráulica suministró más del 40 % de la electricidad usada por los centros de datos en EE. UU. en 2024. Asimismo, la alianza fue clara al advertir las consecuencias en la salud ambiental y de la población de los planes de utilizar gas para respaldar las operaciones de las nuevas instalaciones.
Aporte a la capacidad energética
Cabe destacar que el estudio trabaja sobre escenarios hipotéticos, al abordar iniciativas que aún se encuentran en fase de evaluación. Sobre la base de 12 proyectos, pertenecientes a Homer City Redevelopment, TECfusions y otras firmas, la FracTracker Alliance estimó un aporte de 12,5 GW a la red eléctrica estatal «si las propuestas se construyeran a su máxima capacidad».
Para dimensionar la contribución, los analistas compararon los 12,5 GW estimados con la demanda eléctrica promedio de 16 GW registrada en Pensilvania en 2024. Según el informe, si la nueva capacidad funcionara de manera continua, equivaldría a aproximadamente «tres cuartas partes de la electricidad consumida en todo el estado».
Paralelamente, la organización no dejó de lado el hecho de que, para asegurar esa capacidad, la infraestructura de combustibles fósiles debería expandirse, lo que implicaría «impactos que se extenderían mucho más allá de los límites de los centros de datos».
Advertencias en torno a la contaminación del aire y la gestión de recursos hídricos
La FracTracker enfatizó que la producción de suministro eléctrico a partir de gas natural implicaría la excavación de «más pozos de esquisto», y la apertura de «gasoductos, estaciones compresoras y redes de transmisión adicionales», por lo que la puesta en marcha de esta maquinaria fósil podría derivar en un empeoramiento de la calidad del aire.
«La combustión de gas emite toxinas que pueden aumentar el asma y los problemas respiratorios, las enfermedades cardíacas y contribuir a resultados adversos en partos y al cáncer (…) Los generadores diésel pueden emitir entre 200 y 600 veces más óxidos de nitrógeno», puntualizaron.
Otro factor señalado fue la preocupación por el consumo de agua que conllevan las operaciones de refrigeración de los centros de datos y la infraestructura del gas, junto al aumento de la contaminación acústica y lumínica en áreas rurales y el avance de las obras sobre áreas naturales. En este escenario, la regulación y supervisión locales quedaron bajo la lupa de la FracTracker al estar desactualizadas respecto a los desafíos actuales.
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