En su reciente informe «Estado de los Bosques del Mundo 2026», la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) enfatiza que la restauración de bosques y paisajes constituye una de las más poderosas respuestas a la crisis superpuesta de la pérdida de biodiversidad, la degradación de la tierra y la inseguridad alimentaria mundial. La inversión en la recuperación del suelo permite no solo el mejoramiento de la resiliencia de los sistemas agroalimentarios, sino que representa una medida efectiva de recuperación ecológica que puede evitar enormes pérdidas para las economías locales y nacionales.
La urgencia de la restauración frente al costo de la inacción
La urgencia y la excepcional oportunidad de llevar a cabo la restauración de bosques y paisajes de manera drástica entre 2020 y 2030 sitúan dicha actividad en una posición más que notablemente central en la búsqueda de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La restauración a gran escala es vista como un recurso insustituible, asegurando la seguridad alimentaria y la nutrición, apoyando la transformación progresiva de los sistemas agroalimentarios al devolver la productividad a las tierras cultivables.
Considerados como una solución natural de fuerte impacto y escaso costo, estos procesos también ofrecen, indudablemente, importantes beneficios de mitigación climática, capturando enormes cantidades de carbono y, al mismo tiempo, mejorando la adaptación comunitaria y, por tanto, mejorando la resiliencia de los ecosistemas y disminuyendo los riesgos climáticos. La inacción o la lentitud con respecto a este grave deterioro ecológico genera pérdidas financieras y productivas que el mundo contemporáneo no puede seguir soportando.
Situación actual de los bosques y consecuencias de la pérdida
En el presente, se estima que la superficie forestal mundial es de 10 230 millones de acres, equivalente a aproximadamente un 32 % de la superficie total del continente. La deforestación y la degradación forestal son, por desgracia, todavía dos de los mayores problemas ambientales que enfrenta la humanidad, con enormes repercusiones negativas para la estabilidad climática del planeta, la protección de la biodiversidad nativa y la producción neta de tierras agrícolas adyacentes.
Se estima, de manera conservadora, que desde 1990, alrededor de 1208 millones de acres de bosques valiosos han desaparecido de manera irreversible en todo el mundo por la vía de la rápida deforestación y la conversión de tierras para otros usos. Por su parte, los bosques primarios, que son aquellos ecosistemas forestales más biodiversos, más antiguos y ecológicamente invaluables, han sufrido una pérdida global alarmante al disminuir en 271,8 millones de acres entre 1990 y 2025.
Vías esenciales para la recuperación a largo plazo
La FAO especifica que la inmensa inversión económica en la restauración debe hacerse a través de cuatro formas que son estrictamente necesarias e interdependientes:
La «vía de las personas» da primacía a la dimensión humana al promover marcos de gobernanza muy inclusivos, mecanismos equitativos para la distribución de beneficios mapeables y el empoderamiento social de los actores locales y originarios.
La «vía de la tierra» da sin paliativos la trascendencia de que los diferentes paisajes de tierra no son establecimientos desconectados sino amplios y complejos mosaicos biológicos que requieren planificación espacial estricta para poder priorizar las intervenciones ecológicas adecuadamente en cada contexto específico.
La «vía de las finanzas y los negocios» es crítica y da cuenta de que la inversión necesaria a nivel mundial debe cuadruplicarse para alcanzar la meta de los US$296 000 millones al año para 2030 recurriendo al aprovechamiento de nuevos y robustos instrumentos como serían los créditos de carbono o los bonos de naturaleza verde.
La «vía de la coherencia de políticas y el derecho» exige a gritos el establecimiento de los marcos normativos e institucionales formales, precisos y seguros que exige la reducción de las contradicciones entre políticas ambientales y expansión agrícola, reclamando un decidido compromiso gubernamental.
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