La agricultura sufre una fuerte presión a raíz del cambio climático. Además de la reducción de recursos por la pérdida de la biodiversidad y la degradación del medio ambiente, las elevadas temperaturas contribuyen a la propagación de plagas de insectos, lo que representa una grave amenaza para la producción agrícola, según Yale Climate Connections.
Efectos del cambio climático sobre los pesticidas
La preocupación en torno a la salud de los cultivos se extiende a lo largo de todo el mundo. Factores como las sequías extremas, las olas de calor y la crisis hídrica pusieron bajo alerta los sistemas agroalimentarios globales. Y si a esto le sumamos la crisis económica, la guerra, las tensiones geopolíticas y la crisis energética, la situación del sector agrícola mundial se torna aún más complicada.
En este marco, recursos claves para la producción agrícola, como los fertilizantes o los pesticidas, registran problemas que impactan de manera directa en la productividad. En el caso de los nutrientes, atraviesa por un período de escasez a raíz de la crisis energética provocada por la guerra en Oriente Medio, mientras que los pesticidas sufren notables cambios por el aumento de las temperaturas.
Un informe de Yale Climate Connections confirma que los químicos utilizados por los agricultores pierden efectividad frente a las plagas de insectos en este contexto de crisis climática. Asimismo, a medida que aumentan las temperaturas, controlar las plagas se vuelve cada vez más complicado. Esto lleva a algunos productores a aumentar el uso de productos químicos para combatir las amenazas, lo que representa un gran riesgo para la seguridad alimentaria.
¿Cómo beneficia el aumento de las temperaturas a las plagas?
Los efectos del cambio climático no solo afectan la eficacia de los plaguicidas, sino que también potencian las plagas. Según el informe, el aumento de las temperaturas ha ampliado el área de distribución y ha prolongado la temporada de reproducción de los insectos. Asimismo, crece la presión sobre los cultivos, que ahora están expuestos a períodos más largos de riesgos, e incrementa los desafíos para los productores.
Es que los insectos, al madurar más rápido y alcanzar la siguiente generación con mayor rapidez, crean mayor resistencia a los pesticidas, algo que puede observarse en regiones como África, América Latina o el Caribe. Henry Chung, biólogo evolutivo y profesor de la Universidad de Michigan, resalta que dicha evolución también responde a factores genéticos que podrían estar implicados tanto en la tolerancia al calor como en la resistencia a los insecticidas.
«El cambio ambiental puede provocar que las poblaciones de insectos sean más resistentes a un pesticida, o también puede hacer que sean más susceptibles», enfatizó el experto. Todo depende de la región, el nivel de temperatura, la genética y los químicos utilizados para combatir las plagas. En esa línea, Chung resalta que existen insectos que podrían volverse incluso más resistentes a un insecticida y, al mismo tiempo, más susceptibles a otro.
Pérdidas millonarias para el sector agrícola
El informe del instituto de Yale detalla que las plagas y enfermedades reducen el rendimiento de los cultivos a nivel mundial entre un 20 % y un 40 % cada año, lo que produce pérdidas por valor de US$220 mil millones. Como consecuencia directa de ello, el uso de plaguicidas se duplicó con creces, alcanzando los 3,92 millones de toneladas métricas de ingredientes activos, según la FAO. Esto también representa mayores gastos en químicos.
A medida que las plagas se vuelven más resistentes, la agricultura debe adaptarse. Esto representa un gran desafío para el sector, lo que implica más inversiones y más tecnología. No obstante, muchas regiones que sufren esta situación a raíz de la crisis climática no cuentan con los recursos para esa adaptación, quedando expuestas a un escenario alimentario y productivo crítico.
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