Una pregunta se repite en medio de registros elevados de calentamiento global: ¿puede la subida de temperatura del océano desplazar las zonas de pesca y crear nuevas pesquerías? Y tiene una respuesta que fue elaborada por expertos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) y otras entidades que estudian estos fenómenos. Muchos la ven como una amenaza; otros, como una oportunidad a favor de sus actividades, pero aquí explicaremos qué dicen los datos sobre esta afirmación.
Un ejemplo concreto
La NOAA y su dirección dedicada a la pesca tomaron datos actualizados con fecha en junio de 2026 acerca de cómo el fenómeno de El Niño y la ola de calor marino llamada «The Blob» provocaron un desplazamiento del clamar comercial, que se movió hacia el norte a lo largo de la costa oeste de Estados Unidos.
Luego del movimiento, Oregón y Washington observaron posibilidades de mercado con el calamar. Aunque los años previos también dejaron oportunidades que crecieron con el tiempo: en 2015 los calamares comerciales pasaron de cero a casi 3 millones de libras, todo con un valor de US$1 millón. Hasta 2020, la población creció y los mercados pesqueros lograron aprovecharla, a diferencia de lo que ocurrió con la sardina y el salmón de Alaska, cuyas poblaciones disminuyeron.
Más ejemplos diversos
El desplazamiento del calamar no es el único: el más reciente ocurrió este año en el sur de California, donde los pescadores confirmaron la captura del pez dorado y de atún aleta amarilla antes de la fecha habitual, según explicaron desde la NOAA. Similar fue lo que sucedió con el atún rojo en el Pacífico, que aumentó en cantidad y en tamaño en aguas estadounidenses, o con el atún blanco que se pesca cada vez más cerca de la costa, incluso en Washington.
El dato más relevante, que no es tan positivo en cuanto a los desplazamientos y zonas de pesca que se van generando, es el de los tiburones tropicales, como el tiburón ballena o el tiburón martillo, que aparecieron frente al sur de California recientemente.
Los costos a pagar
Pero esto tiene varios aspectos negativos, ligados al calentamiento global y a la caída de la población de ciertas especies. En primer lugar, el aumento de la temperatura del agua superficial debilita la afloración de aguas frías y ricas en nutrientes que sostiene el plancton, dificultando el alimento para ciertas especies. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala como responsable a El Niño, ya que obliga a varias especies a moverse a mayor profundidad para buscar el plancton. Algo similar puede ocurrir con otras especies que se desplazan.
Se agregó también que las olas de calor marinas son el doble de frecuentes que en la década de 1980 y ya se vio afectado el 15 % de las pesquerías por el calor extremo, con pérdidas biológicas y económicas de más de US$6000 millones en la última década.
El calentamiento del océano favoreció la aparición de algas tóxicas que cerraron pesquerías de mariscos en la costa oeste. Desde 2015 existen registros de este tipo: en el río Sacramento murió el 95 % de los huevos de salmón Chinook durante el invierno.
¿Verdadero o falso?
La afirmación es verdadera y el calentamiento del océano puede desplazar las zonas de pesca y abrir nuevas áreas. El caso de los calamares en Washington y Oregón es el más representativo, aunque la ganancia para la economía local también implica pérdidas que afectarán a otras comunidades y, además, dañan el medioambiente.
Fuentes:
- NOAA Fisheries. «7 Ways El Niño and Large Marine Heatwave Could Affect West Coast Marine Species».
- FAO. «El Niño, climate change and the rising risks to aquatic food systems».
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