Una central nuclear está creando, sin proponérselo, un refugio inesperado para miles de aves.
En Suecia, una central utiliza agua del mar Báltico para su sistema de refrigeración y después la devuelve varios grados más caliente.
Una parte de esa agua llega a una laguna artificial que permanece libre de hielo incluso durante los duros inviernos de la zona.
El resultado es un lugar donde numerosas aves encuentran agua abierta y alimento cuando buena parte de la costa está congelada.
Pero ¿este refugio artificial es realmente beneficioso para las aves a largo plazo?
Por qué no se congela la laguna en invierno
La central nuclear de Forsmark opera desde 1980 junto al mar Báltico y es uno de los mayores productores de electricidad de Suecia.
Como otras centrales de este tipo, necesita grandes cantidades de agua para enfriar sus condensadores, y esa agua procede directamente del mar.
Después de pasar por el sistema de refrigeración, regresa a una temperatura entre siete y nueve grados más alta.
Una parte llega a Biotestsjön, una laguna artificial construida cuando se levantó la central.
El resultado es un lugar con condiciones muy diferentes a las de sus alrededores.
Mientras buena parte de la costa sueca puede quedar cubierta de hielo durante el invierno, Biotestsjön permanece abierta y mantiene una importante actividad biológica.
Hay agua disponible, vegetación y peces.
Y las aves parecen haber encontrado ese lugar.
Seis años de conteos mostraron que las aves prefieren estas zonas
Un estudio publicado en la revista Ibis analizó durante seis años la presencia de aves acuáticas en siete sectores costeros alrededor de la central de Forsmark.
Los investigadores compararon las zonas afectadas por el sistema de refrigeración con otras que no recibían esa influencia.
Los resultados fueron llamativos.
Muchas aves utilizaban con mayor frecuencia las áreas modificadas por el funcionamiento de la central.
Patos, cisnes, garzas y cormoranes aprovecharon las aguas abiertas, la vegetación y los peces disponibles en la zona.
Pero no todas las especies se concentraron en el mismo lugar.
Biotestsjön recibe el agua más caliente, mientras que Asphällafjärden es la zona donde la central capta agua fría y también puede permanecer parcialmente libre de hielo debido al movimiento constante del agua.
Cada grupo de aves aprovechó estos espacios de manera diferente según sus necesidades de alimentación y hábitat.
En cambio, las zonas utilizadas como control y sin la misma influencia del sistema de refrigeración registraron una presencia menor de aves.
Un refugio que todavía podría esconder algunos riesgos
A primera vista, las condiciones parecen favorables.
Las aves encuentran agua abierta y alimento disponible incluso cuando el invierno vuelve mucho más difícil conseguirlos en otros lugares.
Pero eso no significa necesariamente que todo sean ventajas.
Los investigadores todavía necesitan saber qué ocurre a largo plazo con las poblaciones que utilizan estos ambientes artificiales.
Una mayor cantidad de aves en un lugar no demuestra por sí sola que tengan más posibilidades de sobrevivir o reproducirse.
También existen otros riesgos relacionados con estas instalaciones. Los sistemas que captan agua pueden afectar a los peces y otros organismos, mientras que las condiciones artificialmente cálidas podrían modificar algunos comportamientos naturales.
Otra pregunta aparece si las aves comienzan a utilizar estos lugares de manera habitual.
¿Qué ocurriría si algún día la central dejara de funcionar y desaparecieran las condiciones que mantienen el agua libre de hielo?
Por ahora, el estudio muestra que el sistema de refrigeración de Forsmark ha creado condiciones que atraen a numerosas aves acuáticas.
Lo que todavía falta descubrir es si este refugio inesperado representa una ventaja real a largo plazo o si también puede generar nuevos problemas que todavía no se ven en los conteos.
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