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Economía

Un estudio del FEM advierte que el 25 % de los centros de datos globales opera en zonas con estrés hídrico

Por Luz Vaquero · 4 noviembre, 2026 · 4:37 p. m. · 4 min de lectura Compartir: f 𝕏 in
Un estudio del FEM advierte que el 25 % de los centros de datos globales opera en zonas con estrés hídrico
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La imparable y asombrosa explosión de la inteligencia artificial y el ensanchamiento de la infraestructura digital están propiciando una colisión frontal con los límites ecológicos del mundo. Un nuevo y minucioso estudio del Foro Económico Mundial (FEM), junto a la Institución Carnegie para la Ciencia, establece que uno de cada cuatro centros de datos en el mundo (el 25 % de los data centers) se ubica en áreas que sufren por lo menos un mes de grave escasez de agua al año. Los científicos advierten que, debido al cambio de clima, la cantidad de centros de datos podría aumentar a uno de cada tres para 2040, un enorme reto para las comunidades que deben compartir sus recursos hídricos con servidores que funcionan a pleno rendimiento.

El consumo oculto: energía, circuitos integrados y refrigeración

Por más que a escala global el consumo directo de estas instalaciones pueda parecer pequeño (que se estima en 317 000 millones de galones anuales para 2030), en realidad el impacto hídrico es muy local y es mucho más alto de lo que marcan los medidores de las fachadas. El estudio señala que un 72 % del agua requerida por esta industria se consume fuera de las instalaciones, y que la refrigeración evaporativa in situ (la que se utiliza para disipar el enorme calor de los servidores) representa tan solo un 28 % de la huella total. Aproximadamente la mitad del consumo de agua proviene de las instalaciones de las plantas de energía térmica que producen la electricidad necesaria para operar la red.

A este gasto energético hay que sumar el sediento recorrido de la cadena de suministro de hardware. La producción de semiconductores avanzados necesita cantidades íntegras de agua ultrapura, y una sola fábrica puede consumir tanta agua como la que es capaz de abastecer 33 000 viviendas en Estados Unidos. Alarmantemente, más del 40 % de las fábricas de chips existentes y proyectadas están en cuencas hidrográficas que entrarán en el estrés hídrico extremo en las próximas décadas.

Conflictos sociales y bloqueos de inversiones

La creciente preocupación social por la extinción de los acuíferos locales ya detiene la expansión tecnológica. Hay comunidades, desde los Estados Unidos hasta la India, que se están organizando para bloquear las megaestructuras informáticas. Durante los primeros tres meses de 2026, la resistencia comunitaria en territorio estadounidense consiguió echar hacia atrás o anular hasta 75 grandes proyectos de centros de datos que suponían un valor total de unos US$130 000 millones. Una situación parecida tiene lugar en Corea del Sur, donde 17 de los 33 proyectos autorizados de forma reciente han sido paralizados por el rechazo de los vecinos temerosos de perder sus suministros de agua y energía.

Dado que la inversión mundial en centros de datos podría enfilarse hasta los US$7 billones para el año 2030, las decisiones sobre el lugar donde construirlos se han vuelto una cuestión nacional. Según el FEM, si el agua y la resiliencia hídrica son impulsadas anticipadamente, podrían liberar hasta US$1 billón en inversiones que en este momento se encuentran bloqueadas.

Gestión y estrategias de mitigación de cuencas

Para evitar el colapso de las redes de suministro, el estudio propone cuatro alternativas de mitigación, pero matiza que todas las alternativas suponen trasladar la presión ambiental. El construir instalaciones sobre cuencas de agua abundante es la alternativa más potente, pero este tipo de cuencas tienen escasa infraestructura de fibra óptica y escasa capacidad de red.

El reutilizar el agua residual tratada disminuye el consumo de agua, pero priva a los ecosistemas que transcurren río abajo de ese caudal. La desalación proporciona agua inagotable, pero consume cantidades ingentes de energía y genera una salmuera tóxica. Por último, los sistemas de refrigeración en seco disminuyen el agua in situ, pero incrementan de manera drástica el consumo eléctrico, devolviendo la presión hídrica a las centrales generadoras de energía eléctrica.

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Luz Redactora
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