La mejora de la gestión de cuencas compartidas es esencial para garantizar la seguridad hídrica frente al cambio climático. Históricamente, los esfuerzos diplomáticos e inversiones internacionales se centraban únicamente en los recursos visibles como los ríos o acuíferos. Sin embargo, existe un nuevo enfoque liderado por el Banco Mundial que intenta evitar ampliar esta perspectiva de modo expansivo. Los expertos indican que se vuelve imprescindible incluir el agua almacenada en suelos o vegetación para evitar futuros desastres económicos enormes.
La intensa huella económica y ambiental del recurso denominado agua verde
El término agua verde corresponde al total de humedad acumulada en los ecosistemas terrestres y rápidamente liberada en la atmósfera como consecuencia de los procesos de evaporación y del sistema de transpiración de las plantas. Esta se desplaza grandes distancias con la ayuda de los vientos, llegando a cruzar fronteras, para posteriormente caer de nuevo en forma de lluvia. Esta forma invisibilizada de circulación del agua ilustra la idea de que los países están realmente interconectados por poderosos flujos atmosféricos que proveen a la biodiversidad y que permanentemente regulan el equilibrio climático del planeta.
La preservación de estas reservas no solo tiene que ver con una necesidad ecológica, sino también con una necesidad profundamente económica. Recientes trabajos han tratado de mapear estas conexiones en la atmósfera y cuantificarlas, ya que permiten concebir el alto valor que tienen para el desarrollo. Por ejemplo, los bosques densos de la cuenca amazónica pueden llegar a generar el 90 % de las precipitaciones en diversos lugares sudamericanos. Sin los ecosistemas que los sustentan, la situación económica de la región podría caer a US$11 400 millones totales.
Nuevas vías seguras para una cooperación hídrica transfronteriza
El reconocimiento de la importancia de estos flujos del aire habilita caminos a seguir en pro de un beneficio compartido entre naciones vecinas. Los Estados son capaces de llevar a cabo conjuntas e importantes inversiones en beneficio del manejo sostenible de las tierras. Al proteger los hábitats naturales, las autoridades también contribuyen a incrementar la resiliencia local contra las enormes sequías y logran asegurar las lluvias a favor de países situados a cientos de kilómetros de distancia, estableciendo una sólida red de seguridad hídrica.
Para poder llevar a cabo estos muy urgentes objetivos medioambientales, diversas organizaciones empezaron a explorar activamente juntas otras alternativas normativas. El Fondo Mundial para las Aguas Transfronterizas reunió a gestores internacionales en Ginebra para cambiar los marcos normativos de gobernanza hoy en día, demostrando su total valía. Además, buscaron poner en claro durante estos encuentros que la comunidad mundial debe hacer suyo un concepto básico: las políticas agresivas de deforestación locales tienen un impacto no solo irrefutable, sino completamente devastador sobre la disponibilidad hídrica.
Recomendaciones estratégicas para financiar y proteger todos los ecosistemas
Para maximizar los beneficios ecológicos de la vegetación, es necesario implementar enfoques que definitivamente asocien la gestión de los acuíferos de superficie con la conservación del espacio físico. Organizaciones precursoras ya están mostrando el inmenso valor de la puesta en marcha de un intercambio preciso de datos. Resulta absolutamente fundamental invertir en la rápida protección y la extensiva restauración de los biomas terrestres primarios, que permiten la continua producción de la humedad atmosférica que nutre extensas redes de producción agrícola de gran rentabilidad.
Junto a la conservación del espacio físico, hay que movilizar los mecanismos institucionales ya establecidos en pro del fortalecimiento de los tratados binacionales sobre el agua, incluyéndose la recomendación de apalancar fuertemente nuevos instrumentos de financiación e incorporar los indicadores de humedad específicos a las evaluaciones oficiales. Contabilizar debidamente estos importantes recursos atmosféricos a distintas escalas permitirá a los respectivos gobiernos tener disponibles los instrumentos económicos adecuados para planificar un desarrollo industrial sostenido frente a la actual inminente sequía continental.
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