El gran detalle de la celebración de la 29ª Conferencia de las Partes (COP29) en Bakú, Azerbaiyán, ante la elección de un país cuya economía está arraigada en la explotación de combustibles fósiles, como sede de una cumbre climática despertó una evidente contradicción que fue criticada.
La estatal SOCAR, una de las mayores compañías petroleras de la región, ha sido durante décadas el motor de la economía azerbaiyana y esto marca los objetivos de la COP, que están centrados en la transición hacia una economía baja en carbono y la mitigación del cambio climático.
La decisión de organizar la COP29 en Bakú fue interpretada por muchos como un intento de «lavar la imagen» del país y atraer inversiones, y el principal argumento de los críticos que Azerbaiyán utilizó la cumbre como una plataforma para promover sus intereses económicos, en lugar de centrarse en las necesidades del planeta.
Un país de fuego: la historia de Azerbaiyán y el desafío de la transición
El nombre «Azerbaiyán» se relaciona directamente con las llamas debido a su etimología persa, derivada de ‘atar’ que significa fuego nos transporta a una historia milenaria donde el fuego era venerado como una aparición divina, ya que el zoroastrismo lo consideraba un elemento sagrado.
Esta conexión profunda de Azerbaiyán y el fuego se mantuvo por largos años y sin dudas moldeó la cultura de ese país. Sin embargo, esta veneración ancestral es la contra cara, marcadamente, con la realidad actual, donde este elemento se presenta como uno de los combustibles fósiles y amenaza la existencia misma del planeta.
Azerbaiyán es un país que construyó su riqueza sobre los yacimientos de petróleo y gas que se encuentran en su subsuelo y en la región del Mar Caspio. La paradoja es evidente: un país que veneró el fuego durante milenios ahora se encuentra en la exigencia de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y los efectos del cambio climático.
Desnudando la fachada verde: el greenwashing y la hipocresía total
Mientras el país se presenta como un líder climático, la realidad es distinta debido a la expansión de sus industrias petroleras y gasíferas contradice abiertamente sus discursos sobre sostenibilidad. Es como si un fabricante de cigarrillos organizara una cumbre sobre salud pulmonar.
Esta hipocresía socava la credibilidad de las negociaciones y genera un profundo escepticismo entre los activistas climáticos y la sociedad civil. Sin embargo, la dependencia del país de los combustibles fósiles, la falta de transparencia en sus políticas ambientales y las violaciones de los derechos humanos empañan su reputación.
A pesar de sus discursos sobre la transición energética, el país sigue aumentando su producción de petróleo y gas. Además, la falta de inversión en energías renovables y la debilidad de las instituciones ambientales ponen de manifiesto la falta de compromiso real con la lucha contra el cambio climático.
Un círculo vicioso para los olvidados del COP29: los detalles
Mientras los líderes mundiales se reúnen en Bakú para discutir estrategias para combatir el cambio climático, millones de personas en la región del Cáucaso Sur sufren las consecuencias. Los desplazados internos de Nagorno Karabaj, los agricultores que luchan por sobrevivir en un entorno cada vez más hostil.
Por otro lado, las comunidades costeras amenazadas por la subida del nivel del mar son solo algunos ejemplos de las víctimas de esta doble crisis. La COP29 debe reconocer el sufrimiento de estas personas y tomar medidas concretas para ayudarlas a adaptarse a los impactos del cambio climático.
A pesar de los avances logrados en los últimos años, la ambición climática sigue siendo insuficiente para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados. Los compromisos nacionales presentados por los países no son suficientes para alcanzar este objetivo, y la ventana de oportunidad para actuar se está cerrando rápidamente.
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