La profundización de la crisis climática ha aumentado de manera extrema las temperaturas de regiones de todo el mundo. Como consecuencia, se registraron sequías sin precedentes, que, combinadas con las altas concentraciones de ozono a nivel del suelo, potenciaron los incendios en todo el mundo, especialmente en Norteamérica. Según Copernicus, en 2026 esto dejó de ser un problema local y tomó dimensiones intercontinentales, ya que el humo de los focos ígneos de EE. UU. y Canadá llegó al Ártico y a Europa.
Los peligros de los incendios
Los incendios forestales no solo representan una amenaza para las comunidades locales y los ecosistemas que residen en la zona del desastre, sino que también tienen impacto directo en el medio ambiente. De acuerdo con las investigaciones de Copernicus, los focos ígneos, al igual que la quema de biomasa, liberan una amplia gama de contaminantes, entre los que podemos encontrar partículas finas, compuestos orgánicos volátiles, gases de efectos invernadero y óxido de nitrógeno.
Todo esto se deposita sobre la atmósfera y, a partir de ahí, puede transportarse grandes distancias. Asimismo, pasa de ser un problema local a convertirse en un peligro regional e incluso continental. Dicha situación pone en peligro la calidad del aire, ya que las reacciones químicas de las columnas de humo también pueden producir contaminantes secundarios, como el ozono, que tiene gran impacto en el medio ambiente.
Los primeros 8 meses de este 2026 mostraron una alarmante actividad de incendios forestales en diversas regiones del mundo, como Norteamérica, Europa y África. Copernicus advierte que esto es producto de las condiciones climáticas actuales, que aumentan las sequías y los calores extremos. Y si bien es cierto que la actividad registró una reducción, la llegada de El Niño podría complicar aún más la situación.
Efectos a grandes distancias
Los datos compartidos por Copernicus muestran una actividad preocupante respecto a las columnas de humo y sus contaminantes. En el informe, ponen como ejemplo los incendios en Norteamérica, que desde inicios de este año mostraron una impresionante cantidad de incendios forestales producto de las temperaturas extremadamente cálidas y las escasas precipitaciones desde principios de año.
El mes de julio fue el más complicado, algo que quedó en evidencia en medio del mundial de la FIFA, cuando los incendios de Canadá y del oeste de EE. UU. provocaron densas columnas de humo que se extendieron por toda la región. Dicha situación llevó a las autoridades a declarar alerta por la calidad del aire e incluso amenazó con suspender el partido final de la Copa del Mundo.
Hasta el momento, las emisiones totales estimadas en Norteamérica para 2026 superan ampliamente el promedio e incluso podrían aumentar aún más, ya que algunos incendios forestales continúan activos en la región. Este hecho, según el informe de Copernicus, no solo representa riesgos para la región, sino que sus efectos también alcanzan al Ártico y Europa.
Una problemática que no conoce de fronteras
A lo largo de este año, se registraron múltiples eventos de transporte de columnas de humo a larga distancia, lo que demuestra que la contaminación no conoce de fronteras. Los expertos señalan que la contaminación atmosférica por los focos ígenos de EE. UU. y Canadá cruzó el océano Atlántico y alcanzó partes de Europa. Incrementando las concentraciones locales.
Los efectos de los incendios en Norteamérica también cruzaron el océano Ártico y llegaron hasta Groenlandia, regiones donde las condiciones climáticas hasta hace unos años mantenían dentro de todo esta problemática alejada. No obstante, el cambio climático llevó a que este tipo de siniestros aumenten, lo que genera gran preocupación por parte de las autoridades internacionales. Esta es una clara muestra de cómo el calentamiento global y sus consecuencias alcanzan a todas las regiones del mundo.
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