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Clima

La Organización Meteorológica Mundial señala que las altas temperaturas previstas amenazan gravemente la seguridad alimentaria mundial

Por Luz Vaquero · 16 octubre, 2026 · 4:53 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
La Organización Meteorológica Mundial señala que las altas temperaturas previstas amenazan gravemente la seguridad alimentaria mundial
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El desarrollo del fenómeno de El Niño y las previsiones de temperaturas por encima de la media en la mayor parte del planeta han encendido las voces de alarma sobre el futuro de los sistemas alimentarios. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), advierte que el calor extremo se ha convertido en uno de los mayores riesgos para la agricultura mundial. Las condiciones meteorológicas extremas no solo amenazan con reducir drásticamente las capturas de peces y los rendimientos de los cultivos, sino que inducen un estrés letal en el ganado y ponen en grave riesgo la salud de los trabajadores agrícolas.

Las consecuencias del calor extremo ya están presentes en la producción de los cultivos básicos de todo el mundo

Según el informe conjunto, los rendimientos de las cosechas básicas como el maíz y el trigo han disminuido por cada promedio de 1,8 °F de calentamiento global en un 7,5 % y 6 % respectivamente. Las proyecciones futuras son más preocupantes, con una posible disminución de hasta el 10 % adicional a medida que la temperatura aumenta en relación con su promedio. El estrés térmico afecta negativamente las fases fisiológicas de las plantas, aumentando las demandas de respiración de mantenimiento y contribuyendo a la reducción de la calidad del producto en millones de acres de tierras de cultivo.

En la producción ganadera, el calor extremo que sobrepasa los 104 °F induce un nivel de estrés fisiológico que causa trastornos desde alteraciones metabólicas hasta fallas sistémicas y muerte de los animales. La situación se agrava por las noches cálidas, que impiden la reducción de temperaturas y aumentan las cargas térmicas para el ganado en gran medida.

Consecuencias devastadoras en ecosistemas acuáticos y forestales

La amenaza de la temperatura no se queda en la superficialidad de la tierra, sino que también se extiende a los ecosistemas acuáticos a través de las olas de calor marinas. Estas temperaturas extremas de oscilación en la superficie del agua son fenómenos interminables en áreas que pueden abarcar varios miles de millas cuadradas y pueden penetrar considerablemente en profundidad.

Las primeras consecuencias de estas anomalías en la temperatura pueden incluir la mortalidad masiva en varias especies marinas de forma global. Además, este calentamiento repentino está forzando a poblaciones masivas y a grupos enteros de peces a migrar con el fin de buscar aguas más frías, lo que genera cambios en las cadenas alimentarias biológicas, además de incrementar de forma dramática las capturas comerciales para comunidades pesqueras locales.

En el ámbito de los árboles de nueces y frutas, los bosques naturales están sufriendo pérdidas en su producción debido al calor sostenido. Esta sequedad ambiental aumenta exponencialmente el riesgo de incendios forestales, los cuales se tornan cada vez más frecuentes e intensos, arrasando con grandes extensiones de vegetación y fauna silvestre.

La necesidad de la implementación de estrategias de adaptación y mitigación multilateral

El efecto de este fenómeno va más allá de la mera pérdida de cosechas de la localidad que le da origen, ya que puede llegar a provocar efectos en cadena sobre las economías nacionales en su conjunto. La creciente preocupación científica empieza a estar presente en la posibilidad de que se den choques de producción sincronizados entre los principales países exportadores de alimentos que pondrían en riesgo la propia disponibilidad de alimentos en el conjunto del mundo.

La propia disponibilidad de suministros queda comprometida para el futuro, dado que hoy todavía más de un 8 % de la totalidad de la población mundial sigue padeciendo el hambre. Lograr el objetivo de «hambre cero» pasaría necesariamente por transformar los sistemas agroalimentarios, de forma que se conviertan en mucho más equitativos y resilientes ante el impacto desproporcionado que puede suponer la llegada de estos eventos climáticos extremos.

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