La Organización Meteorológica Mundial (OMM) presentó un nuevo informe en el que alerta sobre los altos niveles de concentración de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso en la atmósfera. Según los directivos de la OMM, se trata de un escenario histórico, que remarca la necesidad de tomar acciones urgentes para revertir esta situación.
En busca de una transición inteligente
Los datos expuestos por las autoridades representan un grave retroceso en la lucha climática y dejan entrever las deficiencias de la agenda global. En esa línea, los expertos del organismo de las Naciones Unidas resaltan que los países deberían abordar a fondo la transición hacia sistemas energéticos libres de combustibles fósiles. Asimismo, advierten que no solo se busca un cambio, sino que el mundo requiere de una transición inteligente.
Es por eso que remarca la necesidad de prestar atención a dos gases trazas potentes que están vinculados a las nuevas formas de energía: el hidrógeno molecular y el hexafluoruro de azufre. Según explicó, primero de ellos se utiliza como medio de almacenamiento de energía para sectores difíciles de descarbonizar y como fuente para transporte, lo que produjo un incremento del 5,3 % de su concentración en la atmósfera.
En cuanto al hexafloruro de azufre, indican que ha aumentado de manera constante durante las últimas 4 décadas y está vinculado a la electrificación, donde funciona como supresor de chispas en la distribución de electricidad. Este elemento tiene una vida útil atmosférica de más de 1000 años y el mayor potencial de calentamiento global a 100 años, 24 300 veces superior al del dióxido de carbono.
Máximos históricos
La presencia cada vez mayor de estos elementos contribuye de manera directa a la crisis ambiental actual. Al mismo tiempo, tanto el dióxido de carbono como el metano y el óxido nitroso aumentan de manera alarmante sus niveles de concentración en la atmósfera. Mediante una conferencia de prensa, los expertos de la ONU advirtieron que este escenario garantiza un incremento de la temperatura a largo plazo para el planeta, lo que extiende sus consecuencias.
Según el Boletín de Gases de Efecto Invernadero de la OMM, la concentración del CO2 fue de 426,8 partes por millón, un incremento del 153 % respecto al nivel de referencia preindustrial de 1750. Desde la década de 1960, la tasa de crecimiento de este gas ha triplicado, alcanzando los 2,8 ppm de promedio anual. Esta tendencia podría incluso acelerarse con la llegada de El Niño 2026-2027, que sería uno de los más fuertes registrados hasta ahora.
El metano, por su parte, tuvo una concentración media mundial de 1948 partes por mil millones, lo que representa el 267 % del nivel de 1750. Según explican los expertos, este gas representa el 16 % del efecto del calentamiento sobre nuestro clima, aunque tiene una vida mucho más corta que el dióxido de carbono. Sus principales fuentes de emisión a la atmósfera son naturales, como humedales, mientras que el 65 % proviene de actividades como la ganadería, el cultivo de arroz o la explotación de combustibles fósiles.
En cuanto al óxido de nitrógeno, el informe oficial indica que tuvo una concretación media mundial que alcanzó las 339,1 partes por mil millones, 126 % más que en la era preindustrial. Se trata de tercer gas de efecto invernadero de mayor duración, el cual también proviene de fuentes naturales y de actividades humanas como la quema de biomasa, diversos procesos industriales y el uso de fertilizantes.
Consecuencias del incremento de las concentraciones de gases
Los directivos de la OMM, desde Ginebra, advirtieron que estas concentraciones históricas de gases intensificarán las ondas de calor, los ciclones tropicales y las tormentas. Frente a ello, remarca la urgencia de disminuir la presencia del dióxido de carbono de la atmósfera, al que considera el factor fundamental de este complicado escenario ambiental y climático.
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