Las sequías, el calor extremo y los incendios forestales son los factores principales que impulsan la degradación de la tierra de la que depende nuestra comida. Es por eso que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) impulsa una estrategia a base de soluciones probadas para proteger la comida, la biodiversidad y los medios de vida frente a la crisis planetaria actual.
Crisis del sistema agroalimentario global
El avance de la crisis climática tiene un impacto directo y profundo en el sistema agroalimentario global. En este marco, existe una particular preocupación por la presión que ejercen las sequías y los calores extremos sobre los ecosistemas vitales, como los pastizales, los sistemas de agua dulce, entre otros. Se trata de un escenario que pone en peligro la salud, la economía y la seguridad alimentaria de millones de personas a lo largo de todo el mundo.
Desde la FAO advierten que los factores derivados de la crisis ambiental se profundizan con la falta de inversiones por parte de los países, por lo que instan a los gobiernos a reforzar su agenda climática antes de que sea tarde. Hoy en día, las consecuencias de la inacción gubernamental comienzan a notarse en la crisis hídrica y en la disminución de tierras fértiles para llevar adelante la actividad agrícola.
Como respuesta, la organización internacional impulsa una agenda que combine inversiones con soluciones basadas en la ciencia y probadas en la práctica. Esta estrategia integral aporta más de un beneficio, lo que es muy útil frente a la triple crisis que azota al planeta. No obstante, esto también necesita de un acompañamiento de los gobiernos, con políticas que permitan avanzar sobre esas urgencias.
Planes nacionales de biodiversidad y clima
Uno de los ítems principales de la propuesta de la FAO es la restauración de las cuencas hidrográficas, lo cual ayuda a reducir los riesgos de inundaciones, mejorar el suministro de agua y fortalecer la biodiversidad. Según explicaron los expertos, todas las prácticas respetuosas con los ecosistemas, la biodiversidad y los suelos potencian la producción alimentaria, a la vez que garantizan una resiliencia económica y climática de los países.
Existen países donde ya comenzaron a aplicar los planes nacionales de biodiversidad y clima, en los que priorizan la restauración de ecosistemas productivos, la recolección sostenible de especies silvestres para la alimentación y la gestión forestal sostenible. El primer punto se encuentra en el 92 % de las estrategias analizadas a nivel mundial, mientras que los otros aparecen en el 86 %.
En este marco, los países también comenzaron a considerar los sistemas agroalimentarios y la seguridad alimentaria como la primera línea de los impactos climáticos, por lo que resaltan la importancia de los compromisos ambientales. Los planes energéticos, conocidos también como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional, tienen como eje central la protección de las prácticas agrícolas, una mejor gestión del agua y la diversificación de los medios.
La FAO brinda una plataforma muy útil para llevar las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional a la práctica, transformando compromisos en realidad. Herramientas como el Servicio de Asistencia Agroalimentaria NDC-NAP y la Iniciativa de Apoyo a los Agri-NBSAP ayudan a los países a fortalecer los compromisos climáticos y de biodiversidad, además de traducir las soluciones probadas en acciones nacionales.
El reto principal
Si bien las autoridades celebran tener sobre la mesa las estrategias específicas y las acciones, todavía falta un paso: convertir la teoría en práctica. Desde la FAO resaltan que el reto principal de todo esto es poder financiar las acciones a gran escala, lo que requeriría una inversión que llegue a agricultores, las comunidades y los paisajes de los que dependen.
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