La temperatura promedio del planeta global sobrepasó en el año 2024 los niveles previos a la Revolución Industrial en 2,7 °F (1,5 °C). Un nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) indica que la lucha contra el sobrecalentamiento global va muy mal por la falta de determinación, por lo que habrá que combinar voluntad política, más multilateralismo y gobernanza de acción por la justicia y la equidad si se quiere atajar la emergencia climática. La estimación indica que si se llevaran a cabo todas las políticas y los compromisos climáticos tal como están, el calentamiento alcanzaría, como mínimo, 3,2 °F.
La trayectoria del exceso térmico y sus etapas
El cambio de la temperatura a escala global no ocurre de manera repentina, sino como un proceso multidecenal. Los especialistas del PNUMA lo explican como una trayectoria de exceso en la que se suceden tres etapas principales: la superación inicial de los 2,7 °F, la llegada de un pico que, idealmente, debería mantenerse por debajo de los 3,6 °F y, a continuación, un proceso descendente hasta llegar a la deseada estabilización.
La forma que adopte esta curva temporal es un aspecto determinante para evaluar el riesgo global, ya que la duración de la superación y la magnitud del pico impactan directamente en la gravedad de las consecuencias que experimentará la Tierra. La trayectoria descendente que permitiría volver a los 2,7 °F no está garantizada de forma anticipada, sino que depende por completo de las decisiones de mitigación que las naciones tomen en estos momentos y mantengan hacia el futuro.
Consecuencias irreversibles y los límites de la técnica
Sobrepasar la frontera de los 2,7 °F aumentará los efectos del cambio climático de forma no lineal mediante los puntos de inflexión irreversibles tal y como los describe el informe del PNUMA (pérdida irreversible de la selva amazónica, deshielo del permafrost y colapso de las plataformas de hielo). Además, el cambio climático intenso supondría límites a la adaptación humana, forzaría la migración, creando un estado de emergencia en los pequeños estados insulares en desarrollo y una caída del 14 % en la producción mundial de alimentos en 2050.
Para una posible reversibilidad se necesitaría el uso de la remoción de CO2. Sin embargo, le debemos advertir que no puede tenerse como un sustituto de las reducciones rápidas de emisiones. La tecnología tradicional para la remoción de CO2 implica el uso de grandes extensiones de tierra y no puede garantizar el almacenamiento. La nueva tecnología de la captura directa del aire es muy cara, no está probada a gran escala y necesitaría multiplicar por tres o por cuatro su capacidad de captura actual de CO2 para el año 2050.
Gobernanza equitativa y adaptación simultánea
El informe del PNUMA afirma que se debe dejar de ver la mitigación y la adaptación como acciones puntuales que podemos adoptar y, más bien, empezar a hacerlas simultáneamente, como una búsqueda de sinergias. La emisión cero podría ser suficiente para detener el aumento de la temperatura; sin embargo, hacer que el clima vuelva a estabilizarse por debajo de los 2,7 °F requerirá un mundo con emisiones netas negativas.
Pese a que las temperaturas pueden descender, el mundo no volverá a ser el que era antes, ya que ecosistemas como los océanos y las capas de hielo tardan varias décadas, o incluso más, en responder al calor ya acumulado. Esta nueva realidad va acompañada de difíciles cuestiones de gobernanza y justicia en relación con las decisiones sobre lo que se protege y quién incurre en los costos, lo que refuerza la necesidad de reducir la duración del exceso para preservar la mayor flexibilidad en el futuro. Es necesario tomar las medidas en conjunto para lograr un cambio a escala global.
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