Los recursos económicos para la acción climática deben sobrepasar los límites impuestos por la política, según la ONU. La economía, la política y el medio ambiente tienen una relación estrecha, ya que dependen unos de otros. El dilema está en que estos elementos se usan para persuadir las inversiones en materia de acción climática, y fomentan riesgos en la seguridad a nivel global.
La política y el clima en caminos separados y con efectos negativos
Políticas desligadas del medio ambiente y el clima conllevan problemas en el largo plazo. Dado que el mundo actual está inmerso en una crisis ambiental por el cambio climático, empresas y gobiernos deben estar en la misma sintonía para ofrecer oportunidades resilientes y transformación de sectores vulnerables.
Así lo indica la ONU, por medio de su secretario ejecutivo, Simon Stiell, quien mencionó durante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que el tema ambiental por el cambio climático se ha convertido en «una emergencia de seguridad económica a nivel continental».
Los calores extremos que causan la muerte de miles de personas al año, la poca seguridad alimentaria en ciertas regiones y las necesidades por causa de los efectos climáticos deben pesar más que las políticas locales que impiden inversiones en acción climática, y es uno de los inconvenientes para el desarrollo y resiliencia económica más relevantes de los últimos tiempos.
Destinar recursos e inversiones en acción climática es la clave de la transformación
De acuerdo con Stiell, el clima no puede considerarse como «un terreno en las guerras culturales». Tomar partido sobre la acción climática genera retraso en la solución de problemas que vulneran la existencia humana. Los efectos del cambio climático motivan que se generen cambios en las economías, pero enfocados en la sostenibilidad hacia el largo plazo.
La inversión en resiliencia climática como una oportunidad económica que no debe ser considerada como un gasto o un tema político, sino una alternativa para mejorar la calidad de vida en el futuro. Ya no se trata de una crisis para las próximas generaciones; el cambio climático golpea fuerte en la actualidad con sequías, olas de calor e inundaciones.
Las interrupciones en servicios, sistemas y reducción de empleo por los cambios climáticos pueden golpear fuertemente a las economías, especialmente las pequeñas y en desarrollo. Pero, si se destinan recursos que puedan optimizar los sistemas y evitar esas vulnerabilidades, los efectos del cambio climático no golpearán tan fuerte.
Según la ONU, se estima que los costos a consecuencia de una ola de calor prolongada como las últimas que se han desatado en Estados Unidos y Europa generan pérdidas millonarias en productividad, cultivos, transporte y tarifas energéticas. Sin embargo, con una gestión planificada enfocada en sistemas con acción climática, adaptación y prevención, la economía puede crecer pese a las condiciones climáticas.
La economía y la política se convierten en un motor para la acción climática
En la actualidad, la economía y la política van de la mano con las medidas climáticas. El dilema se convierte cuando alguna de ellas se convierte en un impedimento para el desarrollo de la otra. Sabemos que la protección del ambiente se vincula con la creación de empleo y crecimiento económico, por lo que las políticas económicas deben ir relacionadas con los efectos climáticos.
Otro punto que resaltó Stiell es acerca de la dependencia de combustibles fósiles que puede generar otra crisis inminente en materia energética. Además, declaró a modo de advertencia que «ser indulgente con la acción climática es ser indulgente con la inflación y el costo de vida, indulgente con la soberanía y la seguridad, e indulgente con el crecimiento económico y el empleo».
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