El calor inhumano del mes de julio no perdona a la hora de pronunciarse en el sur de los Estados Unidos. Mantener encendidos los aires acondicionados sin que colapse la red eléctrica o que las facturas de la luz ahoguen a las familias rurales requiere hacer mucho más que tener buenas intenciones. Hace falta tener capital pesado. En esta línea, el Departamento de Agricultura de los EE. UU. (USDA) anunció nuevas inversiones. La secretaria Brooke Rollins dio a conocer un desembolso de miles de millones de dólares dirigido a restaurar la infraestructura eléctrica de Georgia. La jugada busca garantizar la energía económica.
1. Un crédito excepcional de US$486,7 millones para Oglethorpe Power
El expediente de la noticia es el préstamo histórico que va del servicio de Servicios Públicos Rurales (RUS) a Oglethorpe Power (OPC), que es una inmensa cooperativa de generación con sede en Tucker. Un crédito de casi US$500 millones que no va a parar a proyectos fantasma, sino que va directamente a las entrañas de OPC. Y el dinero va a catorce plantas de energía localizadas en los diferentes rincones del estado que recibirán equipamiento actualizado por completo o se someterán a los reemplazos de los componentes que ya no funcionan o que son obsoletos. Junto con todo este trabajo para poner en marcha las plantas, también se introduce un acentuado trabajo de mantenimiento que tenía tiempo esperando realizarse. Ya que la razón de ser del proyecto es muy clara: evitar apagones cuando el sistema se estresa y contener el gasto operativo diario de las instalaciones.
2. La campaña retórica: la «dominancia energética»
Rollins no se limitó a leer una nota de carácter burocrático. Redobló los focos para ilustrar un préstamo embebido en la narración oficial que la Casa Blanca querría poner en circulación. Con un tono contundente, la funcionaria amarró la inversión a la «agenda de dominancia energética» de la administración del presidente Donald Trump. Para la secretaria de Agricultura, mantener el crecimiento de lo que ella misma ha descrito como la «Edad Dorada de Estados Unidos» pasa forzosamente por garantizar que la malla eléctrica sea una muralla inexpugnable. Modernizar estos hierros, en sus propias palabras, es una forma de patriotismo a fin de no dejar a las zonas más despobladas fuera de la cartografía del progreso.
3. La cascada del efecto del precio en la tarifa rural
Las grandes luces de Atlanta suelen llevarse toda la atención, pero este dinero se dirige a la Georgia más profunda. Oglethorpe Power hace más que operar por sí solo como el motor oculto del estado. La empresa fija el precio de la energía final al consumidor y vende energía al por mayor a 38 cooperativas de distribución más pequeñas. En definitiva, estas cooperativas sacan los cables hasta los campos, los talleres y las casas de los habitantes de las zonas rurales. ¿Qué resultado se obtiene? Frenar los aumentos tarifarios que van a las carteras de los que viven lejos de los centros urbanos.
4. El pragmatismo puro instalado en la red eléctrica
En un momento donde el debate energético suele atascarse en disputas ambientales de vertientes muy cerradas, la cartera de Oglethorpe Power se apoya en el pragmatismo puro. Para que la electricidad fluya y a buen precio, la cooperativa del Estado de Georgia utiliza la caja de herramientas que tiene a su disposición en el menú. Su portafolio mezcla plantas de carbón, grandes represas hidroeléctricas, centrales de gas natural y reactores nucleares.
5. La localización de los fondos en tiempo real
Para estar protegido de cualquier crítica de derroche, el anuncio trajo consigo también una señal de transparencia institucional y, a lo largo, empezará a ser muy claro al invitar a los legisladores, funcionarios locales y gente corriente a auditar cada centavo a través del Rural Data Gateway.
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